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Síndrome de Kawasaki, daños permanentes al corazón del niño

Viernes 21 de abril del 2017, 11:46 am, última actualización

Fiebre elevada, inflamación de algunas membranas del cuerpo, descamación de la piel, así como de manos y pies, son algunas síntomas del síndrome de Kawasaki, afección por demás rara que puede dejar daños permanentes en los pequeños, principalmente en el corazón, si no se trata tempranamente.

Síndrome de Kawasaki, Poliarteritis infantil

Los avances de la Medicina no dejan de sorprendernos y así como cada día se informa de nuevas estrategias o fármacos para tratar diversas enfermedades, igualmente se dan a conocer padecimientos no menos impactantes. Ejemplo de ello es el llamado síndrome de Kawasaki, del que se tienen referencias de epidemias en Japón y después en Hawai hasta alcanzar otras latitudes de Estados Unidos, lo que, por su cercanía con México, debe llamar nuestra atención.

La primera referencia de la enfermedad fue descrita por el médico japonés Tomisaku Kawasaki (a quien se debe el nombre de la afectación), en 1967, quien encontró síntomas comunes en varios niños: fiebre muy elevada y prolongada, grietas en los labios, exantema o erupción en el cuerpo de color muy rojizo, hinchazón y enrojecimiento de las extremidades, así como descamación de la piel.

Poco a poco se hicieron presentes más manifestaciones, como conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva, membrana ubicada entre ojo y cara interna del párpado que se encarga de mantener la humedad necesaria) y afectación y cambios en las mucosas respiratorias, lo que les dificultaba la incorporación de oxígeno en los pulmones.

Niños, blanco de Kawasaki

La mayoría de los casos se presentan en bebés y niños de menos de cinco años de edad, y aunque es todavía causa de estudios científicos, al parecer es muy difícil que una persona infectada pueda contagiar a una sana; sin embargo, como se han presentado epidemias es posible que lo cause un agente infeccioso.

El problema es también conocido como poliarteritis infantil y, como se indicó líneas arriba, un signo característico es fiebre alta, la cual suele durar más de cinco días y no resulta fácilmente controlable con fármacos. Es así que la mayoría de los pacientes requieren tratamiento hospitalario, de forma que puedan ser vigilados.

La segunda fase dura cerca de dos semanas y se caracteriza por aumento en las plaquetas de la sangre y descamación de la piel, mientras que la temperatura vuelve a la normalidad. La tercera fase consiste en largo periodo de convalecencia, cuando el niño empieza a sentirse mejor.

Hay casos donde se presentan complicaciones severas, en 10 a 25% de los pacientes, siendo la más frecuente de ellas la formación de aneurismas en la arteria coronaria, es decir, abombamiento de los vasos sanguíneos del corazón que puede causar infarto agudo de miocardio (músculo del corazón).

No obstante, esta inflamación de vasos sanguíneos puede afectar también a las membranas de mucosas (principalmente las respiratorias) y ganglios linfáticos, los cuales impiden el paso de sustancias extrañas al torrente sanguíneo y están localizados en distintas zonas del organismo (cuello, axilas, ingles, debajo del mentón, atrás de las orejas, encima de la clavícula, abdomen, tórax garganta, cerca del codo y en pelvis).

¿Cómo se trata?

En primera instancia el pediatra (especialista en salud infantil) deberá abocarse a controlar la fiebre y demás molestias, en tanto se cumplen con estudios de laboratorio que permitan descartar la presencia de problemas como los aneurismas referidos con anterioridad.

Para ello, se suelen realizar electrocardiograma (por medio de electrodos se mide el latido cardiaco, el cual se registra en papel para su lectura) y ecocardiografía (un instrumento -llamado transductor- registra las ondas sonoras de alta frecuencia del ritmo del corazón y los transmite como impulsos eléctricos al ecocardiógrafo, equipo que las convierte en imágenes en movimiento del corazón). Los estudios se complementan con análisis completos de sangre y orina, así como radiografía de tórax.

Como puede suponerse, una vez que el paciente ha superado el síndrome de Kawasaki, deberá realizarse un electrocardiograma cada 1 o 2 años, pues aunque no se sabe de casos en que la enfermedad haya reincidido, los daños al corazón lo acompañarán de por vida.

Si bien actualmente se desconocen las causas del síndrome de Kawasaki, sigue en estudio su relación con factores hereditarios y alérgicos y, contacto con químicos o agentes infecciosos como virus y bacterias, entre otros. Pese a ello, es de gran relevancia para el pediatra saber que el diagnóstico de síndrome de Kawasaki se basa en criterios clínicos y que, mediante adecuado interrogatorio y atenta observación de la progresión de los síntomas, se pueden prevenir complicaciones y administrar tratamiento oportuno.

Finalmente, valga destacar que ante la presencia de fiebre, sobre todo en lactantes, acuda al médico para su atención, pues ésta puede ser la primera manifestación de un problema de consecuencias lamentables.

SyM - Regina Reyna

 

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