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Soplo cardiaco, no siempre significa enfermedad

Martes 21 de marzo del 2017, 05:00 pm, última actualización

Saber que un niño presenta un soplo o sonido anormal en el corazón es motivo de angustia en los padres debido a que esta condición se asocia con malformación y mal funcionamiento del sistema circulatorio; no obstante, también puede deberse a anemia o fiebre.

Soplo cardiaco, no siempre significa enfermedad

Muchos pediatras coinciden en que pocas cosas producen tanto desasosiego y pánico en los padres que informarles que se ha detectado en su hijo un soplo cardiaco; empero, tal temor obedece a que se desconoce qué es esta condición o porque se cree, erróneamente, que representa grave falla que tendrá como consecuencia la muerte o incapacidad del pequeño para crecer y desarrollarse adecuadamente.

Aunque los sonidos anormales durante las palpitaciones del corazón pueden ser indicio de una enfermedad fatal, la gran mayoría de éstos detectados en niños sanos no tienen consecuencias, por lo que se denominan "inocentes"; tienen la característica de desaparecer espontáneamente a medida que el chico crece, sin necesidad de tratamiento alguno y, en general, no interfieren con una vida activa y saludable.

En efecto, se sabe que aproximadamente 30% de los infantes de entre 3 y 7 años presenta un soplo sin que se identifique una causa orgánica que lo justifique, y que un número considerable de personas adultas, muchas de ellas productivas e incluso dedicadas al deporte, fueron diagnosticadas con esta condición durante su niñez, el cual se corrigió por sí solo. A fin de disipar dudas al respecto, describiremos este tema con más detalle.

Como una bomba

El corazón es un órgano hueco cuyo tamaño es similar al del puño de cada persona; se encuentra encerrado en la cavidad torácica, es decir, en el centro del pecho, entre los pulmones, y está formado por tres capas de diferentes tejidos, endocardio, miocardio y pericardio. Asimismo, está dividido en dos mitades que no se comunican entre sí: derecha, que contiene sangre pobre en oxígeno procedente de las venas cava superior e inferior, e izquierda, que posee fluido rico en oxígeno.

Asimismo, cada mitad del corazón presenta dos cavidades, superior (aurícula) e inferior (ventrículo), mismas que tienen la finalidad de contraerse (sístole) y expandirse (diástole) para lograr la circulación. Entre la aurícula y el ventrículo de la misma mitad cardiaca existen unas "puertas", las válvulas auriculoventriculares, que se abren y cierran continuamente para permitir o impedir el flujo sanguíneo.

Así, el corazón actúa como una bomba que realiza su trabajo en fases sucesivas, en las que se distinguen tres tiempos:

  • Diástole general. El corazón se relaja y expande, por lo que permite el paso de sangre a las aurículas. Las válvulas se encuentran cerradas y el fluido no pasa hacia los ventrículos.
  • Sístole auricular. Las aurículas se contraen a la vez que las válvulas se abren, de modo que la sangre llena a los ventrículos, que estaban vacíos.
  • Sístole ventricular. Los ventrículos se contraen y, debido a que las válvulas auriculoventriculares se encuentran nuevamente cerradas, la sangre sale hacia el organismo por la arteria pulmonar (en el hemisferio derecho del corazón; viaja hacia los pulmones para volver a oxigenarse) y la arteria aorta (lado izquierdo; viaja a cada órgano y tejido para nutrirlo). A continuación, las cuatro cavidades cardiacas se relajan dando lugar a un nuevo ciclo.

El abrir y cerrar de las válvulas entre estas cámaras produce los latidos, mismos que al escucharse atentamente consisten en un sonido fuerte y una réplica inmediata más débil. De vez en cuando, las válvulas no se cierran completamente y la sangre regresa a la cámara que la vació, dando origen a un ruido anómalo, que es propiamente el soplo.

Clasificación y severidad

Los especialistas en salud infantil y cardiología suelen ordenar estos eventos cardiacos en dos grupos bien diferenciados:

  • Funcional, inocente o transitorio. No hay enfermedad orgánica que cause el soplo y, en la mayoría de los casos, es consecuencia del proceso de crecimiento del menor. Se corrige con el tiempo.
  • Patológico u orgánico. Es ocasionado por deformidad, mal funcionamiento de la estructura cardiaca o alguna enfermedad. Es más común en la edad adulta.

Los soplos funcionales se detectan en circunstancias diversas, aunque es muy común que ocurra en la primera auscultación a la que se somete al recién nacido; durante ella, el médico puede percibir un soplo que, al darle seguimiento, se descubre que sólo dura algunas horas o días. La mayoría de las veces se trata únicamente de un ajuste en la circulación del bebé al pasar del vientre de su madre al medio exterior.

Cabe señalar que no es raro que el soplo sea producto de pequeña anomalía, como la existencia de "agujeros comunicantes" o huecos entre las paredes que separan a las dos aurículas o a los dos ventrículos. Cuando estos orificios son pequeños (lo cual ocurre casi siempre) es muy probable que la cura sea espontánea en las siguientes semanas o meses, aunque siempre se requiere supervisión médica.

En niños mayores (3 a 7 años, por lo general) pueden detectarse sonidos anómalos en el sistema circulatorio durante una visita rutinaria al pediatra o en una exploración médica antes de ingresar a un club deportivo. Si el pequeño no tiene otra manifestación, esta condición cardiaca es casi siempre un fenómeno normal y se debe al aumento natural del volumen de sangre circulante en periodos de crecimiento rápido que caracterizan a la infancia; en otras palabras, pasa más fluido sanguíneo por minuto a través del corazón, dando lugar a un poco de descontrol y turbulencia, lo que a su vez origina el soplo.

Otro tanto hay que decir de cuando un infante sufre alguna enfermedad que da lugar a fiebre (temperatura elevada), ya que en tales circunstancias la circulación y presión arterial se aceleran más de lo normal, haciendo probable la detección de un soplo. Asimismo, padecimientos como anemia (disminución de la capacidad de los glóbulos rojos para suministrar oxígeno a los tejidos del cuerpo, ocasionada muchas veces por mala alimentación) e hipertiroidismo (segregación excesiva de hormonas por esta glándula, la cual ocasiona nerviosismo, temblores, sudoración, pérdida de peso, palpitaciones y diarrea) alteran la actividad cardiaca, de modo que también suelen generar sonidos cardiacos anómalos.

Por otra parte, no hay que olvidar la posible existencia de los soplos patológicos u orgánicos, mismos que son reflejo de una enfermedad del corazón que no es pasajera, sino permanente. Cuando existen, el niño manifiesta casi siempre otros problemas: suda mucho, no crece adecuadamente, respira rápido, se cansa fácilmente o se pone morado (cianosis) al llorar o hacer algún esfuerzo. Todo ello se debe a que la circulación es incapaz de abastecer adecuadamente al organismo.

Las principales causas de los soplos patológicos son:

  • Estenosis valvular. Ocurre cuando las compuertas al interior del corazón son estrechas o insuficientes, generando turbulencia sanguínea audible.
  • Insuficiencia valvular. Se debe a que el cierre de las "puertas" entre ventrículo y aurícula no sucede por completo.
  • Agujeros comunicantes. Como ya se dijo, las paredes que dividen a aurículas y ventrículos pueden tener aberturas que cierran espontáneamente cuando son pequeñas, pero si la lesión es muy grande la presencia de sonidos anómalos continuará.
  • Enfermedades. Algunos padecimientos tienen como consecuencia el daño a las válvulas del corazón, siendo el caso más común la fiebre reumática, la cual se genera como complicación de una infección en la garganta por microorganismos conocidos como estreptococos.

Para decidir si el soplo es funcional u orgánico, el médico depende de la evaluación integral del estado del niño y de su capacidad para distinguir el tipo de soplo, sus causas y ubicación. El diagnóstico se apoya en una radiografía de tórax para evaluar el tamaño del corazón y, en caso de duda, recurre al especialista (cardiólogo pediatra o cardiopediatra), a quien le puede bastar añadir a su valoración un electrocardiograma (medición de la actividad eléctrica del corazón) o ecocardiograma (estudio que emplea ondas de sonido para crear una imagen más detallada que los rayos X) que proporcionen información precisa de la estructura y función cardiacas.

¿Cómo asumir este evento?

Puede apreciarse que hay motivos suficientes para que los padres de un niño al que se le diagnostica un soplo enfrenten la situación con serenidad y optimismo, ya que lo más probable es que se trate de una condición pasajera que mejorará sin problema alguno y que no generará restricciones en la vida del pequeño.

De cualquier modo, no está de más que los padres sigan estos consejos cuando se haya detectado un soplo cardiaco en su hijo:

  • Asistir periódicamente al pediatra para vigilar la evolución del niño. Se debe tener en cuenta que la prevención y detección a tiempo de un problema más grave ayudará considerablemente en su recuperación.
  • Las revisiones deberán ser constantes en caso de que haya antecedentes familiares de problemas cardiacos.
  • Sólo el pediatra o cardiopediatra es el indicado para establecer si se deben modificar los hábitos del niño o no.
  • Es importante no alarmar ni sobreproteger al infante, dejándolo que lleve una vida normal.
  • En caso de que el diagnóstico revele que el pequeño tiene un soplo orgánico, se debe confiar en que actualmente existen recursos y experiencia suficientes para resolver con éxito los problemas cardiacos. Vigilancia continua, uso de medicamentos e intervención quirúrgica correctiva han avanzado de manera considerable en beneficio de estos pacientes.

Finalmente, considera que la gran mayoría de los soplos detectados en menores de edad desaparecen en la medida en que los pequeños crecen, y que esta condición raramente genera limitaciones en su crecimiento. No hace falta ningún tratamiento o restricción, y los niños con soplo inocente pueden participar sin riesgo alguno en deportes y otras actividades vigorosas.

SyM - Sofía Montoya

 

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