Audiología, trastornos de la audición en la tercera edad - SyM
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Audiología, mejora la comunicación en la tercera edad

Lunes 06 de marzo del 2017, 08:44 am, última actualización

Los problemas en el oído son responsables de pérdida auditiva, incomunicación, accidentes e inseguridad en ancianos, y aunque pueden deberse a envejecimiento también son ocasionados por enfermedades, ruido u otras condiciones. La audiología tiene papel fundamental para recuperar la capacidad de escuchar.

audiología en la tercera edad, aparatos auditivos

Catalogado por muchos como el segundo sentido más importante, después de la vista, el sentido del oído nos permite percibir sonidos, su volumen, tono y la dirección de donde provienen, y mediante una red de terminales nerviosas transmite esas sensaciones al cerebro, que las utiliza para orientarnos en el lugar donde nos encontremos y para distinguir una melodía o voz familiar.

Como cualquier otra parte del organismo humano puede padecer atrofia, por ello la Medicina cuenta con una rama encargada de su atención, la audiología, que "es una disciplina encargada de prevenir, identificar, evaluar y dar rehabilitación a problemas tanto en el oído normal como en el que presenta disminución en su capacidad (hipoacúsico)", explica la Dra. Nieves Ocaña Plante, adscrita al departamento de Comunicación Humana del Centro Nacional de Rehabilitación de la Secretaría de Salud, ubicado al sur de la Ciudad de México.

Además, la especialista detalla que esta ciencia médica trabaja en colaboración con otras como foniatría (estudio y atención de los órganos que intervienen en la generación de la voz), otoneurología (relación entre el oído y el sistema nervioso), psiquiatría, psicología, otorrinolaringología (padecimientos en oído, nariz y garganta), medicina interna, pediatría y geriatría, ante todo porque el origen de los problemas auditivos es muy diverso. Asimismo, se dedica a la atención de personas de diferentes edades, "pues el oído puede ser afectado tanto en recién nacidos, niños en edad escolar y adolescentes como en adultos o ancianos".

La Dra. Ocaña Plante recuerda que muchas veces le restamos importancia al oído "porque estamos tan habituados a escuchar que no lo valoramos"; sin embargo, destaca la importancia de preservar la salud de este sentido por todo lo que ello implica. "Un niño con problemas de audición tiene dificultad para adquirir el lenguaje o para aprender en la escuela, en tanto que los adultos mayores que no oyen bien se aíslan de sus seres queridos porque no pueden conversar, sin olvidar que tienen mayor propensión a sufrir accidentes cuando caminan por la calle o conducen un vehículo".

Problemas en el anciano

La experta en audiología, otoneurología y foniatría indica que es cierto que la capacidad de escuchar se deteriora con la edad, tal como ocurre con vista o fuerza muscular, pero pone énfasis en que "además del desgaste natural es probable que el paciente presente alguna condición que empeore su percepción; por ejemplo, padecer presión arterial elevada o diabetes (altos niveles de azúcar en sangre por mal aprovechamiento o nula formación de insulina) daña a los vasos sanguíneos, por lo que la irrigación no es la misma y las terminaciones nerviosas del oído se atrofian. También las infecciones de nariz y garganta son de consideración, ya que pueden extenderse y ocasionar inflamación (otitis) que, si no se trata de manera adecuada, genera perforaciones internas y otorrea (salida de pus)".

Siendo más concretos, la Dra. Nieves Ocaña describe los trastornos del oído en personas de la tercera edad más frecuentes

 

  • Presbiacusia. Es la pérdida de audición generada por cambios degenerativos relacionados con la edad; se presenta en 30% de los mayores de 65 años y en 50% de quienes rebasan los 85; dichos porcentajes se duplican si tomamos en cuenta sólo a las personas con algún problema de salud potencialmente dañino para este sentido. Por lo general, el paciente se queja de que poco a poco pierde la capacidad de escuchar (hipoacusia) en ambos oídos sin que existan antecedentes de importancia que puedan explicarlo. No hay tratamiento definitivo, pero sí medidas preventivas, como "vigilar la alimentación y el estado de salud en general, así como evitar ambiente ruidoso y consumo de medicamentos ototóxicos, es decir, aquellos que dañan al oído, entre ellos antibióticos como gentamicina, garamicina, amikacina y talidomida". También se debe hablar con el paciente y a su familia sobre las características de la pérdida auditiva, cómo afecta la comunicación y los cambios que pueden ocurrir en la conducta del anciano. En ocasiones es útil que el paciente aprenda a leer los labios.
  • Secuelas de otitis media crónica. Son lesiones que persisten después de sufrir infección en oídos (muchas veces generada por padecimientos en nariz y garganta mal atendidos) y que no pueden ser reparadas por ningún método médico o quirúrgico, entre ellas perforación del tímpano (membrana que separa al oído externo del interno) o daño a las diminutas estructuras óseas que sirven para transmitir sonidos. La pérdida de audición ocasionada por este problema puede ser parcial (hipoacusia) o total (anacusia); ello no depende de la gravedad de la infección en el oído ni del tiempo que duró, sino de la evolución del proceso en cada paciente. El daño puede presentarse en uno o ambos oídos, y la rehabilitación no alcanza el 100%.
  • Otoesclerosis. Crecimiento anormal de uno de los huesos del oído medio (estribo) o de membranas internas que impiden la transmisión de vibraciones sonoras, dando lugar a hipoacusia; su origen es genético, siendo dos veces más frecuente en mujeres. Datos del Instituto Nacional de la Comunicación Humana, en México, indican que es más común en mujeres mayores de 22 años y en varones que superan los 35. Su diagnóstico requiere la realización de adecuada historia clínica, exploración física y exámenes audiológicos (miden la función del oído y de las terminaciones nerviosas que conducen los estímulos al cerebro). El tratamiento puede ser médico (con fármacos) o quirúrgico (cirugía).
  • Alteraciones metabólicas. Son aquellas que alteran el funcionamiento general del organismo y que pueden ocasionar pérdida auditiva. Entre las más comunes se encuentran diabetes, colesterol elevado (altos niveles de grasa en sangre), presión sanguínea alta, hipotiroidismo (baja actividad de glándula tiroides, encargada de coordinar múltiples funciones del organismo), enfermedad de Paget (osteítis deformante; ocasiona malformaciones en huesos, incluidos los del oído), intoxicación por plomo o mercurio y problemas renales. El restablecimiento de la audición no siempre es total y depende de la atención que se le dé al problema de origen.
  • Zumbido de oídos (acúfeno). Por lo general se manifiesta como un timbrazo, trompetazo, silbido, estruendo, chasquido u otros sonidos sin origen aparente; también se le conoce como tinnitus (del latín tinnire , que significa tintinear). Más que una enfermedad es un síntoma que "puede ocurrir a cualquier edad, aunque no es tan fácil de medir; en adultos mayores es constante, y casi todas las personas con hipoacusia lo presentan". Para conocer la causa se suelen realizar estudios de audiometría y de laboratorio, a fin de saber cuáles son los niveles de grasa en sangre, posibles infecciones y funcionamiento general del organismo; sin embargo, se debe mencionar que no siempre se logra el reestablecimiento total, pues el daño auditivo puede ser irreversible. Debido a que hay pacientes en quienes los zumbidos son demasiado intensos y generan problemas emocionales y desesperación, "se les recomienda que asistan al psicólogo para que les ayude a sentirse mejor mediante terapia".
  • Hipoacusia súbita. Es la pérdida parcial de audición que sucede repentinamente, en cuestión de horas o días; muchos casos ocurren durante el sueño (39%) o después de efectuar esfuerzo físico (29%). Se piensa que puede deberse a problemas circulatorios, cambios en la presión atmosférica, ruido, reacciones alérgicas y, ante todo, infecciones por los virus de la parotiditis (paperas), sarampión y adenovirus en general. Este padecimiento puede acompañarse de acúfeno agudo, constante e intenso, y casi siempre afecta a un solo oído. Para su diagnóstico se requiere, además, de historia clínica, exploración física, estudios de audiología y de laboratorio e, incluso, tomografía (obtención de imágenes "en rebanadas" mediante tomas de rayos X interpretados por computadora). El tratamiento dependerá de la causa, por lo que se basa en el uso de antiinflamatorios, vitaminas, antibióticos, tranquilizantes o reposo.
  • Hipoacusia postraumática. Se produce como consecuencia de impacto físico que afecta las estructuras del oído. Es más frecuente en hombres (75%) que en mujeres (25%). Además de exploración y estudios de audiología, requiere de tomografía para evaluar el daño en la región.
  • Trauma acústico. Daño ocasionado por exposición a sonidos de alta intensidad o por tiempo prolongado; es cada vez más frecuente en la población general, y se estima que tiene efecto acumulativo, es decir, personas que han laborado o se entretienen en lugares ruidosos manifiestan con seguridad pérdida de audición y acúfenos después de la quinta década de vida.

 

No tiene por qué aislarse

La Dra. Ocaña Plante asegura que la detección de los problemas de audición en ancianos puede ser difícil debido a que "muchas veces el paciente no se da cuenta por sí mismo de lo que ocurre, sino que son sus familiares quienes lo descubren. Es común que los hijos los remitan con nosotros, los audiólogos, y nos digan: ‘mi papá (o mi mamá) no escucha bien; le decimos una cosa y contesta otra'. En otras ocasiones son encauzados por el médico familiar, el otorrinolaringólogo u otro especialista que casualmente detecta el problema".

Asimismo, señala que hay ocasiones en que la persona de la tercera edad sabe que tiene problemas para entender lo que se le dice, o hay sonidos que no percibe con claridad; empero, no acude a evaluación ni solicita ayuda porque se resiste a la idea de que su audición ha disminuido. Por ello es de gran importancia que sus seres queridos lo convenzan para acudir al especialista antes de que se observen las repercusiones más comunes: incomunicación y mayor propensión a sufrir accidentes.

Por lo general, explica la especialista, "comenzamos el diagnóstico mediante la realización de historia clínica detallada y exploración física, y más adelante empleamos estudios audiológicos auxiliares", entre los que se encuentran:

  • Audiometría. Mide las alteraciones de la audición y las registra en un gráfico denominado audiograma. Consta de dos etapas, una para determinar la detección de sonidos por el aire (vía aérea) y otra para las vibraciones que se transmiten por los huesos de la cabeza (vía ósea). En la primera, el paciente entra en una cabina aislada y se le colocan auriculares para que escuche una serie de sonidos a los que debe responder haciendo una señal; el volumen disminuye gradualmente para descubrir hasta dónde es capaz de escuchar. La segunda prueba es similar, sólo que en vez de audífonos se utiliza un sistema vibrador que se coloca detrás de la oreja.
  • Logoaudiometría. Evalúa la capacidad para escuchar y entender el lenguaje; se pronuncian palabras de uso común a distintos volúmenes y se pide al paciente que las repita para saber si las escuchó adecuadamente.
  • Impedanciometría completa. Consta de diferentes pruebas (timpanograma, timpanometría, reflejo estapedial) que evalúan el funcionamiento del tímpano, cadena de huesecillos que sirven para transmitir vibraciones y otras estructuras internas del oído.
  • Potenciales evocados. Es un registro de la actividad eléctrica que se desencadena en el cerebro a partir de la presentación de estímulos sonoros.

Los resultados de estas pruebas, junto con algunas de química sanguínea que se realizan para conocer el funcionamiento general del organismo, permiten al audiólogo determinar el problema que presenta el paciente, su severidad y el tratamiento a seguir.

En muchos casos la otoesclerosis puede corregirse mediante cirugía, en tanto que en problemas como diabetes, colesterol elevado e hipertensión será necesario combatir la enfermedad de base mediante práctica de ejercicio y cuidadosa alimentación, baja en harinas refinadas, grasas, azúcares y carnes rojas, pero rica en cereales integrales, frutas, verduras y pescado.

Si embargo, Nieves Ocaña aclara que "la mayoría de los casos se solucionan con la adaptación de un auxiliar auditivo, siendo el más común la curveta (dispositivo retroarticular), que es pequeño dispositivo que se usa detrás de la oreja y se conecta al canal auditivo mediante un molde. Hay muchos pacientes a los que no les agrada la idea de utilizarlo, ante todo porque dicen que está muy grande, se ve mal o no se van a acostumbrar, pero como su nombre lo indica, es un aditamento que les va a ayudar a escuchar mucho mejor".

Cabe subrayar que los avances en audiología han permitido la creación de nuevos aparatos mucho más discretos, "como los intracanales o intraurales, que son unas conchitas que al colocarse sólo se ven como un círculo color carne en el canal auditivo, o los auxiliares intratimpales, que son todavía más pequeños y difíciles de ver a simple vista". Sin embargo, y sea cual sea el instrumento utilizado, lo más importante es que "expliquemos y convenzamos al paciente de que mediante su uso va a tener muchas ventajas en lo personal y en lo social".

Es por ello que la experta en Comunicación Humana enfatiza en que los resultados son el mejor argumento que se puede ofrecer a un paciente de la tercera edad con percepción auditiva disminuida, pues "una vez que emplea el auxiliar, bien adaptado por el especialista, encuentra que puede continuar su relación con otras personas y recobrar la seguridad; creo que ocurre como con los anteojos: si ves bien, la mejoría es notable".

Así, la Dra. Ocaña concluye: "Es importante crear conciencia en los pacientes (y sus familiares) sobre la relevancia de oír bien y, ante todo, que sepan que para solucionar su problema deben acudir a un audiólogo que los diagnostique acertadamente y les ofrezca tratamiento oportuno para una mejor calidad de vida, en vez de emplear remedios caseros que la mayoría de las veces perjudican en vez de ayudar".

SyM - Rafael Mejía

 

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