Espondilitis anquilosante, dolor e inflamación en la espalda - SyM
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Espondilitis anquilosante, verdugo de la espalda

Martes 28 de marzo del 2017, 09:51 am, última actualización

Esta enfermedad reumática se presenta principalmente en hombres y se manifiesta con dolor e inflamación en la parte baja de la columna vertebral, además de que en casos severos ocasiona pérdida progresiva de movilidad y deformidad. Su detección y tratamiento oportunos puede frenar sus devastadoras consecuencias.

Espondilitis anquilosante, Enfermedad que deforma la columna vertebral

La espondilitis anquilosante, también llamada por los especialistas espondilitis anquilopoyética o espondiloartritis anquilosante, ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos, pues gracias al estudio de cuerpos embalsamados sabemos que varios faraones del antiguo Egipto tuvieron esta enfermedad que deforma la columna vertebral y disminuye su flexibilidad. Sin embargo, todavía representa un enigma para la Medicina, debido a que no se ha esclarecido su causa ni se ha encontrado una cura definitiva.

Este padecimiento se caracteriza por episodios de inflamación, dolor y rigidez en las articulaciones y ligamentos que permiten el movimiento de la parte baja de la espalda o región sacroilíaca (unión entre pelvis y espina dorsal). Con el tiempo este problema puede presentarse en todo el tronco, iniciándose un proceso de degeneración en el que los huesos (vértebras) pueden fusionarse o unirse, de modo que la columna se vuelve rígida e inflexible.

La severidad de los síntomas de espondilitis y la posibilidad de sufrir discapacidad varían de persona a persona, ya que hay veces que las molestias se presentan ocasionalmente a lo largo de la vida y no causan dificultades, pero también hay casos en que las complicaciones son considerables y el padecimiento afecta a otras regiones corporales. Por fortuna, se sabe que el diagnóstico temprano y tratamiento adecuado ayudan a controlar dolor y rigidez, así como a reducir o prevenir deformidades.

Se estima que la espondilitis anquilosante es tres veces más frecuente en hombres y que se desarrolla, por lo general, entre los 16 y 40 años de edad; no se conoce su causa, pero puede existir predisposición genética debido a que la enfermedad es 10 a 20 veces más frecuente en personas cuyos padres o hermanos la padecen, y a que investigaciones recientes han revelado que un gen determinado (conocido como HLA-B27) se encuentra en más de 90% de los pacientes.

Dolor hasta los huesos

Las primeras manifestaciones de la enfermedad se desarrollan lentamente, durante varias semanas o meses, en los que se alternan periodos de actividad normal con episodios de dolor crónico y rigidez en espalda baja y caderas; dichos brotes tienen la peculiaridad de presentarse después o durante momentos de descanso o inactividad, de modo que la persona afectada se despierta en medio de la noche con molestias en la columna y se siente muy rígida en la mañana. Por lo general se experimenta alivio con la práctica de movimientos y ejercicio moderado.

Si el tiempo transcurre y no se da tratamiento, idénticas molestias pueden afectar a la espina superior, incluso a la cavidad de las costillas y cuello. Como se ha mencionado, la inflamación puede causar que los huesos se fusionen o crezcan unidos, con lo que espalda, cuello y tórax pierden su flexibilidad normal e incluso pueden limitar la expansión normal del pecho y dificultar la respiración.

La espondilitis anquilosante también llega a afectar a caderas, hombros, rodillas, tobillos y talones, lo cual limita su movimiento de manera considerable y ocasiona incomodidad al pararse o caminar en superficies duras; asimismo, se ha observado que puede involucrar a otros órganos y causar fiebre, pérdida del apetito, fatiga e inflamación en pulmones, corazón e iris de los ojos (iritis); respecto a esta última cabe mencionar que cuando se presenta es una condición seria que requiere atención inmediata de un oftalmólogo y que puede presentarse hasta en una cuarta parte de los casos, generando enrojecimiento y dolor en el globo ocular que empeora cuando se mira a la luz brillante.

Todo ello se debe a que la espondilitis anquilosante surge cuando el sistema inmunológico (que defiende de infecciones y enfermedades) sufre una alteración y comienza a atacar a aquellas células del cuerpo que confunde con microorganismos invasores; así, aunque los anticuerpos de defensa dañan primero a una región determinada de la columna, no es extraño que se extiendan a otras zonas, como las ya referidas, y las afecten. Aún no queda del todo claro el por qué de esta reacción, conocida como de autoinmunidad, y aunque se cree que el ya citado gen HLA-B27 tiene cierta responsabilidad, sólo 2% de quienes lo poseen tienen riesgo de desarrollar este padecimiento.

Difícil diagnóstico

Los síntomas de espondilitis anquilosante suelen pasar desapercibidos en su fase inicial, ya que se les confunde con los de un problema de poca importancia (molestias por mala postura al estar sentado, tensión excesiva, o aprisionamiento del nervio ciático, por ejemplo); además, las mujeres pueden experimentar las dolencias en forma más leve, por lo que la detección se vuelve difícil en las primeras etapas.

La mayoría de los pacientes acuden al médico cuando el malestar en la espalda es más frecuente y notable, de modo que el diagnóstico del reumatólogo se basa en la observación de síntomas, exploración física y preguntas encaminadas a establecer la historia clínica del paciente o la presencia de problemas similares en otros miembros del núcleo familiar.

Es común que el especialista solicite radiografías de la columna y las articulaciones afectadas (sobre todo la de la base de la columna y caderas) para conocer el grado de deterioro y la posible formación de puentes óseos o fusión entre las vértebras que provoca rigidez de la columna. Otras pruebas de utilidad suelen ser exámenes de sangre y de detección del gen HLA-B27.

Ejercicio y medicamentos

La gran mayoría de los pacientes con espondilitis anquilosante que son diagnosticados y se apegan a su tratamiento pueden llevar una vida normal y productiva, aunque no se descarta la posibilidad de que en algunas ocasiones la evolución de la enfermedad sea mayor y cause deformaciones graves.

La terapia farmacológica se basa en un grupo antiinflamatorios específicos (llamados por los especialistas "no esteroideos") con el fin de reducir el dolor y la inflamación en espalda y articulaciones. También se recurre durante períodos breves a relajantes musculares, orales o de aplicación directa, para eliminar molestias ocasionales y transitorias.

Más importante todavía es la práctica de ejercicio físico recomendado por el reumatólogo, ya que gracias a él se previene la deformación de la columna vertebral (puede sufrir curvatura hacia delante que llega a ser permanente sin tratamiento) y la pérdida de flexibilidad, además de que aumenta la capacidad de los pulmones para funcionar de manera adecuada. Sin duda, el mejor ejercicio para fortalecer la espalda de las personas afectadas es la natación, mientras que no se recomiendan los deportes de contacto y de conjunto (tenis, futbol, básquetbol) por la posibilidad latente de sufrir lesiones.

Existen otras pautas que ayudan a frenar los efectos de la espondilitis anquilosante, entre ellas:

  • Dormir en colchón firme con una almohada delgada en la espalda o con una que sólo dé apoyo al cuello; las piernas deben permanecer estiradas y se evitará, a toda costa, la "posición fetal".
  • Al caminar o sentarse, la espalda estará tan recta como sea posible, con los hombros hacia atrás y la cabeza recta. Se puede verificar la posición apoyándose de espalda a una pared; talones, glúteos, hombros y cabeza deberán tocar la superficie al mismo tiempo.
  • Evitar el uso de fajas o corsés que inmovilicen la columna, ya que no ofrecen ayuda ni mejora alguna.
  • No levantar demasiado peso para no forzar la columna.
  • Erradicar el hábito de fumar para no perjudicar la función respiratoria.
  • Darse una ducha en la mañana o antes de hacer ejercicio para relajar los músculos y aliviar la rigidez.
  • Si la flexibilidad de la espalda es muy limitada, se recomienda solicitar al reumatólogo su consejo para emplear artículos especiales o técnicas que ayuden en labores como colocarse calcetines y zapatos.

Por último, cabe señalar que tanto el tratamiento como el seguimiento médico deberán realizarse de por vida, ya que la posibilidad de una recaída siempre está latente. Asimismo, se debe aclarar que aunque existen cirugías de reemplazo de las articulaciones (cadera, rodilla y hombro) que permiten recuperar la flexibilidad de muchos pacientes, éstas sólo se realizan en sitios especializados y se reservan para casos extremos. La mejor alternativa para la espondilitis anquilosante, por el momento, sigue siendo la combinación de ejercicios, administración de antiinflamatorios y vigilancia por parte del reumatólogo. 

SyM - Mario Rivas

 

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