Síndrome de la salida torácica, dolor en extremidades superiores - SyM
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Síndrome de la salida torácica, resultado de la evolución

Miércoles 22 de marzo del 2017, 09:14 am, última actualización

Este conjunto de dolencias en hombros, brazos o cuello es difícil de diagnosticar porque se confunde con cansancio y malestar muscular por posturas incómodas, pero especialistas afirman que se debe a problemas derivados del desarrollo anatómico de nuestra especie.

Síndrome de la salida torácica, resultado de la evolución

Hubo un momento célebre y lejano en el que nuestros ancestros comenzaron a caminar sobre dos pies, dando literalmente el "primer paso" que marcó notable diferencia entre el ser humano y el resto de los animales. Sin duda, este hecho no sólo hizo que la vista se convirtiera en el sentido predilecto para conocer el mundo, sino que también permitió la liberación de las manos como medio de locomoción (tal como las emplean gorilas y chimpancés) y las transformó en extremidades dedicadas únicamente a realizar trabajos especializados.

Los múltiples beneficios desde entonces son innegables, aunque no hay que dejar de lado que el cambio anatómico ha generado problemas como várices (atrofia y debilitamiento de las venas de las piernas debido a circulación deficiente, como cuando se está mucho tiempo de pie), hemorroides (la posición erguida aumenta la presión en las venas del ano, generando su inflamación) y el síndrome de salida torácica, que es el tema que nos ocupa.

Hablamos de un conjunto de padecimientos que se caracterizan por dolor, hormigueo y adormecimiento en hombros, brazos o base del cuello, los cuales se deben a la compresión intermitente o constante de nervios y vasos sanguíneos que emergen de la salida superior del tórax (donde se ubican los pulmones y el corazón) y que viajan hacia las extremidades superiores. Los especialistas concuerdan en que a pesar de existir factores que acentúan el problema, la posición erguida es determinante en la reducción del espacio disponible para las terminales y vías de los sistemas nervioso y/o circulatorio.

Transitada región

El también llamado síndrome de compresión neurovascular de la salida superior del tórax fue reportado desde hace varios siglos por médicos como el griego Galeno (vivió del año 130 al 200) y el belga Andrés Vesalio (1514 a 1564), quienes notificaron dolor y entumecimiento en brazos y manos de pacientes con una costilla extra (cervical) en la parte superior del tronco.

El paso del tiempo ha permitido descubrir que quienes presentan otras dificultades anatómicas, como la formación de fibras anormales que conectan a las vértebras de la columna con las costillas superiores, e incluso personas con cuello largo y hombros caídos o adultos mayores que realizan movimientos repetitivos con las manos, presentan los mismos síntomas. En todos los casos se ha encontrado que los factores estructurales y sobreesfuerzo sólo acentúan la tensión generada en los tejidos de esta zona debido a la posición erguida. Es por esta razón que, a pesar de sus distintos orígenes, se acordó durante el decenio 1970-1980 que todos estos padecimientos de idénticas manifestaciones se agruparan bajo el mismo nombre.

El síndrome de la salida torácica tiene mayor incidencia en las mujeres que en los varones, y suele presentarse con mayor frecuencia entre los 40 y 55 años de edad debido a la realización de movimientos monótonos que inflaman músculos y tendones. Los principales síntomas de síndrome de la salida torácica son:

  • Manos, brazos y hombros pueden hincharse o tener un tinte azulado debido a la falta de oxígeno
  • Al levantar el brazo, éste puede lucir pálido a causa de la compresión de las vías sanguíneas.
  • Sensación de entumecimiento, dolor y hormigueo en extremidades superiores, pero principalmente en dedos índice, anular y meñique, y en la parte interior del antebrazo.
  • Aumento de las molestias al levantar algo pesado, como una maleta.
  • Debilidad en los músculos de la mano, por lo que se dificulta sujetar objetos con firmeza.
  • El brazo del lado en que se presentan los síntomas puede ser más corto que el contrario cuando el problema se origina desde el nacimiento, pues la falta de irrigación sanguínea frena el crecimiento de la extremidad.

Las molestias pueden ser tan severas que los pacientes afirman que lo único que pueden hacer es quedarse sentados sosteniendo el brazo, al que sienten como "peso muerto", y en ocasiones el dolor y la inflamación inician con actividades tan sencillas como cepillarse el cabello o lavarse los dientes.

Detección y tratamiento

El diagnóstico del síndrome de la salida torácica es difícil porque no existen pruebas que lo identifiquen con claridad; por tanto, el médico (neurólogo o angiólogo) debe basarse en la información que obtenga al conocer la historia clínica del paciente y al revisarlo. Al respecto, dos evaluaciones son de gran utilidad para determinar si el estrechamiento de la salida torácica es responsable del problema:

  • Maniobra de Adson. Sirve para determinar si hay disminución o desaparición de la circulación en el brazo; se realiza pidiendo a la persona que se mantenga sentada, mirando hacia el frente y con las manos sobre las rodillas, y luego debe inhalar aire con fuerza, reteniéndolo y girando la cabeza hacia el lado que se explora. Durante todo el procedimiento se estudia el pulso a través del fonendoscopio (instrumento que amplifica los sonidos de respiración y latidos).
  • Prueba de Allen. También ayuda a detectar posible pérdida de pulso; consiste en elevar el brazo ligeramente flexionado para luego girarlo hacia fuera a la vez que se voltea la cabeza hacia el lado no afectado. Se requiere de auscultación con fonendoscopio durante todo el proceso.

Otras pruebas que pueden mostrar anomalías en terminales nerviosas o deficiencias en el riego sanguíneo son radiografía (revela la existencia de costilla cervical), angiografía (placas de rayos X que se realizan tras la inyección de un material de contraste en la sangre) o electromiografía (medición de la respuesta de los músculos de brazo y cuello a estímulos nerviosos).

El tratamiento del síndrome de la salida torácica generalmente se establece con la ayuda de un fisioterapeuta, ya que se ha comprobado que en la mayoría de los casos se presenta notable mejoría gracias a la práctica de ejercicios para fortalecer los músculos del cuello. La intervención quirúrgica para eliminar la costilla cervical o las bandas de tejido anormal que comprimen a nervios y vías sanguíneas se reserva para casos particulares, y sólo cuando la deficiencia está bien identificada; aún así, hay que señalar que por desgracia no todos los pacientes logran mejoría después de la cirugía.

Aunque todavía queda mucho por resolver respecto a este padecimiento originado por la adopción de una postura para el que la estructura del cuerpo no se encontraba preparada, y pese a que es difícil establecer medidas de prevención, salvo evitar movimientos monótonos y agresivos en los brazos, fortalecer los músculos a través del ejercicio y asistir a revisión médica en cuanto se presente alguno de los síntomas, probablemente el futuro cercano nos revele la buena noticia de que el síndrome de la salida torácica sea aliviado gracias a los logros obtenidos por el mismo proceso de evolución humana que le dio origen.

SyM - María Elena Moura

 

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