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Uveítis, inflamación que causa ceguera

Miércoles 12 de febrero del 2014, 08:39 am, última actualización.

La uveítis es sensibilidad a la luz y enrojecimiento ocular persistentes pueden delatar a este padecimiento.

Uveítis, Inflamación de los ojos, Cliclitis, Ceguera

La vista es el sentido más evolucionado con que cuenta el ser humano, y gracias a él puede reconocer el medio que le rodea, relacionarse con sus semejantes, crear obras artísticas y efectuar actividades laborales; para que su funcionamiento sea posible se requiere de la interacción de dos órganos: el ojo, que proporciona información sobre color, forma, posición y movimiento, y el cerebro, que interpreta estos datos para crear una imagen tridimensional en donde se distinguen altura, ancho y profundidad.

Las enfermedades que alteran la salud del globo ocular exigen particular atención de la Medicina, ya que un problema de visión, total o parcial, crea indefensión y dependencia, aislamiento, dificultad para comunicarse e incapacidad para realizar actividades antes rutinarias.

Definición

Uno de los trastornos más graves y desconocidos que afectan al ojo es la uveítis, inflamación de las estructuras internas de este órgano que al no recibir atención oportuna y adecuada genera anomalías de mayor severidad que, por desgracia, derivan en disminución de la capacidad visual. Puede afectar a personas de todas las edades y ambos sexos, aunque es mucho más frecuente en individuos de 20 a 40 años de edad, y se estima que es la tercera causa de ceguera en países desarrollados.

Para entender con claridad que es la uveítis, debemos explicar algunos aspectos respecto a la anatomía del globo ocular. Imaginemos que el ojo es como una pelota de tenis, hueca por dentro y con tres capas de tejido alrededor; la más exterior es la esclera (estructura blanca del ojo), y la más interna es la retina (responsable de formar imágenes en el fondo del ojo).

La capa media se llama úvea (proveniente de la misma raíz grecolatina de la palabra uva) o tracto uveal, la cual contiene abundantes vasos sanguíneos que nutren a la retina y está compuesta, a su vez, por tres estructuras:

  • Iris. Es el anillo coloreado que rodea a la pupila negra; se abre y cierra como la lente de una cámara.
  • Cuerpo ciliar. Conjunto de músculos que adaptan la forma del cristalino o "lente" natural con que el ojo enfoca los objetos cercanos y distantes.
  • Coroides. Revestimiento interior del globo ocular que se extiende desde el extremo de los músculos ciliares hasta el nervio óptico, localizado en la parte posterior del órgano.

Causas

La uveítis es la inflamación de cualquiera de los tejidos descritos por motivos tan diversos como infecciones, alergias, golpes y contacto con químicos, aunque en muchas ocasiones se desconoce el por qué de su surgimiento; asimismo, puede ser general (en toda la úvea) o presentarse sólo en una región (limitada). Es estos últimos casos recibe distintos nombres: iritis, anterior o no granulomatosa cuando la parte involucrada es el iris; ciclitis o intermedia en caso de afectación en el cuerpo ciliar, y coroiditis, posterior o granulomatosa si el daño está en las coroides.

La más común es la uveítis anterior, muchas veces de causa no determinada pero que llega a originarse por enfermedades autoinmunes, es decir, aquellas generadas por el ataque del sistema de defensas contra las estructuras del propio organismo, tales como artritis reumatoide (daño en articulaciones) o espondilitis anquilosante (afecta a las articulaciones de la columna vertebral); en cualquiera de estos casos es común que el daño ocurra sólo en un ojo. Asimismo, puede ser consecuencia de infecciones por virus del herpes simple tipo 1 (responsable de fuegos labiales y otras lesiones en labios, boca y rostro) o zoster (que ocasiona la varicela).

La inflamación de la ciclitis tiene origen desconocido en la gran mayoría de casos, aunque se observa con relativa frecuencia en personas con antecedentes familiares y a consecuencia de padecimientos sistémicos o que afectan a varios órganos del cuerpo, tales como sarcoidosis (se ignora su causa, pero produce inflamación en pulmones, cerebro y coyunturas) y esclerosis múltiple (daño progresivo en la cubierta externa del cerebro y médula espinal).

Por su parte, la uveítis posterior, que también llega a afectar a las células de la retina (retinitis), se presenta a consecuencia de cuadros infecciosos, principalmente toxoplasmosis, causada por el microorganismo Toxoplasma gondii que habita en el excremento de animales como el gato y que puede ser transmitido de una mujer embarazada al feto, generando deficiencias neuronales, pulmonares o cardiacas. No obstante, hay otros desencadenantes, entre ellos tuberculosis (enfermedad de las vías respiratorias que se manifiesta con tos persistente, expectoraciones con sangre, pérdida de peso y fiebre), sífilis (padecimiento de transmisión sexual que genera lesiones en piel y mucosas) y sida (última fase de la infección por VIH, el cual destruye las defensas naturales del organismo).

Se sabe que esta enfermedad daña rápidamente al globo ocular y ocasiona complicaciones prolongadas que son causa de pérdida o deterioro de la visión, tales como glaucoma (aumento en la presión interna del ojo), cataratas (oscurecimiento del cristalino o lente que permite enfocar objetos) y desprendimiento o presencia de cicatrices en la retina.

Síntomas y diagnóstico

Las primeras manifestaciones de uveítis pueden ser mínimas, de modo que la visión puede tornarse borrosa o con puntos negros flotantes. Además, se sabe que la iritis se manifiesta con dolor agudo, enrojecimiento del tejido blanco del ojo (esclerótica) y sensibilidad a la luz (fotofobia), mientras que cuando la inflamación es posterior no hay molestias notables, pero paulatinamente se presenta pérdida de la vista.

La enfermedad altera la capacidad de uno o ambos globos oculares, e incluso puede presentarse inicialmente en uno de ellos y afectar al otro tiempo después con diferencia de días, meses o hasta años. Asimismo, el especialista (oftalmólogo) revela, gracias a minuciosa exploración, la presencia de vasos sanguíneos prominentes en el borde del iris, sutiles cambios en la córnea y alteraciones en el llamado humor vítreo, sustancia gelatinosa que rellena la cámara del ojo.

El examen de diagnóstico ante sospecha debe realizarse a la brevedad para evitar daño irreversible en los tejidos oculares. En algunas circunstancias se requieren análisis de sangre, piel y evaluación general del estado de salud pues, como se ha explicado, la uveítis se asocia a enfermedades del resto del organismo. Casos más específicos requieren la toma de tejidos del interior del ojo (biopsia) o cirugía para esclarecer dudas.

Atención y prevención

El tratamiento inmediato es necesario para disminuir la pérdida de visión y evitar lesiones permanentes; casi siempre incluye el uso de corticosteroides (derivados de la cortisona empleados para desinflamar) y medicamentos para dilatar las pupilas. Pueden requerirse otros fármacos para tratar causas específicas (por ejemplo, se recetan antibióticos o sulfas para eliminar bacterias o parásitos), pero generalmente suele presentarse mejoría sin necesidad de recurrir a terapias más complicadas.

En fechas recientes se desarrolló una terapia a base de inyecciones para controlar la inflamación intraocular, y aunque la idea de que dicho órgano sea perforado crea cierta resistencia en el paciente, lo cierto es que se trata de una técnica segura y más eficaz que otros medicamentos para el control de complicaciones causadas por inflamaciones intraoculares.

En casos más avanzados es posible que se requieran medidas más agresivas, las cuales incluyen la administración de antiinflamatorios orales o inyectados, amén de que se deben emprender medidas encaminadas a revertir los padecimientos derivados, como cataratas (se llega a intervenir quirúrgicamente para retirar el cristalino y sustituirlo por una lente) y glaucoma (se reestablecen los canales de circulación interna de fluidos del ojo para minimizar el aumento de presión). Empero, los resultados no son completamente satisfactorios en todos los casos debido a que por lo general se presenta más de un factor que daña la estructura del órgano, como lesión en la retina.

Finalmente, la recomendación de los especialistas consiste en tomar en cuenta a la uveítis como una enfermedad seria que puede afectar en forma irreversible la visión, ocasionando incluso ceguera. Un simple caso de "ojo rojo" que no se resuelve rápidamente puede ser una manifestación de uveítis que debe ser evaluada y tratada por un oftalmólogo a la brevedad. Es por su bien y el de su sentido más preciado: la vista. 

SyM

 

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