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Vida sexual en mayores de 60: ¡claro que existe!

Miércoles 22 de marzo del 2017, 04:55 pm, última actualización

Vejez y sexualidad son compatibles. No importa cuántas críticas se hagan a esta afirmación ni de dónde provengan; lo cierto es que la sensualidad y la necesidad de dar y recibir afecto son, sencillamente, características de todo ser humano en cualquier etapa de su vida.

Sexo en la tercera edad

Muchos ignoran o niegan que pueda existir; otros piensan que sí, que es posible, pero debe ser “aburrida” y poco frecuente. Lo cierto es que la vida sexual en las personas mayores es más común de lo que desearían las “buenas costumbres” y, de hecho, podría ser todavía más satisfactoria y habitual, si no enfrentara tantos obstáculos.

En efecto, la imagen que socialmente se tiene de los ancianos corresponde a la de viejecillos bondadosos (o refunfuñones) que juegan con sus nietos, o bien, la del abuelo que barre el pasillo y sale a comprar el pan o el periódico, mientras la abuela prepara deliciosas recetas y postres para toda su familia. Nunca pensamos en ellos como personas que sienten deseo o tienen sexualidad activa.

“Términos como tercera edad y adultos mayores o en plenitud me generan cierto conflicto porque me parece que corresponden más a un discurso político o cuestiones presupuestarias que a la realidad, pues se refieren, curiosamente, a personas que han cumplido 60 años, es decir, aquellas que se jubilan. Por ello, estos conceptos adquieren la connotación de que se trata de individuos que ya no son productivos o activos en todos los aspectos de su vida, incluyendo su sexualidad”, opina Horacio Sánchez Morales, quien es médico, psicoanalista, educador y terapeuta adscrito a la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, A.C. (AMSSAC), localizada en la capital del país.

Llegar a dicha edad, comenta el entrevistado, no supone una modificación radical en la perspectiva de vida ni desde el punto de vista biológico; hay algunos cambios, sí, pero no son muy diferentes a los que ocurren gradualmente a lo largo de nuestra existencia. Tal vez, reconoce, existe una transformación considerable en el caso de la mujer, pero sucede antes, cuando se presenta el último sangrado menstrual o menopausia, que da inicio al climaterio.

Por cierto, señala el Dr. Sánchez Morales, al hablar de actividad sexual en personas mayores “se le da un poco más de posibilidad al hombre pues, aunque es cierto que puede ser objeto de juicios de valor negativos como el de ‘viejo rabo verde’, a la mujer se le dan calificativos más hirientes y se suele crear vínculo estrecho entre su vida erótica y su reproductividad, de modo que se asume que cuando ya no tiene posibilidad de procrear, no debe tener contacto íntimo”.

Tomar la vida reproductiva como sinónimo de actividad erótica tiene claros efectos nocivos y represores. “Una mujer puede ser madre desde su primera menstruación y hasta la última, pero se le aconseja que tenga hijos entre los 22 y 35 años, tanto por madurez física como psicológica. Esto tiene cierta razón, pero se hace extensivo a su vida sexual, de modo que las relaciones antes o después de este periodo de 10 ó 12 años parecen inexistentes o deben rechazarse”.

Parte importante del problema radica en que estamos habituados a entender la vida sexual como sinónimo de genitalidad o contacto entre vagina y pene (coito), siendo que esto sería, más bien, el fundamento de la reproductividad. “Es verdad que después de la menopausia hay cambios fisiológicos, como resequedad vaginal o enfermedades crónicas (de larga duración) que limitan la actividad sexual, pero hay otras formas de expresión erótica que podemos desplegar durante toda nuestra vida, incluyendo la vejez”.

Abunda el experto: “Seamos honestos, el deseo no desaparece al llegar a tal o cual edad; es como un antojo o ‘ganas de algo’, y esto es parte del erotismo. Tener deseo sexual nos hace sentir vivos ante una necesidad, fisiológica y afectiva, de cercanía”.

Ejercicio libre

La invitación que nos hace el Dr. Horacio Sánchez es sencilla: tenemos que “quitarnos las telarañas” de la cabeza y darnos cuenta de que los adultos mayores tienen derecho a su sexualidad. En México no hay mucha investigación al respecto, pero en Cuba, asegura, existen estudios que muestran que 79% de las personas con 60 años de edad o más tienen vida sexual activa y placentera.

El entrevistado enfatiza que estas cifras no sólo se refieren a la práctica del coito. “Casi siempre nos quedamos con la idea de la sexualidad genitalizada, y parece que quien no tiene erección o lubricación carece de vida sexual. No es así, pues el erotismo sigue, y hay tantas variantes como imaginación tenga el ser humano”.

En este sentido, explica, todo es válido siempre que se cuente con el consentimiento de ambas personas: caricias, utilización de objetos auxiliares y sexo oral, por ejemplo. Empero, no debemos perder de vista que en el ejercicio de nuestro erotismo también interviene la información que hemos recibido y, por tal motivo, si fuimos educados con tabúes, nuestra sensualidad no se expresará con libertad.

Al preguntarle de qué forma es posible redescubrir la sensualidad, el experto asegura que “la autoexploración nos facilita el camino para conocernos y brinda la posibilidad de tener autoerotismo, disfrutarlo y compartirlo en cualquier momento con quien queramos. No haber aprendido antes esta forma de erotismo no significa que las personas mayores no puedan conseguirlo; al contrario, están en buen momento”. Y para lograr lo anterior, es de gran ayuda la asesoría de un sexólogo.

Estereotipos, enemigo a vencer

El terapeuta y educador insiste en que debemos modificar la imagen de lo que representa la sexualidad en la tercera edad, ya que su finalidad será estrictamente placentera, no reproductiva.

Un obstáculo para lograr este objetivo son los estereotipos sociales, pues “cuando nos referimos a un ‘abuelito’ o ‘ancianito’, la imagen que tenemos es la de Sara García: alguien de lentes y bastón, que no ejerce su sexualidad. Esta limitación es terrible, porque a través de las consultas con nuestros pacientes sabemos que el deseo existe, pero la carga represiva les dice que ya ‘no pueden’ o ‘no deben’”.

El Dr. Sánchez Morales ejemplifica: “En cierta ocasión fui invitado al Canal Once para participar en el programa Diálogos en confianza, donde se trató este tema. Nos habló una joven de 28 años de edad, y nos dijo respecto a su madre, de 58 o 60 años: ‘ella debe pensar en cuidar a sus nietos, no en cochinadas’. Este pensamiento, relativamente común, no sólo es limitante sino que también ocurre por conveniencia, la de que le ayuden. Y es verdad que la abuela o el abuelo pueden apoyar a sus hijos por puro gusto, pero no tienen la obligación de resolver problemas ajenos”.

Así pues, subraya, el adulto mayor debe pensar primero en sí mismo, enfrentar sus propios mitos, superar el miedo y “darse el permiso” de seguir disfrutando del encuentro cercano, erótico y afectivo, con la persona que desee.

Ante todo, “lo primero que debe hacer es reconocer que sigue teniendo el deseo, y luego expresarlo con quien quiere estar. Lo que digan los demás no tiene relevancia, porque las críticas siempre van a llegar, tanto porque algo se hace como porque no. Entonces, creo que lo ideal es apegarse a lo que uno mismo quiere”.

Disfunción a la vista

No podemos negar que durante la vejez suelen aparecer enfermedades crónicas que tienen importante peso en la sexualidad de las personas de la tercera edad, como diabetes (alto índice de azúcar en sangre) y presión arterial elevada, las cuales causan deficiente irrigación de sangre a los genitales.

Esto se traduce en disfunción eréctil (incapacidad para lograr o mantener erección adecuada para lograr la penetración) en el hombre y escasa lubricación en la mujer, factor responsable de coito doloroso (dispareunia). Ambos problemas generan disminución del deseo, pero no porque éste desaparezca, sino por inseguridad o dolor.

Lo ideal en estos casos, detalla el Dr. Sánchez Morales, es buscar ayuda profesional, ya que es evidente que cuando hay una disfunción sexual se debe conocer su origen antes de intervenir, a fin de determinar hasta qué grado se trata de un problema psicológico u orgánico.

“Casi siempre, durante la terapia encontramos que los padecimientos son mixtos, pues lo que ocurre en el cuerpo afecta en lo emocional, y viceversa; en todo caso, lo que se debe hacer es buscar la ayuda de un sexólogo, urólogo o ginecólogo, porque las disfunciones rompen la estructura de la pareja y limitan la posibilidad de entablar una relación cuando no la hay”, determina el experto.

Es importante señalar que los problemas de erección se pueden controlar con ayuda de medicamentos que hay en el mercado, bombas de vacío y prótesis, mientras que para la falta de lubricación existen cremas con bajo contenido de estrógeno (hormonas) que ayudan a lubricar y regenerar el tejido que cubre la vagina. En ambos casos, la prescripción debe correr a cargo de un médico, luego de evaluar el estado de salud de la persona.

Sin embargo, concluye el Dr. Horacio Sánchez, no debemos perder de vista que la sexualidad no depende únicamente del coito y, por otra parte, recomienda que “al buscar ayuda médica se procure la visita a un profesional que conozca de sexualidad. A los médicos de formación no se les habla de erotismo, sólo de aspectos reproductivos, y en muchos de ellos todavía prevalecen limitantes y conservadurismo. Lo que se requiere es la ayuda de alguien que conozca el área de la sexualidad, para que no se cohíba al hablar sobre estos temas con una persona mayor”.

SyM - Rafael Mejía

 

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