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Linaza, amigable semilla

En cereales, pan, barras, galletas, yogurt, aceite e, incluso, algunas bebidas, entre otros productos, encontramos a la linaza, semilla que, si bien ha formado parte de la dieta del hombre desde tiempos antiguos, actualmente ha llegado a convertirse en “estrella” en materia de nutrición, gracias a los beneficios que aporta a la salud.

Estudios científicos han comprobado que la linaza interviene favorablemente en la función inmunológica del organismo, es decir, la capacidad de éste para defenderse contra sustancias extrañas como virus y bacterias. Para ello, su componente, el ácido graso esencial Omega-3 (alfalinolénico, el cual constituye más de la mitad de la grasa en su interior), juega determinante papel, ya que favorece la rápida respuesta ante la presencia de microorganismos dañinos que causan infecciones.

Egipcios, babilonios y griegos, pueblos que cultivaron esta planta hace cinco mil años, conocieron sus virtudes como alimento e importante fibra de uso textil, además de que la empleaban con fines medicinales. Uno de los padres de la Medicina occidental, Hipócrates (460 a 377 antes de nuestra era), recomendaba utilizarla con la finalidad de tratar malestares digestivos y enfermedades de la piel.

Esta pequeña semilla lisa, plana y de color marrón contiene gran cantidad de mucílago y pectina, sustancias que le confieren propiedades emolientes y laxantes, además de sales minerales, grasas y aceites vitales para la salud que el organismo es incapaz de producir, así como delicado y rico sabor propio.

Sabor y virtudes

La linaza puede comerse sola o combinarse con otros granos para elaborar pan o granola; igualmente, se le tritura con el propósito de obtener su aceite, el cual se destina al consumo humano o a la elaboración de productos cosméticos, debido a que ayuda a mantener óptima humectación en la piel. También se ha empleado para atender enfermedades de transmisión sexual, como gonorrea, aunque no hay evidencia científica que avale este hecho. Más beneficios a continuación.

Dentro de esta pequeña semilla se encuentra enorme tesoro nutritivo pero, como sucede con cualquier otro alimento, es mejor consumirlo con moderación. Médicos y nutriólogos no lo recomiendan a quienes padecen del sistema digestivo, sin antes consultar un gastroenterólogo, además de que las personas alérgicas deben estar atentas a posibles efectos negativos, como intenso dolor intestinal y diarrea.