Incontinencia, pérdida involuntaria de orina y excremento - SyM
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Incontinencia

Miércoles 12 de abril del 2017, 10:15 am, última actualización

Muchas personas se ven obligadas a permanecer en casa debido a que no tienen control sobre su vejiga (órgano que retiene la orina y le da salida) o esfínteres anales (músculos que regulan el proceso de defecación), lo que da lugar a pérdida involuntaria de orina y excremento, respectivamente, trastornos que se conocen como incontinencia urinaria y fecal y, debido a sus molestos síntomas, la calidad de vida de los afectados se ve gravemente alterada, ya que se trastorna el sueño, actividades cotidianas y relaciones sociales, personales y sexuales.

Incontinencia

Vías urinarias: desechar y producir

El tracto urinario está compuesto por dos riñones, que son los órganos encargados de eliminar los desechos del organismo y producir la orina; uréteres o tubos que transportan dicho fluido, y vejiga, que es una estructura muscular cuya labor es almacenar la orina hasta el momento de su eliminación. Este líquido se expulsa a través de la uretra, región de soporte que permite la salida del flujo urinario.

Ahora bien, es importante saber que la capacidad de retener y controlar la salida de orina no sólo depende de la anatomía y funciones del tracto urinario, pues además es fundamental poseer habilidades físicas y mentales para responder adecuadamente al estímulo de orinar porque dicho proceso es regulado por cerebro, médula espinal, sistema urinario y tejidos vecinos.

Cabe destacar que el proceso de micción (eliminación de orina) comprende las fases de llenado, almacenamiento y vaciado; durante las dos primeras la vejiga se estira para acomodar la creciente cantidad de líquido. La primera sensación de orinar aparece cuando se han concentrado aproximadamente 200 mililitros de líquido, pues el sistema nervioso sano responde a la expansión de la vejiga, aunque ésta puede acumular hasta 550 mililitros de fluido.

Por otro lado, la capacidad de llenar y almacenar la orina apropiadamente requiere de la labor de los esfínteres (estructuras circulares que rodean la apertura de la vejiga) y una pared muscular estable y expansible llamada detrusor; este último es fundamental para la fase de eliminación de dicho líquido, ya que permite su paso al exterior.

Problemas para retener la orina

El proceso de micción puede verse alterado a causa de diversos trastornos en el organismo, los cuales pueden dañar a los sistemas urinario y/o nervioso central (formado por cerebro y médula espinal), entre ellos se encuentran:

  • Infección en el tracto urinario y/o próstata (glándula masculina que rodea a la uretra o estructura que controla el flujo urinario).
  • Debilidad en esfínteres (posterior a cirugía de próstata en hombres o vaginal en mujeres).
  • Cáncer de vejiga.
  • Aumento del tamaño de la próstata.
  • Problemas de desarrollo de la vejiga.
  • Cirugía de recto.
  • Embarazos frecuentes.
  • Lesiones en la médula espinal.
  • Infartos cerebrales (cuando se cierra el paso de la sangre a determinadas partes del encéfalo lo que, en consecuencia, mata algunos fragmentos de este órgano), siempre y cuando se vea afectada la zona que controla los esfínteres.
  • Esclerosis múltiple (padecimiento que daña la estructura protectora del cerebro y medula espinal, lesión que genera debilidad, sensación de hormigueo, problemas de equilibrio, alteraciones visuales, rigidez muscular, incontinencia fecal y urinaria, y disfunción sexual).
  • Insuficiencia cardiaca (trastorno que ocasiona que el corazón pierda su capacidad de bombear la sangre con eficiencia, por ende, no puede cumplir con las demandas del organismo), sólo en algunos casos.
  • Mal de Alzheimer (tipo de demencia que suele presentarse en las personas de edad avanzada).
  • Enfermedad de Parkinson, la cual se manifiesta mediante movimiento involuntario o temblor en manos, piernas o cara, rigidez o poca flexibilidad en extremidades y/o tronco, problemas para mantener el equilibrio, falta de coordinación y en algunas personas incontinencia urinaria y fecal; se ha establecido que se debe a la deficiencia en la producción de dopamina, sustancia que se encuentra en ciertas células del cerebro y que interviene en el manejo de movimientos y equilibrio.
  • En algunos pacientes la diabetes mal controlada puede ser un factor predisponente.
  • Efectos secundarios de algunos medicamentos, como diuréticos, tranquilizantes o antidepresivos.

Es necesario aclarar que la incontinencia urinaria se puede presentar en las siguientes variedades:

  • De esfuerzo. Goteo de pequeñas cantidades de orina al toser, estornudar, reírse o pujar; es común que se presente en mujeres que han tenido varios embarazos, y en ancianos.
  • De urgencia. Se refiere básicamente a un problema de almacenamiento de orina, en el cual el músculo de la vejiga se contrae en forma inapropiada, lo que ocasiona en el paciente intenso deseo de orinar que se siente como imposible de controlar y, consecuentemente, no se puede evitar el escape de orina. Este tipo de incontinencia puede presentarse a cualquier edad, pero es más frecuente en mujeres y en personas de edad avanzada.
  • Enuresis. Escape de orina durante el sueño que afecta en mayor medida a la población infantil, ya sea por retraso en el aprendizaje del control miccional, problemas psicológicos o afecciones de la vejiga.
  • Por rebosamiento. Ocurre cuando la vejiga no se desaloja completamente y luego se llena a su máxima capacidad; una vez que se presenta esta condición hay salida al exterior de pequeñas cantidades de orina.
  • Por sobrecarga. Derrame de orina que se presenta cuando la cantidad de la misma excede la capacidad de almacenamiento de la vejiga.
  • Falta de percepción del deseo de orinar. Suele afectar a personas mayores, quienes no sienten ganas de orinar y sufren escapes del líquido de desecho.

Manejo

Una vez detectada la incontinencia urinaria es necesario acudir al urólogo, especialista que realizará revisión física y solicitará estudios específicos para determinar la causa y proporcionar el tratamiento adecuado.

El examen físico consiste en evaluación abdominal, genital, pélvica y rectal, lo que se apoya con los siguientes exámenes:

  • Análisis de orina para descartar infección en vías urinarias.
  • Cistoscopia (inspección del interior de la vejiga).
  • Estudios urodinámicos (pruebas para medir la presión y flujo de la orina).
  • Residuo posevacuación (RPE) para valorar la cantidad de orina luego de la micción.
  • Examen de tensión urinaria (al paciente se le pide que se pare con la vejiga llena y que tosa).
  • Estudio de la compresa (luego de colocar una toalla sanitaria, se le pide al paciente que realice un ejercicio para después pesar la compresa y así determinar el grado de pérdida de orina).
  • Urografía excretora, que es una especie de radiografía que muestra detalladamente las estructuras que conforman las vías urinarias (riñones, vejiga, esfínteres, uréteres y uretra).
  • Ultrasonido abdominal o pélvico.
  • Radiografías de los riñones y vejiga.
  • En raras ocasiones se realiza un electromiograma, método que permite estudiar la actividad muscular de la uretra.

La selección del tratamiento dependerá de la severidad de los síntomas y de cuánto afectan la calidad de vida de la persona, por lo que posterior al diagnóstico se puede elegir uno o varios de los procedimientos que a continuación se describen:

Cambios en el comportamiento. El médico puede recomendar la disminución del consumo de líquidos si éste se hace en cantidades excesivas (no se debe reducir si se hace con moderación); asimismo, el paciente debe modificar actividades que impliquen presión abdominal (por ejemplo, saltar o correr) y establecer horarios en los que se debe orinar, tratando concientemente de no hacerlo antes o después de los mismos.

Terapia muscular. Hay ejercicios que fortalecen y entrenan a los músculos pélvicos para controlar la fuga de orina, los cuales consisten en:

  • Intentar detener el flujo de orina durante la micción.
  • 2 ó 3 veces al día hay que concentrarse en contraer los músculos de la vejiga y esperar tres segundos, posteriormente, relajarse durante otros tres segundos; repetir de 3 a 4 veces.
  • Diariamente se puede ir aumentando la duración de las contracciones antes descritas hasta que sea posible mantenerlas durante 10 segundos.
  • Otra estrategia es emplear un cono vaginal, que es un dispositivo con cierto peso que se inserta en la vagina; la mujer debe contraer los músculos tratando de mantener dicho instrumento en su lugar y sostener la contracción durante 15 segundos. Este ejercicio debe realizarse de 2 a 4 veces al día.

Terapia de estimulación eléctrica. Utiliza corriente de bajo voltaje para estimular y contraer los músculos que participan en el control de la micción; la corriente se envía a través de una sonda anal o vaginal.

Medicamentos. Tienen como fin aumentar la contracción del músculo del esfínter uretral.

Terapia con estrógenos. Puede aplicarse en mujeres menopáusicas para mejorar los síntomas de frecuencia urinaria, urgencia y ardor; también se ha demostrado que aumenta el tono y el suministro de sangre a los músculos del esfínter uretral.

Cirugía. El tratamiento quirúrgico sólo se recomienda después de exhaustiva evaluación y determinación de la causa exacta del problema de incontinencia urinaria. El objetivo de este procedimiento es curar el origen de la incontinencia urinaria, ya sea apoyando la vejiga y la uretra en su posición correcta para que puedan funcionar adecuadamente o ajustando el esfínter uretral.

Inyección de colágeno. Si la causa es una disfunción del esfínter uretral, se puede recomendar un procedimiento quirúrgico menor, llamado inyección de colágeno, el cual ayuda a controlar la fuga de orina debido a que inflama el área alrededor de la uretra comprimiendo el esfínter.

Ahora bien, la mayoría de las personas con incontinencia urinaria son capaces de manejar episodios menores del padecimiento gracias al uso de los siguientes productos:

  • Compresas. Se parecen a las toallas sanitarias, pero son más absorbentes; poseen forro externo impermeable que evita escurrimientos y sustancias que neutralizan el olor de la orina.
  • Pañales para adultos. Son ideales para las personas que pierden grandes cantidades de orina y están provistos de resortes elásticos en las piernas, los que permiten ajuste perfecto; generalmente se ofrecen en tallas pequeña, mediana, grande y extra grande.

Incontinencia fecal

La pérdida del control de los movimientos fecales ocasiona que el excremento salga del recto (última sección del intestino grueso) cuando uno no lo espera, lo cual puede presentarse mediante escape parcial o total de heces sólidas o líquidas; este problema es más común en mujeres y ancianos de ambos sexos.

Para entender mejor la manera en que se presenta este trastorno resulta conveniente saber que la defecación es controlada por los siguientes elementos:

  • Presión anal de los esfínteres o músculos que se contraen para evitar que la materia fecal baje al recto; es importante saber que una de estas estructuras es interna e involuntaria y la otra externa y controlable a voluntad (esta última es la que permite retener las heces cuando se contrae con fuerza el ano).
  • Capacidad de recolección rectal, es decir, la habilidad que tiene el recto de estirarse para guardar la deposición por un tiempo (puede almacenar entre 300 y 350 gramos de excremento).
  • Sensación rectal, que es la que le indica a la persona que hay materia fecal que debe eliminarse; cuando esto ocurre el cerebro percibe señales que le informan si lo que se va a desechar es excremento líquido o sólido.

Para que este proceso pueda efectuarse adecuadamente es necesario poseer capacidades física, anatómica y mental, pues de esta manera es posible acudir a tiempo al baño. No obstante, cuando alguno de los factores antes descritos falla se presenta incontinencia fecal.

El daño muscular en la región anal es una de las causas más comunes en mujeres, el cual llega a presentarse durante partos difíciles, por ejemplo, aquellos en los que se requirió el uso de fórceps (especie de pinzas que se introducen en la zona vaginal para ayudar en la expulsión del bebé), o bien de episiotomía (corte para agrandar la abertura de la vagina y facilitar la salida del niño).

Asimismo, la debilidad muscular del ano también puede ocurrir durante cirugía rectal (especialmente la que se indica para tratar hemorroides), cuando se forman abscesos (acumulación de pus) anales, a causa de enfermedades como mal de Alzheimer (demencia que afecta a los ancianos) o esclerosis múltiple (padecimiento en el que se lesiona el recubrimiento de médula espinal y cerebro) y deterioro propio del envejecimiento.

¿Qué hacer?

Cuando se padece incontinencia fecal es muy importante acudir al proctólogo (especialista en trastornos de colon y recto), quien realizará revisión física y solicitará un examen llamado manometría anal, mediante el cual se mide la presión en el ano, así como elasticidad y sensación rectal.

Una vez que se ha detectado el problema que causa la incontinencia fecal, se pueden recomendar ejercicios de contracción del ano para fortalecer los músculos, o bien proceder a intervención quirúrgica para corregir la alteración. Mientras se resuelve el padecimiento es recomendable que los afectados usen pañales para adultos.

Por último, es importante tener en mente que la situación de los pacientes con incontinencia urinaria o fecal puede mejorar, pues para ambos trastornos hay tratamientos que han demostrado alta efectividad.

Consulta a tu médico.

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