Vigorexia, adicción al ejercicio que pone en riesgo la salud - SyM
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Vigorexia, desorden emocional

Lunes 19 de junio del 2017, 09:59 am, última actualización.

Se trata de un trastorno o desorden emocional en el que la persona afectada percibe sus características físicas de manera distorsionada, con falta de fuerza y musculatura, lo cual le lleva a realizar ejercicio físico de manera obsesiva y a poner a prueba su cuerpo constantemente, sin importar las consecuencias.

Vigorexia
Vigorexia, desorden emocional

La persona con vigorexia no sólo dedica gran parte del día a realizar ejercicio, sino que también se empeña en consumir una dieta rica en proteínas para aumentar su musculatura. En la mayoría de los casos su cuerpo se desproporciona, adquiriendo masa muscular poco acorde con su talla y contextura física.

Este cuadro se agrava en caso de que la persona recurra al uso de esteroides, derivados de la testosterona que fomentan el crecimiento muscular pero aumentan el riesgo de padecer ciertas enfermedades, por ejemplo, en hígado y corazón.

Cabe señalar que a pesar de que algunos especialistas hablan ya de la vigorexia como un problema con síntomas y abordaje médico determinados, el concepto todavía no ha sido aceptado por toda la comunidad médica internacional.

Perfil definido

La persona con vigorexia pose una personalidad característica, similar a la de quien sufre alguna adicción o trastorno que altera la autopercepción, como sucede con anorexia (pérdida de peso por dejar de comer) o bulimia (episodios repetidos de excesivo consumo de alimentos seguidos de vómito o uso de laxantes).

Dicho perfil incluye características como:

  • Obsesión por ejercitarse y tener un cuerpo musculoso.
  • Percepción distorsionada de la imagen corporal, que lleva a la persona a pensar que su aspecto es débil.
  • Realización de prácticas deportivas sin importar las condiciones climáticas o posibles enfermedades.
  • Sentimiento de enfado o culpa cuando no se tiene la posibilidad de ejercitarse o se reciben críticas por realizar dicha actividad con tanta obsesión.
  • Abandono de la convivencia familiar, social o laboral.
  • Baja autoestima.
  • Carácter introvertido.
  • Tendencia a la automedicación.
  • Fijación por el peso y medidas corporales.
  • Conversación que se centra en temas como apariencia física, aumento de musculatura y rutinas de ejercicio exhaustivas.
  • Dieta alta en proteínas y/o uso de esteroides anabólicos (derivados sintéticos de hormonas sexuales masculinas que provocan el desarrollo muscular y de los caracteres sexuales masculinos, entre otros efectos).

Debemos mencionar que el fisicoculturismo o fisicoconstructivismo, deporte basado en ejercicio físico intenso, generalmente con peso y que tiene el objetivo de lograr un cuerpo definido, voluminoso y proporcionado, es una de las actividades que más se relacionan con la vigorexia. No es extraño, pues, encontrar a muchas personas que justifiquen su problema emocional con el argumento de que son adeptos a esta disciplina.

Por otra parte, vale la pena señalar que es indudable que factores socioculturales como el culto a ciertos estereotipos de belleza y a la apariencia física son decisivos en el desarrollo de la vigorexia. Empero, existen serias sospechas sobre la presencia de una causa orgánica, en concreto, producción reducida de ciertas sustancias utilizadas por las redes neuronales para comunicarse entre sí (neurotransmisores), tal como se ha comprobado que ocurre con la serotonina (juega importante papel en la regulación del humor, enojo, agresividad, temperatura corporal, sueño, sexualidad y apetito) y norepinefrina (en cantidad reducida produce depresión y disminución de la motivación) en pacientes con bulimia y anorexia.

Graves consecuencias

Numerosos padecimientos pueden surgir a consecuencia de la vigorexia. De inicio, la práctica deportiva excesiva da lugar a lesiones de diversa magnitud, pues la sobrecarga de peso y sobreentrenamiento repercuten negativamente en huesos, músculos y articulaciones de piernas y brazos, principalmente.

En este sentido, pueden ser comunes los desgarres (rompimiento de fibras musculares) y esguinces (torcedura de ligamentos o estructuras que refuerzan las articulaciones), sin olvidar que llegan a presentarse dislocaciones (separación de un hueso de su articulación a causa de ruptura de ligamentos) y hasta fracturas (ruptura total o parcial de un hueso).

Además, la imagen distorsionada que el paciente tiene de sí mismo suele generar desproporción notable entre los diferentes grupos musculares, pues la persona lleva a cabo su entrenamiento según lo cree conveniente y no bajo las recomendaciones del instructor. Es muy frecuente observar, por ejemplo, un cuerpo muy voluminoso con respecto a la cabeza, o brazos y espalda muy ejercitados, a la vez que piernas y abdomen relativamente débiles.

Otro problema frecuente se relaciona con la alimentación, ya que la persona con vigorexia suele consumir proteínas en exceso. Esto, a mediano y largo plazos, genera daño en riñones, aumento de colesterol, complicaciones cardiacas y gota (inflamación de las articulaciones por acumulación de ácido úrico, producto de desecho que no se logra expulsar).

La razón de ello es que el organismo, diseñado para obtener energía de grasas y carbohidratos, se ve orillado a hacerlo a partir de proteínas. Sin embargo, este procedimiento genera múltiples toxinas como material sobrante, y dichos compuestos ocasionan atrofia en órganos y funciones corporales.

Finalmente, el uso de anabólicos produce múltiples trastornos en el funcionamiento corporal, pues propicia la aparición de cáncer cerebral, enfermedades cardiacas y desórdenes del hígado, además de que desencadena disfunción eréctil, problemas de fertilidad y cáncer de próstata en hombres, mientras que en mujeres genera masculinización (voz grave, crecimiento de vello facial, cese de la menstruación y reducción de los senos).

Tratamiento

A pesar de la sospecha de que la vigorexia se relaciona con trastornos orgánicos, las observaciones realizadas hasta ahora señalan que los principales factores desencadenantes son ciertos elementos de tipo cultural, social y educativo a los que el paciente se expone continuamente. Por ello, el tratamiento se enfoca a modificar su conducta y opinión sobre su cuerpo.

El entorno afectivo, formado por amigos y familiares, cumple importante función en la recuperación de la persona afectada, de modo que es de gran utilidad brindarle apoyo para que sustituya su programa de ejercicio por rutinas razonables. En contraparte, es necesario despertar el interés del paciente por actividades culturales o de entretenimiento en las que tenga mayor relación con otras personas.

En el caso de quienes han utilizado anabólicos, la rehabilitación llega a requerir el uso de medicamentos que ayuden a restaurar el funcionamiento hormonal del organismo, e incluso antidepresivos, ya que al abandonar el uso de esas sustancias suelen aparecer síntomas similares a los que se presentan en quien intenta superar alguna adicción.

Por lo que toca a la dieta, queda claro que se deberá reestructurar para evitar daños en el aprovechamiento y procesamiento de los nutrientes (metabolismo), de modo que se modere el consumo de proteínas y se reduzca el daño a diferentes órganos.

Nos resta destacar que el hecho de desear el mejoramiento de la imagen corporal no significa que una persona padezca algún trastorno psicológico, pero siempre se debe poner especial atención en quien manifieste dichas inclinaciones de manera obsesiva, ya que es mayor la probabilidad de que desarrolle este trastorno u otro relacionado con su apariencia física.

Consulta a tu médico.

SyM

 

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