Hábitos de salud del mexicano para prevenir enfermedades - SyM
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Hábitos de salud del mexicano

Miércoles 01 de junio del 2016, 09:40 am, última actualización

Escasa prevención y control de enfermedades, son algunas características de la falta de hábitos de salud en los mexicanos.

Salud de los mexicanos, Colesterol elevado, Automedicación

Las encuestas que realizamos en saludymedicinas.com.mx han sido siempre elemento fundamental para normar el criterio editorial de nuestro sitio, y la mejor manera de saber los temas que le interesan a la mayoría de nuestros lectores. En esta oportunidad, quisimos indagar sobre las motivaciones que prevalecen cuando decidimos acudir al médico, y ahora comentamos lo que deducimos de sus resultados.

En concreto, la pregunta que realizamos fue: “¿Generalmente en qué circunstancia decides visitar al médico?”, siendo éstas las respuestas obtenidas:

  • Atender una enfermedad: 38.34%
  • Emergencia o accidentes: 19.63%
  • Me automedico: 17.18%
  • Chequeo general y exámenes preventivos: 12.88%
  • Control de una enfermedad: 9.51%
  • Solicitar segunda opinión: 2.45%

La respuesta mayoritaria no nos sorprende, porque es lógico que asistamos con un especialista en el momento que sentimos malestar, pero lo que debe llamar la atención es el porcentaje que se definió en ese sentido.

Somos parte de una cultura en la que la prevención médica no está invitada a la mesa y, en efecto, la mayoría de los mexicanos vamos a un consultorio a remediar, lo cual genera una serie inconvenientes tanto para el paciente como para el sistema de salud.

Si eres derechohabiente de alguno de los organismos de salud pública, como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), sabrás de lo que hablamos.

Acudir al médico en tales circunstancias es un verdadero suplicio que, en ocasiones, se prolonga de tal manera que hay que dejar de lado cualquier otra actividad. Cierto es que la capacidad de atención de las entidades gubernamentales ha sido rebasada y que hay innumerables factores para tejer una serie de críticas en su contra, pero también lo es que no tenemos una cultura de prevención de enfermedades.

La personalidad de los mexicanos, la idiosincrasia dirían otros, hace que pasemos por alto aspectos que ameritan una atención prioritaria. Es el caso de la salud, aspecto que en otros países se aprecia de una manera totalmente distinta.

Prevención, la sustancia del asunto

Nuestro sondeo señala que aproximadamente 13% de los participantes acude al médico para practicarse una revisión general y exámenes preventivos, lo cual es un porcentaje muy bajo, pero representativo de lo que ocurre en México. Sí, porque existen millones de personas con padecimientos crónicos-degenerativos, como diabetes (altos niveles de azúcar en sangre), enfermedades cardiacas, hipertensión (presión arterial elevada) o dislipidemia (grandes cantidades de grasa en sangre), que pudieron evitarse.

Para muestra un dato: la Sociedad Mexicana de Cardiología, A.C. (SMC) reveló que 43% de la población adulta en México cursa con altos niveles de grasa en la sangre, ya sea colesterol o triglicéridos. Es decir, 22 millones de personas que eventualmente pueden sufrir de ateroesclerosis (depósitos de grasa que obstruyen las arterias) a mediano plazo. Lo trágico del asunto es que 80% de ellas lo ignoran.

En muchos países, la mayoría del primer mundo, los sistemas de salud están planificados para que el médico se responsabilice en gran medida de la salud del paciente, lo cual se consigue mediante una estrategia basada en “premios y castigos”. El galeno tendrá un mejor salario en la medida que sus pacientes conserven su salud y no requieran algún medicamento u hospitalización.

Del mismo modo, la persona que esté sujeta a los servicios estatales de salud, o incluso a un servicio semiparticular de atención médica, deberá acudir con regularidad a las consultas preventivas de manera obligatoria y demostrar que se apega a las indicaciones del especialista para seguir disfrutando de atención gratuita, o de algunos beneficios especiales si se trata de una consulta particular.

Como se aprecia, la responsabilidad compartida del médico y el paciente incide directamente en una adecuada administración de los recursos financieros destinados a la esfera de la salud, lo cual repercute en mejores instalaciones y equipo, así como en capacitación profesional de los trabajadores sanitarios.

Automedicación a la alza

Los resultados son elocuentes, ya que 17.18% de la muestra contestó que se automedica, lo cual no debe alarmarnos si esta práctica se realiza con responsabilidad.

Es pertinente señalar que existe una confusión entre automedicación y autoprescripción, toda vez que el primer concepto se refiere al uso de medicamentos de libre acceso (OTC), mientras que el segundo se relaciona con la adquisición libre de fármacos, los que, de acuerdo con la Ley General de Salud, sólo se deberían obtener al presentar una receta médica.

Es necesario reflexionar sobre el peligro de la autoprescripción, ya que muchas veces consumimos fármacos especializados a partir de la recomendación de un amigo o un familiar, creyendo que basta que compartamos algunos de los síntomas para que la fórmula haga el mismo efecto en nuestro organismo. Nada más alejado de la verdad, ya que padecimientos como hipertensión arterial, diabetes o hipercolesterolemia (colesterol elevado), entre muchos otros, requieren de diagnóstico y tratamiento personalizado.

Para ser más claros, vale la pena observar el siguiente ejemplo: es común que una persona con fobia (miedo irracional e incontrolable) a los aviones sienta ansiedad y nerviosismo en cada vuelo. Si alguien le recomienda utilizar algunas pastillas o gotas para que el viaje sea menos terrible, puede causarle efectos contraproducentes; en principio, porque el medicamento (un ansiolítico y anticonvulsionante) pudo haber sido prescrito por un psiquiatra para tratar un cuadro clínico específico de fobia, ataque de pánico y trastorno obsesivo-compulsivo (padecimiento que genera gran presión interna que lleva a realizar actos irracionales), así como algún tipo de convulsiones (sacudidas involuntarias) simples.

Como es de esperarse, el fármaco en referencia, lejos de ayudarte a disipar el miedo y brindarte tranquilidad, puede generar algunos efectos que hagan todavía más penoso el trayecto, entre ellos debilidad muscular, mareo, inquietud, confusión, amnesia, alteración del sueño e irritabilidad (las indicaciones terapéuticas y los efectos adversos expuestos son reales y corresponden a uno de los medicamentos más recetados en la rama psiquiátrica).

Enfermos sin control

Un eslabón muy débil en la cadena de la salud es el control de una enfermedad que nos ha sido diagnosticada. Menos del 10% de los encuestados dice acudir al médico por esta razón, lo que llama poderosamente la atención, ya que esta circunstancia impide que el paciente se recupere por completo y, de forma adicional, genera mayores conflictos a la larga.

Al respecto, el Instituto Nacional de Cardiología ofrece algunos datos reveladores: Hace cinco años, sólo 20% de los enfermos que habían sufrido un infarto al corazón seguían su tratamiento para bajar el colesterol (fundamental para evitar un segundo ataque cardiaco).

Hoy, contrario a lo que pudiera pensarse, las cifras han cambiado diametralmente, porque los enfermos han creado conciencia y 72% de ellos asumen su responsabilidad y acuden con regularidad a entrevistarse con el especialista.

El deseo es que cada vez haya más cifras en este sentido, y que transitemos hacia una cultura preventiva que, seguramente, nos ahorrará muchas molestias, dinero y dolores de cabeza.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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