Hígado graso, por mala alimentación y obesidad - SyM
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Hígado graso, ¡alerta gorditos!

Martes 21 de febrero del 2017, 05:01 pm, última actualización

Se trata de la enfermedad del hígado más frecuente en nuestros días entre jóvenes adultos, e incluso adolescentes, en Estados Unidos. La razón es, al parecer, malos hábitos alimenticios que propician obesidad, lo cual debe poner en alerta a la población mexicana, ya que puede desencadenar cirrosis y comprometer la salud.

Hígado graso, Obesidad, Sobrepeso
Hígado graso, ¡alerta gorditos!

El hígado es considerado el laboratorio del organismo humano, ya que en él se llevan a cabo más de 500 actividades bioquímicas de suma importancia. No obstante, es susceptible a enfermarse y poner en peligro la vida, tal como puede suceder si en sus células se acumula grasa, lo cual propicia que éstas mueran poco a poco y se transformen en tejido fibroso y rígido, con numerosas cicatrices y nudos, lo que se denomina cirrosis hepática.

Si bien se sabe que la primera causa de esta enfermedad es el alcoholismo, en la actualidad algunas investigaciones científicas han comprobado que igualmente puede deberse a los desajustes que se presentan en el metabolismo, entendiendo éste como la velocidad con la que el organismo transforma los alimentos en energía. Es así que cuando el proceso es lento no se metabolizan todos los alimentos ingeridos y se acumulan en el organismo en forma de grasas (colesterol y triglicéridos), y si a ello añadimos que es poca la actividad física que se realiza para eliminarlas tendremos exceso de peso corporal, el cual será un factor para que el proceso metabólico no sea el óptimo, es decir, se crea un círculo vicioso.

Una causa más de que el metabolismo sea anormal es diabetes tipo 2, padecimiento caracterizado por la incapacidad de regular los niveles de azúcar o glucosa en sangre debido a la escasa (en ocasiones nula) producción de insulina, hormona esencial para la realización del proceso metabólico.

Quienes igualmente son propensos a sufrir hígado graso son las personas que experimentan oscilaciones de peso, es decir, quienes pierden o ganan rápidamente kilos por someterse a dietas rigurosas, ya que el metabolismo es sometido a trabajo extenuante sin que el organismo tenga los nutrientes necesarios.

Ahora bien, las primeras señales de que el hígado acumula grasa es dolor en la parte superior derecha del abdomen, agotamiento, malestar general y sensación de pesadez después de las comidas, aunque muchos pacientes no presentan ningún síntoma hasta que el problema ha avanzado; cabe mencionar que el órgano suele estar un poco inflamado, aunque no genera dolor.

¡Atención!, tal vez tú...

De acuerdo a encuestas recientes (las cuales no son consideradas cifras oficiales) se estima que 53% de mujeres y 45% de hombres mexicanos tienen sobrepeso, y que aproximadamente 10% de la población general padece diabetes, lo cual nos indica que gran número de conacionales está en riesgo de sufrir problemas en el hígado por acumulación de grasa. ¿Qué hacer?

Si tienes kilos de más lo mejor será evitar las dietas para perder peso rápidamente y ser asesorado por un nutriólogo o endocrinólogo que diseñe un régimen alimenticio perfectamente adecuado a tu organismo, de manera que te ayude a perder peso gradualmente.

Ahora bien, en tanto concertas la cita con alguno de los especialistas mencionados, lo mejor es llevar una alimentación que ayude al hígado a funcionar adecuadamente y que colabores en la disminución de grasas; las siguientes medidas cumplen con tal fin:

  • No comer demasiado y aumentar la frecuencia de las comidas a lo largo del día, ya que así se logra que el hígado trabaje constantemente sin exceso de carga.
  • No dejar que transcurran largos periodos de ayuno, pues las reservas de energía del órgano se agotan y sobreviene desnutrición.
  • Moderar el consumo de carnes; lo indicado es que sean complemento de vegetales, frutas, legumbres, pastas y otros productos que también contienen proteínas.
  • Reducir la ingesta de alimentos ricos en azúcares y harinas refinadas (pan, pastas y frituras), pues sus compuestos contienen grasas saturadas que favorecen la acumulación de colesterol.
  • Consumir alimentos ricos en fibra, ya que ayudan a absorber menos grasas y azúcares de la dieta ; los más conocidos son lentejas, almendras, maíz, cáscara de papa, zanahorias (crudas), brócoli, col, lechuga, guayaba, mango, ciruela, pera y manzana con cáscara, papaya, limón, naranja, toronja y pasas, entre otros. Igualmente recomendables son frutos secos, como nueces y almendras, y cereales integrales (trigo, arroz, avena y centeno).
  • Disminuir el consumo de leche o cremas enteras, así como nata, chocolates, aceite de coco o palma, pues contienen grandes cantidades de grasas saturadas.
  • Reducir el consumo de alcohol, pues afecta el óptimo funcionamiento metabólico.
  • Practicar ejercicio, de acuerdo a la edad y estado físico, ya que es la mejor forma de “quemar” la grasa acumulada en el organismo y favorecer el equilibrio metabólico.
  • Es conveniente evitar, o al menos no abusar, de medicamentos como antiinflamatorios, analgésicos o anticonceptivos orales (contienen estrógenos), ya que en algunos pacientes afectan el funcionamiento del órgano.

Al hígado graso se le conoce también como esteatosis, siendo esteatohepatitis cuando además hay inflamación. Ante las primeras sospechas del padecimiento, el médico internista indicará al paciente pruebas bioquímicas hepáticas, mediante muestras de sangre, en las que es posible encontrar número mayor al normal de enzimas (transaminasas), o bien practicarse ultrasonido hepático, para el cual se desliza sobre el abdomen un aparato llamado transductor (similar al mouse de la computadora), el cual emite frecuencia de sonido que al chocar con un órgano sólido (como el hígado) proporciona una imagen que se aprecia en un monitor; pero el diagnóstico definitivo lo obtiene el especialista mediante una biopsia (toma de tejido para observación en laboratorio).

Cabe mencionar que no hay tratamiento para el hígado graso específico y que las indicaciones del médico irán encaminadas a controlar las alteraciones del metabolismo.

En el embarazo

El hígado graso (o adiposo) es un trastorno poco frecuente durante el periodo de gestación, pero es serio, ya que puede poner en riesgo al producto y a la madre. Aunque las cifras indican que en alto porcentaje de los casos se trata de mujeres obesas antes del embarazo o de pacientes con diabetes, en quienes no cumplen estas condiciones se sospecha que la causa es el incremento de hormonas característico del periodo gestacional.

El peligro radica en que el hígado en estas condiciones puede generar hemorragias, insuficiencia renal e infecciones severas. Afortunadamente, diagnóstico y tratamiento tempranos ayudan a mejorar los resultados, e incluso la función hepática se normaliza en algunas semanas, en la mayoría de los casos.

Habitualmente el problema comienza en el tercer trimestre del embarazo, pero los primeros síntomas suelen confundirse con los típicos (náusea, vómito, malestar general, dolor de cabeza y cansancio), pero habrá que poner especial atención si hay dolor abdominal (especialmente en el lado superior derecho) e ictericia (color amarillo en piel, ojos y membranas mucosas).

Además de examen físico e historial clínico de la paciente, se prescribirá para el diagnóstico preciso una biopsia del hígado, la cual no siempre es posible durante el embarazo, pero podrá respaldarse con análisis de sangre o ultrasonido como los explicados con anterioridad.

Una vez que se valora el trastorno y si su grado de avance es alto, se induce el parto tan rápido como sea posible para minimizar los riesgos de madre y bebé, situación que se presenta en porcentaje muy bajo, por fortuna.

Como puede verse, es posible que si se tienen unos kilitos de más se empiece a desarrollar un problema en el hígado que ponga en riesgo la salud. No esperemos a que haya manifestaciones y acudamos a revisión con el especialista cuanto antes.

SyM - Raúl Serrano

 

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