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Mariscos: excelente nutrición, pero con precaución

Los mariscos son ricos en proteínas y minerales, por lo que son excelentes sustitutos de carnes rojas en Cuaresma, amén de que pueden formar parte de la dieta diaria. Sin embargo, su consumo debe ser cuidadoso para evitar reacciones alérgicas e intoxicaciones.

El mar alberga gigantesca diversidad de animales que pueden sorprendernos por sus habilidades, costumbres migratorias, adaptación a climas diversos o debido a sus colores llamativos y formas caprichosas. Sin embargo, existe otro motivo, mucho más cercano a nosotros, que nos lleva a admirar la riqueza de los océanos: el valor nutricional de los mariscos para la dieta del ser humano.

Además de mamíferos (como ballenas y focas), reptiles (tortugas) y peces (tiburón, atún, sardina, arenque, huachinango, merluza y bacalao entre muchos más), la captura de animales marinos con fines alimenticios tiene especial preferencia por enorme grupo de especies conocidas como mariscos, las cuales son criaturas sin esqueleto (invertebradas) que viven en distintas profundidades oceánicas y que son empleados en numerosos platillos.

Los mariscos, cuyo nombre significa "del mar", pueden dividirse en dos clases:

Los enormes litorales mexicanos (su extensión supera los 9,000 km) cuentan con envidiable variedad de especies de mariscos, pese a lo cual son relativamente pocos quienes consumen los llamados "frutos del mar" de manera habitual; por ello, y aunque esta tendencia se llega a contrarrestar durante los días de Cuaresma, bien vale la pena considerar las propiedades alimenticias de crustáceos y moluscos para incorporarlos a la dieta cotidiana y aprovechar sus numerosas ventajas ante otros productos de origen animal con mayor demanda.

Variedad y nutrición

De entre extenso abanico de posibilidades, existen muchos mariscos en el océano mexicano que se distinguen por su sabor y sabia inclusión en diversas recetas, siendo algunos de ellos:

En general, los mariscos aportan al organismo elementos muy importantes para conservar la salud, como vitaminas A y D, aunque se destacan más por tres minerales:

Otro tanto hay que decir del zinc, mineral que es particularmente abundante en los ostiones y que es esencial para la actividad sexual en varones, ya que ayuda a mantener la salud de la próstata y a incrementar la libido (energía sexual); de ahí la propiedad afrodisíaca de los ostiones que popularmente se le atribuye y que la ciencia Médica ha corroborado en años recientes a través de algunas investigaciones.

Mención aparte merecen las proteínas de alta calidad que ofrecen estos alimentos, las cuales son empleadas por nuestro organismo para reparar y mantener los tejidos del cuerpo; también son útiles en la producción de leche materna y para garantizar el crecimiento de uñas y cabello; son también componentes importantes del sistema inmunológico (que nos protege de enfermedades) y ayudan a transportar los nutrientes en la sangre.

Aunque no tienen tantas vitaminas del complejo B, los productos del mar son, en términos generales, más recomendables que las carnes rojas en cuanto al nivel de calorías. Sin embargo, se debe aclarar que mientras los crustáceos poseen bajo contenido de grasas, los moluscos incluyen considerable cantidad de colesterol, por lo que las personas con problemas circulatorios deben evitar comerlos.

También las personas con problemas de presión arterial alta (hipertensión) deben ser cautos en el consumo de mariscos, sobre todo si son ahumados, debido a que el contenido de sales puede afectar el control y tratamiento de su padecimiento.

Precauciones al comer mariscos

Aunque incluir mariscos en la dieta es una costumbre bastante saludable, se deben tener algunas consideraciones para evitar problemas por su consumo, pues estos alimentos exigen condiciones cuidadosas para su conservación, y en ocasiones llegan a causar reacciones alérgicas.

Una conservación deficiente, es decir, en la que los productos se expongan al calor y se guarden en lugares con escasa higiene, puede ser responsable de que los comensales sufran infecciones ocasionadas por bacterias, como salmonelosis o cólera, padecimientos que se caracterizan por síntomas como diarrea, fiebre y dolores abdominales, los cuales aparecen entre 10 horas y 3 días después del consumo del alimento contaminado.

Por tanto, es importante abstenerse de consumir mariscos crudos o de origen desconocido, evitar aquellos que se venden en puestos ambulantes o en sitios donde no existan refrigeradores para conservarlos, y si se preparan en casa se debe procurar que estén el menor tiempo posible fuera del congelador o el refrigerador.

En general, el tratamiento para estas enfermedades incluye descanso y reposición de líquidos y sales; asimismo, y debido a que son distintas bacterias las que generan estos padecimientos, se requiere la asistencia de un médico general o de urgencias para determinar qué tipo de infección es la que afecta al paciente, así como el antibiótico más adecuado para acabar con ella.

Por otra parte, se debe tener especial cuidado de no consumir moluscos ni crustáceos originarios de una población en la que se haya presentado el fenómeno "marea roja" ya que, a pesar de ser frescos y de tener apariencia apetitosa, resultan dañinos para la salud.

La marea roja se debe a que las condiciones climatológicas en determinada región favorecen el aumento de ciertos microorganismos que tiñen al mar de color amarillo, verde, café y, sobre todo, rojo, y, al mismo tiempo, generan alta concentración de toxinas que se alojan en el organismo de peces, crustáceos y moluscos.

Su consumo puede provocar intoxicación por mariscos, la cual presenta síntomas similares a los de una infección, como dolor abdominal agudo, malestar general, diarrea y vómito. Su tratamiento no requiere el uso de antibióticos, sino de medicamentos que reduzcan los síntomas (en este caso antihistamínicos) y de abundantes cantidades de agua para reponer líquidos. Su atención siempre requerirá de ayuda médica especializada.

Un punto más a considerar es que las proteínas de estos alimentos pueden ocasionar reacciones adversas en personas sensibles; de hecho, los mariscos son la tercera causa de alergia, después de la leche de vaca y el huevo, e incluso llegan a desencadenar síntomas sólo por inhalar los vapores que emiten durante su cocción.

Las reacciones alérgicas no aparecen en la primera ingestión de mariscos, sino luego de una segunda o tercera ocasión, ya que, si es el caso, toma un poco de tiempo para que el organismo se sensibilice a las sustancias que percibe como perjudiciales. Los síntomas pueden incluir cosquilleo e inflamación de boca y garganta, dolor abdominal, náusea, vómito y diarrea, así como aparición de ronchas en distintas regiones de la piel, tos con silbidos, estornudos, exceso de mucosa nasal e, incluso, coloración azul de la piel (cianosis), baja presión arterial (hipotensión) y pérdida de conciencia.

El tratamiento de alergia por mariscos requiere atención médica para la correcta administración de antihistamínicos y otros medicamentos, los cuales pueden dosificarse incluso a través de una inyección intravenosa en casos muy graves. Asimismo, cuando ya se sabe que estos alimentos generan efectos adversos, se debe evitar su consumo y, de ser posible, se procederá a una terapia con vacunas personalizadas, a cargo de un alergólogo, para reducir reacciones negativas posteriores.

Sólo resta subrayar que el consumo de mariscos es benéfico para nuestro organismo, pero ante todo debe efectuarse con responsabilidad, debido a los posibles efectos que pueden ocasionar. Disfruta de ellos en vacaciones, Cuaresma o todo el año, pero sin arriesgar tu salud ni la de tus seres queridos.