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Qué comer cuando se ha sufrido infarto cardiaco

Miércoles 24 de septiembre del 2014, 09:38 am, última actualización.

La interrupción en el suministro de oxígeno y nutrientes es causa de que parte del tejido del corazón muera, y ello puede tener desenlace fatal en muchas ocasiones. Sin embargo, sobrevivir a este episodio ofrece una segunda oportunidad para modificar hábitos alimenticios dañinos.

Infarto cardiaco, Colesterol en sangre

Aunque en los últimos años la diabetes se ha convertido en una de las principales causas de mortalidad en México, las enfermedades cardiacas siguen ocupando el primer lugar en las estadísticas nacionales. En efecto, las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) señalan que, durante 2005, murieron en nuestro país 495,000 personas, de las cuales 16.4% padecían alguna patología cardiaca.

El panorama es un tanto gris porque, además, se ha comprobado que los infartos al miocardio (tejido muscular del corazón) aparecen a edades cada vez más tempranas: a partir de los 35 años y no a los 50 ó 60 como sucedía hasta hace unos años. Y aunque es innegable que factores hereditarios pueden hacer que algunas personas sean más proclives a sufrir un padecimiento relativo a las arterias que alimentan a este órgano (coronarias), la principal causa se relaciona con la ateroesclerosis.

Dicha enfermedad es de evolución crónica y se caracteriza por la formación de una placa de tejido fibroso y elementos lipídicos (grasas), que paulatina pero consistentemente obstruye los vasos hasta producir insuficiencia del riego sanguíneo y, por ende, falta de oxigenación (isquemia) en el territorio propio de las arterias. Si se pregunta cuál es la causa de este mal, la respuesta es sencilla: alimentación deficiente.

Pa’que te llenes, pa’que te enfermes

La nutrióloga Andrea Cecilia Rosales Campos, egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Xochimilco (sur de la Ciudad de México), explica que, por principio, es difícil hablar de un régimen alimenticio prototipo de los mexicanos, toda vez que “comemos lo primero que tenemos a la mano, ya sean tacos, tortas o refrescos, porque llevamos un estilo de vida donde no hay tiempo ni mucho dinero, pero sí estrés en exceso”.

Paralelamente a esto, señala que “existe un curioso boom por consumir productos ligth o reducidos en grasa y azúcar, pero hay que quitarse la idea de que todos estos productos, sólo por tener esa etiqueta, son inocuos (no causan daño) y pueden consumirse en grandes cantidades”.

Es una realidad, dice la también educadora en diabetes, que la alimentación entre los adultos mexicanos es mala. “Comemos cada vez más, la obesidad va en aumento y lo mismo podemos decir del índice de masa corporal (proporción que se obtiene al tomar en cuenta el peso, estatura y complexión de cada persona). Esto se debe, sin duda, a que hemos copiado lo que hacen los estadounidenses, población que basa su alimentación en el consumo de productos como las papas. Ellos desayunan comen y cenan este vegetal, sin percatarse de que está lleno de almidón y sólo los engorda”.

No podemos decir que los mexicanos no éramos ‘fritangueros’, reflexiona la nutrióloga, “pero si comparamos lo que sucede ahora con lo que ocurría en 1960, por ejemplo, queda claro que nuestra alimentación ha cambiado y que ha disminuido notablemente la actividad física. En la actualidad no caminamos, abusamos del uso del automóvil y, en cambio, la comida rápida está muy cerca, en cada esquina”.

En la alimentación influyen muchos factores y, por citar un caso, dice Rosales Campos, “aunque parezca increíble, el aumento en el precio del frijol provoca que se deje de consumir como se debe y que se prefieran arroz y papas, alimentos que nos ‘llenan’, pero engordan más, nos proporciona menos fibra y tiene mucho menos proteína”.

Colesterol, el culpable

Es importante recordar que el colesterol es un tipo de grasa que forma parte de la membrana celular, por lo que el organismo lo requiere en pequeñas cantidades. El hígado es el órgano responsable de fabricar el 70% de este compuesto, mientras que el 30% restante lo obtenemos de los alimentos que ingerimos.

El gran error, señala la nutrióloga Rosales Campos, es pasar por alto que “en la medida que consumimos más productos de origen animal y grasas saturadas, nos hacemos proclives a tener colesterol elevado”.

Abunda al respecto: “Comer grasas monoinsaturadas (grasas ‘buenas’), como aguacate, pepitas, cacahuates o almendras nos ayudaría a bajar el colesterol malo, pero lamentablemente preferimos otros tipo de nutrientes. Para completar el cuadro, la falta de ejercicio hace que el colesterol se ‘estanque’ y no haya modo de transformarlo o gastarlo”.

Es imposible establecer el tiempo que transcurre para que una persona con este tipo de hábitos alimenticios se enfrente a un problema de ateroesclerosis y, por ende, se incremente el riesgo de sufrir la obstrucción de las arterias cardiacas. Sin embargo, hay indicios de niños de 12 años que ya presentan asentamiento de grasa dentro de sus vías sanguíneas, lo cual indicaría una alta probabilidad de que en el futuro, cuando sean adultos, desarrollen problemas como los descritos.

Dentro de poco nuestra percepción del problema será más clara pues, a decir de la entrevistada, “próximamente tendremos información de primera mano sobre esta situación. En este momento se realiza un estudio en el que se analizan grupos de todas las edades para saber en qué momento hay mayor predisposición a tener un infarto”.

El estudio en referencia está a cargo de Resultados Médicos, Desarrollo e Investigación (Remedi), organización que es dirigida por el Dr. Joel Rodríguez Saldaña, quien también funge como presidente médico de la Federación Mexicana de Diabetes.

A comer se ha dicho

El corazón que sufre un infarto no se regenera, es imposible. Quien haya vivido esta experiencia tendrá, en menor o mayor medida, una especie de cicatriz que señalará la zona en la que ocurrió la muerte del tejido. Sin embargo, siempre hay algo que hacer, y lo primero es cambiar la alimentación para prevenir un nuevo ataque.

En este sentido, la nutrióloga Rosales Campos, quien forma parte de la planta de especialistas del Centro Médico del Valle, en la ciudad de México, puntualiza que la persona que acaba de sufrir un infarto y se encuentra en recuperación “deberá sujetarse a un plan de alimentación baja en grasa y sodio (sal), además de que prácticamente comerá productos asados o cocidos.

“La sal se restringe a una cucharadita cafetera para todos los guisos del día, al mismo tiempo que se controla la ingestión de líquidos. Para ello, se maneja lo que llamamos una relación de 1 a 1, lo que significa que si al paciente le corresponden 1,800 calorías, deberá consumir un litro, 800 mililitros de agua: un litro como tal y el resto proveniente de caldos, sopas, jugos o de los mismos alimentos.”

El tiempo que el paciente permanecerá bajo este régimen es variable porque cada organismo reacciona en forma diferente, “pero se puede decir que, en promedio, debe seguir esta disciplina durante un mes. Posteriormente se incorporarán carbohidratos poco a poco, para que la persona tenga mayor energía, pero también se incrementan los líquidos. Lo que no tiene variación durante dos ó tres meses es el consumo reducido de grasas y sal”, afirma la especialista.

A estas recomendaciones se debe sumar la restricción para comer productos enlatados y embutidos, al menos durante tres meses. Por su parte, el consumo de verduras de hoja verde oscuro (berros, espinacas, acelgas) estará controlado, ya que poseen sodio; la lechuga escapa a esta prohibición, por lo que se puede considerar como un alimento libre que, junto con el pepino, por ejemplo, o la jícama y la zanahoria en menor medida, puede calmar la sensación de hambre.

¿Hay alimentos prohibidos?

Se podría pensar que un individuo que ha sufrido un infarto está condenado a comer insípidamente de por vida, como si tal fuera su castigo por no cuidar su salud. No se trata de eso, explica la nutrióloga Rosales Campos, quien afirma que “en los planes no se mencionan alimentos prohibidos, sino recomendaciones de las cantidades que se deben consumir. A nadie le caen mal una o dos rebanadas de tocino cada mes, pero sí 100 gramos del mismo alimento diariamente”.

De acuerdo con este esquema, “recomendamos que el café no rebase las dos tazas al día y que sea sin cafeína. El vino tinto es una buena opción, sin rebasar una copa al día, y al alcohol en general es mejor evitarlo, pues hay que recordar que el organismo lo transforma en grasa y que cuando se consume en grandes cantidades es como si me hubieran tomado cucharadas de aceite”.

Finalmente, hay que tener mucho cuidado con todos los refrescos, “independientemente de que sean ligth o no, y con los productos enlatados, ya que casi todos contienen sodio en grandes proporciones. Hay que preferir, asimismo, grasas de origen vegetal, es decir, aceite de cánola u oliva; el primero para guisar y el segundo para aderezar ensaladas”.

Por supuesto, recomienda la experta en nutrición, hay que abandonar los bufets, la comida chatarra y la fast food, además de los perjudiciales hábitos relacionados con la ingesta de manteca, el recalentado de los aceites y el excesivo consumo de huevo. Una sugerencia más: beber mucha agua y aprender a degustar las gelatinas ligth.

¡Qué bonita familia!

Dicen que todas las cosas, por malas que parezcan, tienen un lado positivo. Un infarto cardiaco es, por sí mismo, una llamada de atención muy fuerte para el afectado, pero es deseable que opere como un detonante para su familia y amistades más cercanas, a fin de modificar hábitos dañinos.

Por último, es fundamental recordar que el paciente se encuentra en riesgo de sufrir un nuevo episodio crítico, por lo que resulta imperativo que haya consistencia en la modificación de su estilo de vida. Ello incluye ser disciplinado con el tratamiento médico, la calidad de los alimentos y la practica de ejercicio cotidiano. Sólo así es factible sacar partido de una experiencia que pudo ser fatal.

Qué comen los capitalinos

De acuerdo con la segunda Encuesta Urbana de Alimentación y Nutrición en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (Enurbal 2002), la dieta de los habitantes de esta región se caracteriza por bajo consumo de frutas y verduras, y ello se traduce en seria deficiencia de fibra y antioxidantes. En contraparte, el consumo de alimentos industrializados y de origen animal es muy común y, por ende, existe alto consumo de azúcar, harinas refinadas y grasas saturadas.

Qué comen los capitalinos

De acuerdo con la segunda Encuesta Urbana de Alimentación y Nutrición en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (Enurbal 2002), la dieta de los habitantes de esta región se caracteriza por bajo consumo de frutas y verduras, y ello se traduce en seria deficiencia de fibra y antioxidantes. En contraparte, el consumo de alimentos industrializados y de origen animal es muy común y, por ende, existe alto consumo de azúcar, harinas refinadas y grasas saturadas.

Alimento o producto

Cantidad por año

Carne de res

15 kilos

Carne de pollo

20 kilos

Huevo

20 kilos

Frijol

9.9 kilos

Carne de cerdo

10 kilos

Pescado

4 kilos

Azúcar

50 kilos

Tortillas

3,650 piezas

Refrescos

400 piezas

Cervezas

730 piezas

Cigarros

365 piezas

 

Antojitos y algo más

No está de más conocer la cantidad de calorías que hay en algunos alimentos muy comunes. A continuación, información proporcionada por la Escuela de Dietética y Nutrición (EDN) del Instituto de Servicios y Seguridad Social de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Alimento

Calorías

Torta de tamal

De 395 a 485

Tacos al pastor (10)

1325

Torta de milanesa

De 677 a 820

Enchiladas (3) de mole con queso y crema

810

Tacos de barbacoa (2)

540

Pozole verde con pollo

467 por ración

Tamales de hojas verdes (espinacas o verdolagas)

535 por ración

Tostadas de pata

375 por ración

Agua de horchata, guanábana y limón

Entre 77 y 119 por ración

Paella

528 por ración

Chiles en nogada

395 por ración

Caldo de pescado

98 por ración

Niveles de colesterol

También es útil recordar las cifras de grasas en sangre que recomiendan los especialistas (representadas en miligramos por decilitro o mg/dl) para evitar problemas cardiacos.

 

Deseable

Límite

No deseable

Colesterol total

menos de 200

200-240

más de 240

Colesterol LDL

menos de 130

130-160

más de 160

Colesterol HDL

más de 45

35-45

menos de 35

Triglicéridos

menos de 200

200-400

más de 400

SyM - Juan Fernando González G.

 

Comenta el tema o, si tienes alguna consulta médica, da clic aquí y los especialistas de la sección Pregunta al Médico responderán tus dudas.


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