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Termogénicos: ¿en realidad ayudan a bajar de peso?

Los termogénicos se venden en tiendas, plazas comerciales e Internet como potentes reductores de grasa corporal, pero su eficacia y seguridad siguen siendo tema de debate ante numerosas evidencias que los señalan como responsables de numerosos problemas en el organismo.

La obesidad ha cobrado gran importancia, pues 20% de los hombres y 25% de las mujeres en el mundo rebasan en algún grado su peso ideal. México no es la excepción y participa en las estadísticas mundiales con altísimo porcentaje de personas con sobrepeso, sin que las expectativas a corto plazo luzcan favorables.

Los pacientes obesos suelen enfrentar su situación con un doble discurso: por un lado se muestran inconformes con su apariencia y se quejan constantemente por ello pero, a su vez, la trivializan al decir que no pueden apartarse de la comida, que son “adictos a los carbohidratos” y los postres son su debilidad, o que no tienen tiempo para comer saludablemente.

No es casual saber que estas personas buscan soluciones sencillas y rápidas para un problema que es complejo y requiere tiempo para su resolución. Por ello suelen ser blanco de dietas “milagro”, además de que prefieren ingerir preparaciones “naturales” o que “provienen de la medicina tradicional” antes que acudir con un especialista en nutrición o someterse al escrutinio de un equipo multidisciplinario que ofrezca información ética y profesional.

Como parte de este fenómeno se ha hablado mucho en fechas recientes sobre los productos termogénicos, es decir, aquellos que “queman grasa” del cuerpo y que son comercializados tanto por establecimientos que se promueven como “especialistas en nutrición”, como por vendedores callejeros que, obvio, ignoran aspectos fundamentales de la salud.

Un vistazo

El Dr. Heriberto Vázquez Flores, adscrito a la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey (Nuevo León, norte de México), explica que la mayoría de los termogénicos contienen formas herbales de cafeína y alcaloides de efedrina, compuestos que forman parte de numerosas plantas empleadas en medicina tradicional china.

La adopción de estas fórmulas en la cultura occidental se dio por mero accidente cuando, en 1972, en Dinamarca, el Dr. Erikson notó la pérdida de peso en algunos pacientes a quienes había prescrito efedrina, cafeína y fenobarbital para tratar el asma.

Tal combinación fue aprovechada cinco años después por una casa farmacéutica que la vendió como extraordinario tratamiento para la obesidad (se le conoció como “píldora Elsinore”, en honor a la ciudad en que se descubrió), hasta que el Instituto de Salud Danés la prohibió porque el fenobarbital ocasionaba erupciones cutáneas.

Más adelante, la combinación de efedrina y cafeína fue estudiada en una investigación médica. Quienes la ingirieron redujeron 8.1 kg de peso en promedio, en tanto que el grupo que tomó placebo (producto sin sustancia activa) solamente perdió 4.1 kg.

Las investigaciones también se enfocaron a cada compuesto por separado. La efedrina se mostró como sustancia que por sí misma es capaz de alterar la respuesta termogénica del organismo, es decir, la acción de “quemar grasa”. En concreto, el Dr. Vázquez Flores refiere que un grupo que recibió dosis fija y constante de efedrina durante tres meses tuvo “aumento sostenido de 10% en el metabolismo e incremento en la oxidación de los lípidos (grasas)”.

Por su parte, investigaciones realizadas con cafeína también concluyeron que dicho compuesto es eficaz para reducir la grasa corporal, y ayuda a mejorar la actividad del sistema nervioso central, es decir, cerebro y médula espinal.

Una vez que se dieron a conocer estos resultados, estudios posteriores sobre la combinación de ambas sustancias dejaron en claro que sus propiedades se potencian a tal grado que la reducción de peso que generan es espectacular. Sin embargo, conforme se llevaron a cabo más investigaciones, empezaron a revelarse efectos secundarios de esta combinación que, desafortunadamente, también son sorprendentes.

¡Cuidado!

En el año 2000 se publicaron amplias investigaciones sobre las consecuencias de consumir efedrina y cafeína. Entre las personas que reportaron molestias, 47% tuvieron problemas circulatorios y 18% sufrieron repercusiones en el sistema nervioso central.

La presión arterial elevada (hipertensión) fue el efecto más documentado; le siguieron palpitaciones (latidos fuertes y acelerados), taquicardia (ritmo cardiaco irregular), infarto (falta de suministro de sangre en alguna región del organismo, principalmente el corazón) y convulsiones (sacudidas involuntarias). Por si fuera poco, el reporte incluyó 10 muertes relacionadas con esta fórmula.

Aunque queda mucho por saber sobre los efectos de estas fórmulas, las sospechas han hecho que las instituciones de regulación sanitaria se nieguen a validarlas. Sin embargo, es fácil encontrarlas en locales o a través de Internet, debido a que no hay supervisión estricta de su comercialización.

Cierto, no existe regulación nacional o internacional y la información acerca de estos “reductores de grasa” es vaga. Nadie sabe ni pregunta sobre la validez de las leyendas y recomendaciones que aparecen en etiquetas o empaques, y cándidamente se acepta el testimonio de quien se encuentra tras un mostrador con una bata blanca.

El Dr. Vázquez Flores llama la atención sobre este aspecto en el artículo Termogénicos y lipolíticos: ¿realidad o ficción?, publicado en la revista médica Avances, donde hace referencia a los resultados de un estudio que se efectuó con productos comerciales que contienen efedrina y cafeína. Una conclusión interesante fue que la cantidad de ambas sustancias es muy variable y el contenido real no coincidía con el que marcaba la etiqueta, ya que en algunos casos se sobrepasó hasta en 110% la efedrina reportada.

Para ser más contundentes, vale la pena decir que la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés), organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos, aprueba la venta de cafeína sin prescripción solamente en dosis de 1,600 mg al día, mientras que el uso de la efedrina está completamente prohibido.

Más vale bueno por conocido...

Como se puede observar, muchas fórmulas que se comercializan como productos naturales no cuentan con investigación ni soporte científico que validen su eficacia, calidad y seguridad para ser utilizados por pacientes obesos.

Sin embargo, quienes fabrican estos compuestos saben que esas personas buscan soluciones mágicas y consideran más fácil tomar una cápsula barata que comprometerse a cambiar de hábitos alimenticios y emprender un plan de ejercicio supervisado por un especialista.

La gente con sobrepeso está expuesta a muchas enfermedades, como diabetes (elevación de azúcar en sangre por la incapacidad del organismo para aprovecharla), presión sanguínea elevada, altos niveles de colesterol y problemas articulares, entre otras, y no es fácil determinar cómo puede reaccionar el organismo ante productos milagrosos que no han sido prescritos por un médico experto.

El Dr. Vázquez Flores concluye que de nada valdría reglamentar la venta de este tipo de artículos si antes no se practican estudios científicos serios que determinen los beneficios y riesgos en los consumidores. Hoy, sentencia el experto, “la comunidad médica debe desalentar el uso de estos productos y educar a sus pacientes sobre la realidad de las formulaciones comerciales”.