Sarampión, manchas y erupción en la piel por virus - SyM
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Sarampión, peligrosa erupción

Martes 28 de marzo del 2017, 05:29 pm, última actualización

Hasta hace unas décadas 90% de la población padecía sarampión en su niñez; las generaciones actuales prácticamente no conocen esta enfermedad, gracias a campañas mundiales de vacunación mediante las cuales casi ha sido erradicado. No obstante, el padecimiento es altamente contagioso, por lo que debemos proteger a los niños.

Sarampión, peligrosa erupción

El virus del sarampión generalmente se contrae en los meses de invierno y primavera, y por la facilidad con que se propaga se convierte en "epidemia", sobre todo en las escuelas, de donde los niños lo llevan a sus casas para contagiar involuntariamente a sus hermanos y compañeros de juego. El microbio se propaga por las gotas de las secreciones nasales del pequeño afectado, se esparcen cuando tose, estornuda o habla, así como al entrar en contacto directo con objetos o prendas que hayan sido usados por alguna persona infectada.

El periodo de incubación del sarampión (desde la exposición al contagio hasta la aparición de los primeros síntomas) es de aproximadamente 11 días, y el lapso de contagio empieza de 3 a 4 días antes de que aparezcan signos como las manchas de Koplick, que son pequeños puntos blancos como granitos de sal, que se observan en la cara interna de las mejillas, seguidos de la característica erupción en la piel, que comienza en la línea del crecimiento del cabello y detrás de las orejas, extendiéndose por todo el cuerpo en un término de 36 horas.

Al inicio de la afección se puede confundir fácilmente con catarro intenso, ya que el enfermo se siente cansado, tiene abundante secreción nasal, tos persistente, un poco de fiebre y dolores musculares. La conjuntiva de los ojos (zona blanca que rodea a las pupilas) enrojece y se vuelve muy sensibles a la luz. La fiebre sigue aumentando día a día hasta que la erupción cutánea se generaliza, y las marcas comienzan a tomar un color oscuro y desaparecen poco a poco conforme va declinando la enfermedad, en un periodo que dura regularmente siete días.

El enfermo debe permanecer en una habitación donde únicamente tengan acceso personas que ya han padecido la enfermedad, en un ambiente fresco pero a buena temperatura, con la luz del sol atenuada, ya que puede causar molestias al enfermo; se le debe alimentar ligeramente y varias veces al día, y hacer que beba muchos líquidos. Para atenuar las molestias como catarro, dolor del cuerpo y fiebre se pueden administrar analgésicos y antipiréticos de libre venta.

A largo plazo

Enfermedades como el sarampión resultan delicadas porque reducen considerablemente la resistencia del organismo infantil hacia otras infecciones como bronquitis, neumonía y otitis (inflamación del oído), que afecta la percepción auditiva. Otra complicación grave es la encefalitis sarampionosa (inflamación del cerebro), que es grave y produce secuelas como retraso mental, por lo que es fundamental que el afectado evite contacto con todo aquel que tenga catarro o tos, ya que puede atrapar estas infecciones, además de vigilar que la fiebre no persista más de dos días después de haber desaparecido la erupción; si persisten dolor de cabeza, nuca, oídos, faringe, tórax o abdomen se debe notificar al médico inmediatamente.

Para prevenir estos riesgos y evitar el contagio a otros niños, el pequeño debe aislarse desde que se le diagnostica la enfermedad hasta que la temperatura vuelve a la normalidad y el exantema (erupción en la piel) comienza a desaparecer. Una vez que el paciente se ha restablecido, debe procederse a una limpieza meticulosa y adecuada ventilación de la habitación que ocupó.

La gran aliada para su erradicación es la vacuna contra sarampión, que se suministra a los pequeños a los 12  meses de edad y, posteriormente, a los 6 años. Es deber de los padres de familia poner atención en estos periodos de vacunación, ya que es mucho menos peligroso aliviar las molestias de la vacuna (fiebre leve y dolencias musculares) que tratar con la enfermedad. Los gobiernos de cada región establecen periodos de vacunación cada 6 o 12 meses en los que se suministran inmunizaciones de sarampión, paperas y rubéola en una sola dosis; sirva como acotación que en la mayoría de los países se exige la cartilla de vacunación actualizada como condición previa para iniciar la escuela.

Por lo general, aquel que contrajo la enfermedad queda inmune; sin embargo, es aconsejable vacunarse si no se está seguro de haberlo hecho en la niñez o si sólo ha recibido una dosis, ya que existe una complicación extraña de la enfermedad (panencefalitis esclerosante subaguda) que aparece meses o años después de la infección debido a que el virus queda en el cerebro y se reactiva por razones desconocidas, produciendo daño cerebral, convulsiones y movimientos musculares involuntarios. Aunque estos casos son muy raros, lo mejor es proteger a tus hijos a su debido tiempo. 

SyM - Nizarindani Sopeña

 

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