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Dermatitis atópica, verdugo de la piel

Las víctimas preferidas de la dermatitis atópica son bebés y niños; no obstante, también puede hacer estragos con la piel de adolescentes y adultos. A este padecimiento se le considera crónico debido a que suele persistir durante periodos prolongados ocasionando irritación, ampollas, descamación, comezón intensa y susceptibilidad a infecciones.

 

También llamada eccema, la dermatitis atópica suele manifestarse mediante sensibilización extrema en la epidermis, por lo que cuando este tejido se expone a sustancias que normalmente no generan daño alguno a población sana (por ejemplo, jabones, lociones, perfumes, metales o fibras sintéticas), el sistema inmunológico erróneamente las reconoce como peligrosas y desencadena la producción de histamina, sustancia responsable de la inflamación, comezón y enrojecimiento en la epidermis, aunque también se ha observado que estos síntomas pueden aparecer o agravarse cuando se viven situaciones de estrés.

¿De dónde viene?

Diversas investigaciones han demostrado que la dermatitis atópica es de origen hereditario, es decir, los padres pueden transmitirle a sus hijos una anomalía en el sistema inmunológico que ocasiona sensibilidad exagerada hacia algunos estímulos del ambiente. Además, se ha observado que este padecimiento frecuentemente está asociado a enfermedades como asma (afección que obstruye las vías respiratorias) y rinitis (inflamación de la mucosa nasal).

Cabe destacar que hace varios años la dermatitis atópica era conocida como neurodermatitis, ya que se demostró que la piel de los afectados presentaba reacciones anormales en ciertas regiones provistas de terminales nerviosas sensitivas que normalmente controlan sudoración o secreción de las glándulas productoras de sebo.

Ahora bien, aunque en la actualidad se sabe que estrés o emociones intensas pueden exacerbar o generar brotes de dermatitis, ello no significa que ésta sea la causa del padecimiento. Simplemente es un factor desencadenante, al igual que sudoración excesiva, exposición prolongada al Sol, roce con ropa áspera, así como contacto directo con solventes, jabones, detergentes, combustibles y metales.

Por otra parte, también se tiene conocimiento acerca de ciertos alimentos que suelen asociarse a la sensibilización cutánea, ya sea al ingerirlos o al tener contacto con ellos a través de la piel.

¿Cómo se manifiesta?

La mayoría de los pacientes con dermatitis presentan brotes de irritación en algunas regiones de la epidermis, lo cual es variable; por ejemplo, en lactantes es frecuente que se generen en mejillas, frente, pecho, espalda, piernas, brazos y parte interna de muñecas; en niños tienden a aparecer en pliegues de cuello, brazos y rodillas, en tanto que en adolescencia y etapa adulta tiene predominio en tórax, brazos, piernas y manos.



Lo que si es común en todos los pacientes son las molestias que suele generar la dermatitis, mismas que incluyen:

Cuando los episodios de dermatitis atópica se manifiestan en forma leve suelen mejorar sin tratamiento; sin embargo, la mayoría de las veces se requiere que el paciente tome medicamentos y aplique pomadas o ungüentos.

¿Qué se puede hacer?

Si se sufren los síntomas antes descritos es indispensable acudir al dermatólogo, pues este especialista después de realizar historia médica completa y revisión física puede confirmar si el afectado padece o no dermatitis atópica.

Cuando el diagnóstico es positivo, el especialista médico en piel regularmente recomienda seguir algunas medidas para aliviar los síntomas, las cuales contemplan:

Por otra parte, hay que tomar en cuenta que en casos más graves el dermatólogo prescribirá algunos medicamentos, los cuales incluyen las siguientes clases farmacéuticas:

Considera que la dermatitis atópica requiere tratamiento constante, ya que la mejoría no es evidente en forma inmediata; por ello, es muy importante seguir al pie de la letra las indicaciones del dermatólogo y no desesperarse, ya que cuando menos lo esperes el problema estará bajo control.