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Escaras, llagas en la piel por falta de circulación

Viernes 14 de febrero del 2014, 11:16 am, última actualización.

Escaras y úlceras por presión son lesiones generadas en la piel que afectan a usuarios de sillas de ruedas y convalecientes en cama, debido a que el mismo peso corporal del paciente y la falta de actividad generan deficiencias en la irrigación sanguínea. Este problema generalmente afecta a mayores de 70 años, pero puede evitarse si se toman precauciones.

Escaras, Llagas en la piel

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y en ella recae la responsabilidad de protegernos contra calor, luz, lesiones e infecciones generadas por microorganismos. Pero sus funciones no terminan ahí, ya que también desempeña un papel vital en la regulación de la temperatura corporal, almacenamiento de agua y grasa, así como en la percepción de estímulos del exterior a través del sentido del tacto.

Para que esto ocurra es indispensable el funcionamiento de dos importantes elementos: una compleja y especializada serie de terminaciones nerviosas, responsables de enviar y recibir mensajes provenientes del cerebro, así como una no menos extensa red de vasos sanguíneos, encargados de distribuir nutrientes, transportar hormonas y algunas células de defensa. Por ello, no es extraño que cuando estos mecanismos fallan se presenten severos daños en la piel.

Tal es el caso de las escaras o úlceras por presión, las cuales son lesiones ocasionadas por deficiente circulación sanguínea en zonas determinadas del organismo, mismas que, debido a falta de movilidad, sostienen gran parte del peso corporal durante largos periodos de tiempo. Por ello, los grupos más vulnerables son individuos convalecientes o que permanecen inmóviles en cama, así como usuarios de sillas de ruedas y personas de la tercera edad.

El mayor riesgo de estas molestas heridas radica en que pueden infectarse, entorpecer y prolongar periodos de atención hospitalaria e incluso amenazar la vida del paciente. Por fortuna, la mayoría de las escaras pueden evitarse a través de medidas de prevención concretas, mismas que enunciamos más adelante.

Origen y grupos de riesgo 

La causa principal de las escaras es, definitivamente, la inmovilidad, ya que un individuo que permanece mucho tiempo en la misma posición (sentado o acostado) corre el riesgo de interrumpir la irrigación de sangre en ciertas zonas, pues se sabe que la falta de oxígeno durante más de 2 o 3 horas ocasiona la muerte de tejidos de la piel, comenzando por su capa externa (epidermis).

Cabe mencionar que la rica irrigación de este órgano es favorecida por movimientos que realizamos todo el día, de modo que caminar, efectuar reparaciones en casa o elaborar un platillo nos ayuda a activar cientos de funciones sin que estemos concientes de ello. Aún cuando permanecemos dormidos o sentados por largo tiempo, existen ligeros desplazamientos corporales que alternan nuestros puntos de apoyo, y que son estimulados muchas veces por sensación de dolor o molestia, generados por el sistema nervioso.

Sin embargo, hay pacientes cuya condición impide el seguimiento o la percepción de estos impulsos, y que son quienes tienen mayor riesgo de desarrollar úlceras por presión. Este grupo comprende a personas minusválidas o muy debilitadas; también a quienes sufren lesión de algún nervio debido a herida o golpe, así como a individuos con menos sensibilidad al dolor debido a hipertensión (presión arterial alta), diabetes o estado de coma.

Cuando el peso corporal interrumpe el riego sanguíneo, la zona de piel privada de oxígeno se enrojece e inflama, luego de lo cual muere, se endurece y adopta apariencia oscura (grisácea o negra). En concreto, estas formaciones son las escaras, mismas que se romperán para dar lugar a las úlceras por presión (también llamadas úlceras por decúbito o de la piel).

Además de que muchas personas de la tercera edad corren el riesgo de atravesar por periodos de convalecencia prolongados, el riesgo de esta población de sufrir escaras aumenta debido a la paulatina pérdida de sensibilidad nerviosa, de modo que factores adversos que no perciben con facilidad, como fricción prolongada ocasionada por ropa y zapatos ajustados o exposición continua a la humedad (por sudación frecuente, orina o heces) puede debilitar la superficie de la piel y hacerla más propensa a padecer alguna ulceración.

Otro motivo que favorece la aparición de úlceras por presión es la desnutrición, ya que en este caso el organismo carece de una capa de grasa subcutánea que actúa como almohadilla protectora en los bordes de los huesos más prominentes (como ocurre en las caderas) y que impide la interrupción en el flujo de las vías sanguíneas. Además, en estas personas hay carencia de nutrientes esenciales, por lo que la piel es débil y no se cura correctamente.

Tipos y prevención de escaras

Habitualmente las escaras causan cierto dolor y comezón poco antes de formarse, pero en el caso de las personas con sensibilidad afectada se pueden desarrollar heridas muy graves y profundas sin que lo noten; este hecho llega a ser muy alarmante debido a que puede presentarse un proceso infeccioso ocasionado por bacterias oportunistas, el cual retrasa la curación e incluso puede constituir una amenaza mortal cuando la lesión es muy profunda.

Las úlceras por presión se clasifican de acuerdo a sus posibles grados de evolución en los siguientes tipos o grados:

  • Uno. La lesión no está formada realmente, pero la piel luce enrojecida.
  • Dos. Los tejidos se inflaman, endurecen y se vuelven oscuros (escaras); muchas veces se forman ampollas y comienza la destrucción de la epidermis
  • Tres. La úlcera se abre y dejan expuestas las capas más profundas de la piel.
  • Cuatro. La herida se extiende profundamente a través de la piel y la grasa hasta el músculo.
  • Cinco. El mismo músculo queda destruido.
  • Seis. Es el más profundo de los estadios de úlcera por presión; se observa incluso el hueso, dañado y a veces infectado.

La aparición de escaras puede prevenirse mediante intensiva atención al paciente, lo que implica la participación de asistentes y familiares, además de enfermeras. La cuidadosa inspección diaria de la piel de las personas que permanecen en cama o utilizan silla de ruedas permite detectar el enrojecimiento inicial, mismo que es el indicador de que se requiere de acción inmediata para evitar la ruptura de tejidos. Se debe ser especialmente cuidadoso en las zonas que reciben mayor peso y que son presionadas por huesos, como caderas, parte inferior de los glúteos, base de la columna vertebral y talones.

Los extremos más prominentes de los huesos pueden protegerse con materiales blandos que compacten el peso, como algodón o lana; también se puede recurrir a aditamentos como almohadillas especialmente diseñadas para emplearse en camas, sillas comunes y de ruedas, a fin de reducir la presión. Asimismo, quienes deben pasar mucho tiempo acostados pueden usar colchones especiales, llenos de aire o de agua.

Quienes no pueden moverse por sí solos deben ser cambiados de posición con frecuencia, de modo que en ocasiones queden recostados de lado y otras boca arriba, de acuerdo a las recomendaciones del médico; lo habitual es hacerlo cada 2 horas y mantener la piel del paciente limpia y seca.

Asimismo, las personas que ya presentan escaras en distintas partes del cuerpo pueden recurrir a colchones de aire o de hule espuma con relieve especial (similar al de los cartones que se emplean para empacar el huevo), los cuales permite disminuir la presión y proporcionan alivio.

Tratamiento para escaras

Atender una úlcera por presión es mucho más difícil que prevenirla; afortunadamente, el cuidado y la observación constantes permiten detectar a las heridas en su primera etapa, justo cuando suelen curarse por sí solas una vez que se elimina la presión sobre la piel. En estos casos, se sabe que mejorar la salud general tomando suplementos de proteínas y calorías puede ayudar a acelerar la curación.

Cuando la piel comienza a ulcerarse se recomienda protegerla con gasas impregnadas de petrolato, el cual impide que la curación se adhiera a la herida. Este tipo de lesiones requiere observación continua para detectar el posible surgimiento de una infección.

En caso de heridas más profundas, el uso de vendajes especiales que contengan material gelatinoso puede favorecer el crecimiento de piel nueva. Si la úlcera parece infectada o supura (forma líquido blanquecino o pus), deberá lavarse suavemente con agua y jabón, o usar antisépticos especiales, como el yodo de povidona, que no lesiona los tejidos pero elimina el material infectado y muerto. Siempre se evitará friccionar demasiado para no retrasar la curación.

Cuando hay demasiados tejidos muertos se requiere la participación de un dermatólogo, quien se encargará de eliminar (desbridar) el material inservible con ayuda de ciertos agentes químicos de uso hospitalario o de un escalpelo, que es un instrumento en forma de cuchillo pequeño, de hoja fina y puntiaguda.

Las úlceras por presión de mayor grado son difíciles de tratar, y en algunos casos requieren trasplante de piel sana a la zona dañada; por desgracia, este tipo de cirugía no siempre es posible, especialmente en ancianos débiles que presentan desnutrición.

Con frecuencia, si una infección se desarrolla en lo más profundo de una úlcera se administran antibióticos, a fin de evitar que los huesos situados debajo de la lesión se infecten, ya que este padecimiento, conocido como osteomielitis, es extremadamente difícil de curar e incluso puede pasar a la corriente sanguínea y extenderse a otros órganos, haciendo necesario tratamiento específico durante varias semanas para evitar un desenlace fatal.

Como puede observarse, resulta indispensable el cuidado de convalecientes, de la tercera edad y minusválidos para evitar las escaras y sus consecuencias, por lo que es importante que los familiares y asistentes de estos grupos aprendan a ofrecer los cuidados necesarios. Son sólo unos minutos de atención que pueden prevenir escenarios indeseables, ¿no lo cree?

SyM - Mario Rivas

 

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