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Quinta enfermedad o eritema infeccioso

Jueves 06 de abril del 2017, 03:25 pm, última actualización

Es más común en menores de 15 años y se distingue porque genera agotamiento, granitos en rostro y cuerpo, así como enrojecimiento de mejillas como si se hubiera recibido una cachetada; sin embargo, también puede afectar a adultos y generar dolor articular, problemas sanguíneos o aborto espontáneo.

Quinta enfermedad o eritema infeccioso

Existen diversos padecimientos infecciosos, ampliamente distribuidos por todo el mundo, que tienen la particularidad de manifestarse con erupción en la piel (granitos o rash) y que los médicos llaman exantemas. Durante mucho tiempo han sido objeto de estudio, pero fue hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando se les intentó clasificar por primera vez, de manera científica, mediante curiosa nomenclatura que utilizaba los dígitos de la numeración romana.

Los avances en Medicina de las décadas posteriores hicieron que dicho ordenamiento, basado en la descripción de síntomas y no en el tipo de microorganismo responsable, mostrara sus deficiencias y se volviera obsoleto. Por ejemplo, se sabe que las categorías de primera y segunda enfermedad corresponden a escarlatina (infección causada por esteptococos) y sarampión (generada por mixovirus), pero no ha quedado claro cuál era la I y cuál la II; a su vez, nunca se pudo comprobar la existencia de la cuarta enfermedad (enfermedad de Dukes o rubéola escarlatinosa), y en nuestros días se piensa que es, en realidad, una variante de escarlatina.

Pese a todo, hay que resaltar que el diagnóstico del eritema infeccioso o megaloeritema fue certero, tanto así que numerosos especialistas y población en general todavía le conocen como antaño: la quinta enfermedad. Este padecimiento es generado por un microorganismo que ataca exclusivamente al ser humano, el parvovirus B19, y aunque muchas personas no están familiarizadas con él, se sorprenderá al saber que los análisis de sangre en adultos muestran que 50% de la población de todo el mundo ha sido portadora.

Bofetada a la salud

El eritema infeccioso ocurre con mayor frecuencia en niños de 4 a 15 años; casi siempre es controlada por el organismo en un periodo corto y raramente genera complicaciones. Los brotes suelen ser comunes durante todo el año, si bien las estadísticas muestran una incidencia ligeramente mayor durante el final del invierno y principio de la primavera.

El padecimiento suele debutar con síntomas parecidos a los de un resfriado, es decir, genera ligero aumento de temperatura (38º C), dolor de cabeza, agotamiento y sensación de “cuerpo cortado”. Aunque después de esta etapa la mayoría de los pacientes sólo se quejan de picor en distintas zonas de la piel, en algunos infantes aparecen granitos en la cara e inflamación de aspecto rojo brillante, como si hubiera recibido una cachetada (de ahí que en algunas regiones se llame “enfermedad de la bofetada” o “mal de la cachetada”). Luego de 1 o 2 días, la erupción se extiende hacia el tronco y extremidades, y raramente se presenta en plantas de los pies o palmas de las manos.

Ciertos estímulos como luz del Sol, calor, ejercicio y estrés pueden reactivar la erupción y prolongar el tiempo de recuperación, aunque es difícil que el problema dure más de 30 días. Otros síntomas que aparecen ocasionalmente son aumento del tamaño de los ganglios, ojos rojos, dolor e inflamación en la garganta y diarrea.

La persona que padece la quinta enfermedad es más contagiosa antes de la aparición de los granitos, durante el periodo en que se presentan los síntomas similares a un resfriado leve. El parvovirus B19 se contagia fácilmente a través de secreciones nasales y bucales, en particular mediante las gotitas expulsadas por tos o estornudos y al compartir utensilios para comer o beber.

De acuerdo a estimaciones, un niño con megaloeritema tiene alta probabilidad de contagiar a otro miembro de su familia que no haya sufrido esta enfermedad (50%) y a sus compañeros de clase (10 al 60%). Una vez que se ha sufrido este padecimiento, el organismo desarrolla inmunidad y es raro que se vuelva a presentar.

A pesar de que el eritema infeccioso es una enfermedad que no tiene consecuencias considerables en la gran mayoría de los niños y adultos, se debe mencionar que puede desencadenar complicaciones severas:

  • Dolor e inflamación articular (artralgia y artritis). Más frecuentes en adultos, sobre todo mujeres, siendo manos, muñecas, tobillos y pies las regiones más afectadas. Ambos problemas, aunque molestos, suelen ser temporales y rara vez dejan secuelas.
  • Alteraciones sanguíneas. El ataque del parvovirus B19 desencadena disminución en la cantidad de algún tipo de células sanguíneas, sean glóbulos rojos (anemia), blancos (leucocitopenia) o plaquetas (trombocitopenia). Por lo general se trata de una circunstancia transitoria, pero aquellos pacientes con sida, leucemia, cáncer, desnutrición o sistema inmunológico (que nos protege de enfermedades) debilitado suelen sufrir este problema de manera más severa.
  • Cuando la infección se presenta en el embarazo, sobre todo durante la primera mitad de la gestación, puede ocasionar anemia severa en el feto, inflamación del corazón (miocarditis) y daños en la médula; en ocasiones todos estos problemas son tan graves que el bebé no sobrevive y se presenta aborto espontáneo.

Sobre este último punto cabe señalar que, afortunadamente, la mitad de las mujeres son inmunes al parvovirus B19 porque padecieron la infección previamente. Diversos estudios muestran que la mayoría de las embarazadas con eritema infeccioso tienen hijos saludables y sin ningún defecto de nacimiento, sin olvidar que el porcentaje de pérdida fetal es del 1 al 1.5% cuando la prueba de quinta enfermedad arroja resultado positivo.

Tome precauciones 

El diagnóstico de la quinta enfermedad se realiza a través de la observación de los síntomas habituales, es decir, la típica inflamación o “cachetada” en la cara y la erupción en el cuerpo. Cuando las manifestaciones no son tan evidentes o se sospecha de otro exantema como sarampión, escarlatina, rubéola o varicela, se puede realizar un análisis de sangre que ayude a determinar la presencia de anticuerpos contra el parvovirus B19.

Respecto al tratamiento de la quinta enfermedad, se debe señalar que no hay un medicamento antiviral específico que le haga frente, si bien, dado la baja gravedad de la enfermedad en la mayoría de los casos, no suele ser necesario ningún tratamiento. Los antibióticos no están indicados para atender este padecimiento, ya que sólo actúan en infecciones producidas por bacterias.

Así, lo más conveniente es aislar al niño para evitar que ocurran más contagios en la escuela, y que guarde reposo lejos de los hermanos y, sobre todo, de las mujeres encinta. El descanso es lo más adecuado, ya que el organismo controla por sí mismo la infección, y sólo en la fase de fiebre y síntomas similares al resfriado puede ser útil el paracetamol o acetaminofén para aminorar el malestar.

En adultos, además de descanso, se recomienda el uso de antiinflamatorios para aliviar las molestias en las articulaciones (artralgias y artritis). Por su parte, los cuidados especiales de la enfermedad son para quienes tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones, como pacientes con defensas bajas, leucemia, anemia y mujeres embarazadas sin inmunidad; los esfuerzos son dirigidos por el virólogo (especialista en padecimientos generados por virus) y suelen requerir de hospitalización y, probablemente, aplicación intravenosa de inmunoglobulina (enzima que ayuda a mejorar la resistencia a enfermedades).

La prevención del megaloeritema consiste, por el momento, en evitar el contacto con personas infectadas, pues no existe una vacuna contra esta enfermedad. Para la mujer embarazada, sobre todo cuando trabaja en guarderías, escuelas u otros lugares donde hay relación estrecha con niños, es indispensable que lleve a cabo excelente higiene, particularmente que lave sus manos con frecuencia y que no comparta utensilios para beber o comer; también debe consultar a su médico sobre la conveniencia de contar con incapacidad en caso de que se sospeche de un brote de parvovirus B19 en el área laboral.

Aunque las estadísticas muestran que la quinta enfermedad es una infección que no genera tanto riesgo como otros padecimientos contagiosos, siempre será adecuado avisar al médico de manera oportuna cuando un niño presente erupción generalizada, sobre todo para realizar un diagnóstico adecuado y evitar el contagio en lo posible. Asimismo, si una mujer embarazada presenta síntomas similares a los de un resfriado, pero también padece dolor articular, deberá acudir a su obstetra (especialista en atender problemas en la gestación).

Por último, cabe mencionar que el virus responsable de esta enfermedad infecta sólo a los seres humanos y, a pesar de que también existen parvovirus en animales, éstos no infectan a las personas. Por tanto, no es posible adquirir eritema infeccioso por estar en contacto con un perro o gato.

SyM - Sofía Montoya

 

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