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22 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Tumor

Tumor, Esquema de tumor

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El cuerpo humano crece y se desarrolla como resultado de dos procesos: multiplicación de las células (hiperplasia) y crecimiento de las mismas (hipertrofia). La función celular normal y, a su vez, la salud total del organismo dependen en gran medida del delicado equilibrio entre el crecimiento de las células y un proceso de muerte programada de las mismas (apoptosis).

A diferencia de las normales, las células “enfermas” o cancerosas carecen de los controles que detienen su crecimiento, pierden la capacidad para sufrir apoptosis, o ambos, es decir, se dividen sin restricción junto a células normales vecinas. Además, afectan la función y el crecimiento de aquellas “sanas” porque compiten con ellas por los nutrimentos esenciales disponibles.

Las células atípicas pueden crecer y formar una masa o bulto llamado tumor (neoplasia), que puede invadir y destruir tejido normal cercano; además, pueden diseminarse a otras partes del cuerpo a través del torrente sanguíneo o del sistema linfático en un proceso denominado metástasis. 

Benignos y malignos

No todas las células que muestran patrones de crecimiento rápido o incontrolable son cancerosas. De ahí que puedan acumularse como tumores benignos sin dañar los tejidos circundantes, es decir, sólo crecen localmente (no hacen metástasis), sus células permanecen juntas y a menudo son rodeadas por una membrana de contención o cápsula, además de que generalmente no ponen en peligro la vida, a menos que se encuentren en un espacio limitado (cráneo, por ejemplo).

Asimismo, pueden retirarse o extirparse y, en la mayoría de los casos, no reaparecen.

Por el contrario, las células cancerosas (malignas) suelen desarrollarse más allá de su lugar de origen, y si no se detectan a tiempo, con frecuencia comprometen la vida del paciente porque invaden y dañan tejidos y órganos cercanos. 

Pruebas y exámenes

La mayoría de los tumores no pueden detectarse durante un examen de rutina debido a que están localizados en lo profundo del cuerpo. Si se sospecha la presencia de una masa anormal, una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética (RM) pueden determinar la ubicación exacta del tumor y qué tan lejos se ha diseminado.

Una vez que se identifica el tumor, generalmente se extrae un trozo de tejido y se examina bajo un microscopio (biopsia), a fin de determinar si es maligno o benigno.

El pronóstico varía según los diferentes tipos de tumores. Si es benigno, el panorama suele ser favorable y esperanzador. No obstante, cabe aclarar que existen algunos casos en los cuales un tumor benigno puede tener secuelas, por ejemplo, si se ubica en el cerebro.

Ahora bien, si es maligno, el desenlace clínico depende del tipo y estadio de la masa al momento del diagnóstico. Algunos cánceres se pueden curar, otros incurables se les puede someter a tratamiento y los pacientes pueden vivir muchos años con el cáncer. Sin embargo, muchos tumores son potencialmente mortales en poco tiempo.

 

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