Cremas hidratantes, delicado escudo protector
Sonia Robles
Numerosas fórmulas corporales y faciales han aparecido en el mercado para hidratar, nutrir y reafirmar la piel. Es muy importante conocerlas, ya que de esto dependerá la elección del producto más adecuado a las necesidades personales.
La piel, tejido que recubre nuestro cuerpo, es el órgano más extenso con el que contamos, pues en el adulto ocupa superficie de aproximadamente 2 metros cuadrados y tiene 2 milímetros de espesor.
A su vez, como cualquier porción vital, dice el Dr. Nicholas Perricone, miembro del Consejo de Dermatología de Estados Unidos, desempeña larga lista de tareas, ya que actúa como censor registrando presión, dolor y temperatura, la cual también regula; es, asimismo, barrera de protección contra bacterias, virus y otras muchas amenazas, además de ser espejo del cuerpo, dado que refleja cuándo se padece fatiga, mala nutrición o estrés.
Por otra parte, integrado por mezcla de sudor y sebo, el manto ácido —como se le conoce también al pH— de la estructura córnea en cuestión, es fina emulsión que mantiene el grado de hidratación que le otorga su aspecto aterciopelado.
Así, la piel tiene la capacidad de restaurar naturalmente esta sustancia química cuyo grado de acidez se considera aproximadamente en 4.85 para los hombres, y 5.0 en las mujeres, el cual se va alterando debido al contacto con agentes como jabones de tocador, perfumes, detergentes o cosméticos que a diario se utilizan, así como a contaminación y estrés, entre otros, dejando a la epidermis expuesta al ataque de factores externos.
El citado escudo está constituido por tres niveles sucesivos que el Dr. Perricone describe así:
- Hipodermis. Porción subcutánea que tiende a adelgazarse conforme envejece; está integrada principalmente por grasa que aísla y protege a los componentes internos del cuerpo.
- Dermis. Área de sostén que interviene en la hidratación cutánea al fijar moléculas de agua; sus células (fibroblastos) fabrica fibras de colágeno (proteína que confiere a los tejidos firmeza y resistencia) y elastina (proporciona elasticidad) que progresivamente se vuelven rígidas y desaparecen después de los 45 años, aproximadamente. Es. Además, particularmente rica en terminaciones nerviosas específicas, sensibles al tacto, dolor y temperatura. Aquí se encuentran también las glándulas sudoríparas y sebáceas (que, en conjunto, producen el aceite protector o manto ácido anteriormente citado), los folículos pilosos y vasos sanguíneos).
- Epidermis. Parte externa que está conformada, a s su vez, por varias capas:
- Córnea. Cambia continuamente. A medida que envejecemos este proceso se hace más lento, pues en la persona joven esta renovación tiene lugar cada 28 a 30 días, pero cuando se llega a los 60 el proceso requiere entre 45 y 50 días, siendo una de las razones por las cuales el cutis pierde frescura o lozanía a medida que pasa el tiempo. Aunque en esencia dicha capa está “muerta”, tiene como función mantener la humedad y aceite cutáneos.
- Basal. Las células de esta porción se encuentran en lo más profundo de la epidermis, junto con aquellas llamadas melanocitos, que son productoras de melanina, es decir, sustancia responsable de dar color a la tez (por ejemplo, blanca o morena).
Centro de intercambio
Así pues, el órgano que nos ocupa también “respira” al ser tejido permeable que permite a las células abastecerse de oxígeno, agua y minerales directamente del exterior a través de los poros, minúsculos orificios por donde se elimina la transpiración.
Cada día, toxinas, partículas de polvo y bacterias se acumulan en la epidermis, obstruyendo en ocasiones dichos conductos, por lo cual es importante limpiarla cuidadosamente con productos que no sean demasiado fuertes o agresivos, ya que pueden perturbar su equilibrio y provocar envejecimiento prematuro.
Elección correcta
Existen áreas en el cuerpo más grasas que otras; esta variación es normal y ocurre porque la distribución de glándulas sebáceas, responsables de proteger la epidermis, es distinta en cada zona. Así, rostro, cuello, pecho y espalda tienen entre 400 y 800 estructuras de dicho tipo por centímetro cuadrado, contra 80 a 100 en las demás porciones, de manera que los cosméticos son específicos para la superficie a la que están destinados, a fin de equilibrar esta desigualdad.
Por ello, al momento de elegir la crema corporal idónea es esencial conocer la diferencia entre hidratante y humectante, la cual radica en que la primera aporta la cantidad de agua que necesita la célula para cumplir sus importantes funciones metabólicas, actuando en el ámbito de las capas profundas de la epidermis.
Estas fórmulas son ricas en ceramidas, vitaminas A, C y E, así como en minerales, aminoácidos, oligoelementos, esencias de frutas, flores y plantas, así como ácidos grasos esenciales, componentes destinados a restablecer el llamado factor de hidratación natural (NMF, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es mantener la humedad en la zona donde se aplican.
En cuanto a la humectante, forma barrera protectora evitando la evaporación del líquido que contiene el tejido cutáneo. Además, por su efecto osmótico, favorece la captación de agua del ambiente, integrándola a la superficie epidérmica, restableciendo así el manto ácido que mantiene al cutis protegido contra la acción de factores dañinos. Estos productos son ricos en glicerina, urea, pantenol y ciertos componentes naturales, sustancias capaces de retener la humedad superficial.
Otro aspecto importante radica en romper con la falsa creencia de que las pieles grasas o mixtas no necesitan la aplicación de cremas. Ya que es necesario que todas las zonas sensibles del cuerpo sean hidratadas, como:
- Cuello. Al carecer de tejido adiposo que le brinde sostenimiento, se reseca con gran facilidad, convirtiéndose en blanco de flacidez. Los cosméticos indicados son cremas con vitaminas A, C y E y oligoelementos como selenio y magnesio, que hidratan, tonifican y otorgan rigidez.
- Senos. También es región poco provista de glándulas sebáceas, además de fina, seca y sensible. Mantenerlos humectados ayuda a evitar flacidez o estrías, que con el tiempo surgen en la superficie. Se recomiendan cremas con proteínas vegetales y oligoelementos, algas marinas, aceite, silicona y vitaminas C y E.
- Manos. Al estar expuestas a los rayos solares y agresiones externas (viento, frío y productos químicos como jabón y detergentes) son víctimas de deshidratación. El resultado es piel generalmente reseca. Son ideales las cremas a base de silicona o derivados de lanolina y vitamina E. También es conveniente cuidarlas con filtro solar de alto factor de protección solar.
- Piernas y pies. A pesar de tratarse de zonas más resistentes debido a que poseen mayor grosor de piel, son parte del cuerpo naturalmente predispuestas a resecarse ya presentar aspereza. De hecho, los pies tienden a acumular células muertas, requiriendo cuidados frecuentes. Se aconseja el uso de cremas abrasivas con microesferas de polietileno para suavizar las extremidades. Puede usarse fórmula humectante para reponer la grasa natural, mientras sustancias emolientes y refrescantes como alcanfor y mentol, aplicados al final del día mediante masaje, ayudan a conseguir estupenda y deliciosa sensación de relajamiento, frescura y suavidad.
Precisamente, la nueva generación de productos corporales que han aparecido en el mercado no sólo hidratan, sino que también tiene acción reafirmante y propiedades de aromaterapia para que su utilización se convierta en auténtico placer a nivel emocional, a demás de perfumar delicadamente cada zona.
Para conseguir este propósito, las firmas cosméticas no dejan de experimentar con toda suerte de innovadoras texturas e ingredientes, sin olvidar que en casi todas se encuentran las vitaminas referidas, que han mostrado su gran actividad antienvejecimiento, aportando también luminosidad a la epidermis. Asimismo, novedosas líneas disponibles en spas (elaboradas con sales o elementos marinos o termales) nos brindan la posibilidad de probar nuevas, efectivas y sofisticadas fórmulas.
Por último, debemos considerar que una de las mejores maneras de prometer nuestro “escudo” natural consiste en llevar buena y balanceada alimentación e ingesta de líquidos (por lo menos ocho vasos de agua al día) y horas de sueño necesarias.
Al respecto, el Dr. Perricone, también profesor de la Escuela de medicina de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, señala que si hemos de correr a la tienda departamental a adquirir la crema de moda, debemos hacer lo mismo por los pasillos de frutas, verduras, pescados y carnes blancas, ingredientes que harán maravillas en nuestro cuerpo, ya que comer proteínas de alta calidad hacen que la piel luzca joven, resplandeciente, recuperando realmente los nutrientes perdidos.
SyM
Última actualización: 05-2013















