Centro de Dermatología / Prevención

Fotoenvejecimiento: peligros del Sol

Ahora sabemos que el paso del tiempo no es el principal causante de arrugas, manchas o falta de elasticidad, sino la exposición prolongada a los rayos del Sol. Para hablar de esta cuestión, los dermatólogos utilizan un término preciso: fotoenvejecimiento.

Se trata de un problema cada vez más común pero que no se toma en serio, quizá porque sus efectos no son inmediatos; lo cierto es que el envejecimiento prematuro de la piel se produce luego de muchos años de exposiciones solares y que los seductores bronceados tomados entre los 15 ó 20 años dejarán ver sus devastadores efectos más allá de la tercera década de vida.

De acuerdo con diferentes investigaciones, los rayos ultravioleta emitidos por el astro rey generan daños en las capas interiores de la piel debido a que propician la formación de radicales libres (moléculas tóxicas que destruyen a las células del organismo y en casos extremos generan tumores cancerígenos), y aunque se reconoce que este hecho también es ocasionado por el paso del tiempo, se especula que 75% de las arrugas y falta de elasticidad en la piel de una persona mayor se deben al Sol, y sólo 25% a la edad.

Por tanto, y si bien puede afirmarse que todas las personas que han estado expuestas al Sol desarrollan fotoenvejecimiento, también es cierto que la sobreexposición acelera considerablemente la degeneración de nuestros tejidos.

Además, cabe señalar que se ha observado que mientras el envejecimiento cronológico se caracteriza por una piel suave, lisa y con arrugas finas, el deterioro por bronceados prolongados presenta arrugas más gruesas (surcos), piel áspera, seca y apergaminada, sin elasticidad, con alteraciones de pigmentación (manchas), vasos capilares rotos y, en los casos más graves, tumores cutáneos precancerosos.

Rayos UV y fotoenvejecimiento

Las radiaciones ultravioleta del Sol son de tres tipos, y se denominan A, B y C; éstas últimas son detenidas por la capa de ozono de la Tierra, de modo que nosotros sólo recibimos las dos primeras, cuyos nombres se abrevian como UVA y UVB.

Durante mucho tiempo se pensó que los rayos UVB eran los únicos dañinos: tempranamente se supo que penetran la epidermis (capa más externa de la piel) y ocasionan cáncer, eritema (manchas rojizas), pecas y otras alteraciones de la pigmentación. Sin embargo, estudios más recientes permiten demostrar que las emisiones UVA, utilizadas incluso en bronceados artificiales porque se creían inofensivas, son culpables del fotoenvejecimiento propiamente dicho, debido a que si bien no producen quemaduras, degradan las células que dan firmeza a la piel y generan flacidez, arrugas, manchas y deshidratación.

Por si esto fuera poco, se sabe que los rayos infrarrojos (las emisiones que dan a los atardeceres su color característico) también generan eritema y además acentúan los efectos nocivos de las emisiones ultravioleta.

A este respecto cabe aclarar que aunque se podría considerar al verano como la estación más agresiva para la piel debido a las constantes, dilatadas e incluso inconscientes exposiciones solares (fomentadas en gran medida porque muchos medios de comunicación proyectan la imagen de un cuerpo bronceado como sinónimo de sensualidad), es incorrecto pensar que el resto del año es una época de recuperación o que en temporadas y latitudes frías es posible asolearse sin riesgos: también en esas condiciones la piel es castigada con intensidad por las radiaciones solares, además de otros factores ambientales (heladas, viento, hielo o humedad).

Así, luego de años de conocimientos y prácticas erróneas, comenzamos a descubrir los efectos nocivos y contraproducentes de una exposición irresponsable de nuestra piel, sobre todo en personas con 50 ó 60 años que ahora padecen problemas en la piel y que durante mucho tiempo se expusieron inmoderadamente a radiaciones solares sin saber que el causante de tales daños siempre estuvo a la vista. 

Para prevenir los daños por exposición solar

Protegerse de las emisiones UVA y UVB es fundamental para minimizar daños futuros, y más a temprana edad: 80% del daño ocasionado por rayos ultravioleta ocurre antes de cumplir los 18 años. Por este motivo, los investigadores trabajan hoy día en amplia variedad de cremas, alimentos, vitaminas y medicamentos que reviertan el fotoenvejecimiento.

Así, en tanto que se siguen efectuando investigaciones para conocer la acción de productos y sustancias como semillas de uvas, té verde, aspirina, extracto de soya o distintos medicamentos, sabemos que la vitamina A y sus derivados, llamados retinoides, son los productos que mejores resultados dan en el combate al envejecimiento prematuro de la piel, pues se ha observado que la aplicación de cremas y una dieta rica en hígado, pescado graso, yema de huevo, leche, queso, mantequilla, zanahoria, espinaca, durazno, brócoli, pera, naranja, mango y manzana marca notable diferencia.

Además, existen otras sustancias que contribuyen a eliminar los radicales libres, cuyo consumo también ayuda a detener el proceso de degeneración de los tejidos: vitamina C (ácido ascórbico) y vitamina E (tocoferol). Por tanto, se recomienda el consumo de naranja, toronja, guayaba, fresa, limón, coliflor, grosellas, kiwi, melón y tomate verde, así como de aguacate, ciruela, espárrago y plátano.

También el uso de filtros solares es muy recomendable siempre, tanto en zonas o épocas frías como con mucho Sol, sólo que para acentuar su efectividad se deben seguir las siguientes recomendaciones:

Tómalo en cuenta: la mejor manera de evitar el fotoenvejecimiento es la prevención.