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Labios ardientes... pero sin fuegos

Martes 18 de febrero del 2014, 01:36 pm, última actualización.

Los fuegos labiales son pequeñas ulceraciones en la cercanía de la boca y sus tejidos internos; a ellos se deben desagradable apariencia y gran dolor. Aunque nos acompañan por intervalos durante toda la vida, existen medidas que ayudan a controlar su aparición.

Labios ardientes... pero sin fuegos

Con la temporada de calor se da un cambio en nuestros hábitos y formas de vestir con la finalidad de disfrutar los obsequios del Sol: la ropa es más ligera, los colores más vivos y nuestro optimismo toma nuevos bríos. Sin embargo, este encanto puede perderse cuando los rayos del Sol favorecen la aparición de fuegos o herpes labial, pequeñas ampollas o vesículas que son tan poco vistosas como molestas, y que pueden presentarse incluso en los tejidos blandos que hay dentro de la boca.

Los fuegos labiales son la manifestación de una infección producida por el virus del herpes simple, agente que se aloja de por vida en el organismo humano y que la mayoría de las personas portamos. Se padece por primera vez antes de los 5 años de edad, puede transcurrir sin síntomas, confundirse con el dolor asociado a la salida de los primeros dientes o puede originar infección intensa con múltiples úlceras en garganta y boca, conocida como estomatitis herpética.

Si bien desaparece en pocos días, el agente causante se mantiene en el organismo alojado en los nervios del área afectada, de manera latente y controlado por los anticuerpos del organismo. Por eso, aquellos factores que deterioran las defensas, como exposición al Sol, estrés, exceso de alcohol, cambios hormonales (incluyendo la menstruación), fiebre alta, golpes o resfriado, favorecen el incremento en la población del virus y, por ende, la aparición de los molestos fuegos labiales.

Esta afección se manifiesta durante siete días, máximo 14, y se lleva a cabo en dos etapas. En la primera se forman pequeños granitos (pápulas) en la parte interior de la boca, que durante la segunda se desarrollan como vesículas dolorosas: el fuego labial propiamente dicho. Estas ampollas se abren, segregan un líquido que puede propagar la infección y, finalmente, son recubiertas por costras.

Prevención y cuidados de los fuegos labiales

Dada la insistencia y fácil propagación del herpes labial, existen una serie de sencillas medidas destinadas a disminuir la aparición de fuegos labiales, así como para controlar las molestias y evitar el contagio.

Ante todo, quienes son portadores del virus deben considerar que la manifestación de los fuegos labiales puede ser cíclica (aparecen y desaparecen con cierta regularidad), pero también que es posible minimizar los brotes o abreviar su duración siguiendo algunos principios básicos.

Para disminuir los efectos del Sol, se puede usar protector labial que contenga filtro solar; si se visitan lugares muy soleados será necesario usar un sombrero con ala que proteja el rostro. Asimismo, se debe evitar ingerir los alimentos que produjeron un brote en épocas pasadas, y no excederse en el consumo de alcohol. También hay que tomar en cuenta que tensión y ansiedad pueden originar un brote de herpes, por lo que se recomienda controlar el estrés a través de relajamiento o la realización de actividades de esparcimiento. En particular, se sugiere a quienes utilizan prótesis dentales mantenerlas en buen estado a fin de evitar lesiones que desencadenen un nuevo brote.

Por otra parte, al detectar la aparición de fuegos, se recomienda el uso de pomadas especiales para combatir al virus del herpes, las cuales acortan la duración del fuego labial y ayudan a erradicar las molestias. Asimismo, se aconseja el consumo de alimentos ricos en vitamina C, como guayaba, limón, naranja o pimiento morrón.

Si la infección se encuentra en estado avanzado, es importante lavarse con frecuencia las manos para evitar su propagación a otras zonas del cuerpo, como los ojos, y para disminuir las molestias se recomienda colocar hielo e ingerir bebidas frías. Si la molestia es intensa se puede recurrir a anestésicos, y posteriormente aplicar vaselina en el área para impedir la formación de fisuras y sangrado.

Para evitar la propagación del virus, no deben compartirse vasos, cubiertos o lápiz labial, y procurar no besar hasta que las lesiones hayan curado. Ante todo, es muy importante mantener limpia la boca y no tocar las lesiones o quitar costras.

Por último, cabe mencionar que frente a episodios muy frecuentes, mayores de 14 días o de gran severidad (cuando las ampollas impiden hablar o deglutir, si hay fiebre, dolor de cabeza o se piensa que se adquirió una infección ocular), es mejor acudir al dermatólogo para que evalúe la situación o solicite estudios de laboratorio sobre el sistema inmunológico, de esta forma podrá prescribir un tratamiento orientado a mejorar las defensas del organismo. 

SyM - María Elena Moura

 

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