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Filtros y bloqueadores solares

Jueves 13 de febrero del 2014, 12:36 pm, última actualización.

En fechas recientes se ha reportado importante incremento en enfermedades de la piel generadas por el Sol, lo cual se debe en gran parte a la idea generalizada de que bronceado es sinónimo de belleza. No en balde, se estima que 20% de las consultas a dermatólogos obedecen a la atención de padecimientos vinculados con exposición prolongada a los rayos del "astro rey" sin protección adecuada.

Filtros y bloqueadores solares

Aunque se sabe que la luz solar ayuda a tener mejor ánimo y vitalidad, además de que interviene en la generación de vitamina D, sustancia que evita raquitismo (alteración del sistema óseo) y osteoporosis (desmineralización de huesos), los especialistas en dermatología aconsejan que el contacto prolongado con estas emisiones debe regularse mediante el uso de algún filtro o bloqueador formulado especialmente para evitar daños en las estructuras de la piel.

También conocidos como protectores solares, garantizan la disminución de problemas estéticos o de salud (aparición de manchas y arrugas o cáncer) siempre que sean utilizados correctamente, tanto en periodos vacacionales como al efectuar actividades cotidianas durante las distintas épocas del año y en todas las etapas de la vida.

Energía solar y piel

El Sol emite ondas luminosas y caloríficas de alta intensidad que viajan por el espacio y llegan a la Tierra haciendo posible la vida. Aunque estamos familiarizados con las radiaciones que percibimos gracias a la vista y que dan lugar a la luz y los diferentes colores (espectro luminoso), hay otros tipos de energía que detectamos de manera limitada o no vemos, pero que nos bombardean constantemente sin estar conscientes de ello:

  • Rayos ultravioleta (UV). El Sol emite tres tipos, A, B y C, pero la capa de ozono que rodea a la Tierra detiene a los últimos, de modo que sólo recibimos los dos primeros (UVA y UVB). Son más intensos aproximadamente 2 o 3 horas antes y después del mediodía, sobre todo durante los meses de verano.
  • Rayos infrarrojos. Son responsables de la elevación de la temperatura, incluso en lugares cerrados, y dan su color característico al amanecer y atardecer.

La piel se defiende de este embate gracias a la acción de los melanocitos, células especiales que al ser estimuladas generan un pigmento color marrón, la melanina, que bloquea a la luz y que también es responsable de la coloración típica del bronceado. Sin embargo, esta barrera tiene una resistencia limitada, de modo que parte de las emisiones penetran en los tejidos y los dañan poco a poco.

Durante mucho tiempo se pensó que solamente los rayos UVB afectaban la naturaleza de la piel, ya que diversos estudios señalaban a estas radiaciones como las responsables de modificaciones sustanciales en la información genética de las células, hecho que se traduce en alteraciones en la pigmentación, eritema (manchas rojizas), pecas, quemaduras y, cuando el contacto es muy frecuente, cáncer.

Sin embargo, investigaciones recientes han permitido demostrar que no son las únicas, pues las radiaciones UVA favorecen la proliferación de radicales libres (sustancias que aceleran el envejecimiento) y dañan a las células y proteínas que dan firmeza (colágeno) y elasticidad (elastina) a la piel, ocasionando flacidez, arrugas, manchas y deshidratación, es decir, fotoenvejecimiento. Por si esto fuera poco, se ha encontrado que los rayos infrarrojos generan eritema (manchas rojizas) y acentúan los efectos nocivos de las emisiones ultravioleta, sobre todo la pérdida de agua en los tejidos.

Aunque se puede considerar que un día soleado de verano es el momento más agresivo para la piel, es incorrecto pensar que en otras condiciones, como invierno, lugares fríos o días nublados es posible asolearse sin riesgos: igualmente la piel es castigada con intensidad, sobre todo si hablamos de lugares que se encuentran a gran altura (montañas, ciudades o poblaciones a muchos metros sobre el nivel del mar), debido a que la atmósfera es delgada y, por tanto, hay menor oportunidad de que la luz del Sol disminuya.

Así, considere que las radiaciones ultravioleta e infrarrojas son invisibles a nuestra vista, pero su efecto acumulativo y destructivo es fácil de descubrir en personas de 50 o 60 años de edad que tomaron el Sol sin protección durante su juventud, tanto en la playa como en sitios nevados y que, de manera contraria al objetivo que perseguían al broncearse, sufren los estragos de enfermedades que afectan notablemente su nivel de vida y su apariencia personal. Hablamos en concreto de:

Envejecimiento prematuro. Mientras el deterioro cronológico se caracteriza por una piel suave, lisa y con arrugas finas, el que se debe a baños de Sol prolongados se muestra con arrugas gruesas (surcos), piel áspera, seca y apergaminada, sin elasticidad, con alteraciones de pigmentación (manchas), vasos capilares rotos y, en casos más graves, tejidos precancerosos.

Cáncer de piel (melanoma). Se considera uno de los tres procesos tumorales más frecuentes en el ser humano; la causa principal es la exposición prolongada a rayos UVA y UVB.

Existen otros padecimientos generados o acentuados por emisiones solares intensas, sólo que sus manifestaciones se dan más pronto. Vale la pena mencionar:

Urticaria solar (erupción polimorfa lumínica). Aparición de manchas rojas, granitos e inflamación de la piel a causa de luz solar; la reacción puede ocurrir después de 1 a 3 minutos de iniciada la exposición.

Quemadura solar. Se caracteriza por enrojecimiento y presencia de ampollas; a diferencia de las heridas generadas por fuego o por tocar una superficie caliente, no aparece inmediatamente y el dolor es más fuerte entre las 6 y 48 horas después de la exposición al Sol.

Melasma. Oscurecimiento de la piel y formación de manchas que se asocia a hormonas femeninas (estrógenos y progesterona), por lo que es común en mujeres embarazadas y en aquellas que usan anticonceptivos inyectables y orales, o se someten a terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia. Sin embargo, el problema aumenta de manera muy pronunciada con la exposición al Sol.

Rosácea. Enfermedad caracterizada por enrojecimiento del rostro así como por la aparición de granos y líneas rojizas en mejillas y nariz. Depende de muchos factores, pero el Sol es uno de los mayores desencadententes.

Lupus eritematoso sistémico y cutáneo. Este padecimiento se debe a la sobreproducción de anticuerpos que atacan a los tejidos del mismo organismo, pero empeora con la exposición a radiación ultravioleta, la cual genera dolor e hinchazón en las articulaciones, así como granitos (erupciones cutáneas).

Amigos de la piel

Por fortuna, todos estos problemas que crean un panorama tan negativo pueden evitarse gracias al uso de protectores solares elaborados por las industrias farmacéutica y cosmética, los cuales proporcionan protección contra los rayos UVA, UVB e infrarrojos de acuerdo a las necesidades individuales.

Estos productos pueden dividirse en dos grupos, ambos igualmente efectivos pero que protegen a la piel de acuerdo a distintos principios:

  • Filtros. Se considera que ofrecen protección química, es decir, en su fórmula incluyen sustancias orgánicas que absorben los rayos del Sol y los vuelven inofensivos. Los compuestos más empleados para este fin son: mexoryl sx, parsol y octocrileno.
  • Bloqueadores. Su acción es física, ya que crean una pantalla que genera una sombra sobre la piel y que refleja o dispersa las radiaciones UV e infrarrojas. Las sustancias más utilizadas para estos fines son dióxido de titanio y óxido de zinc.

Todas estas formulaciones poseen diferente factor de protección solar (FPS), el cual indica el tiempo que resguardan de la exposición al "astro rey" sin riesgo de sufrir consecuencias. Por ejemplo, si la piel puede permanecer bajo el Sol durante 10 minutos sin sufrir quemaduras, un bloqueador con FPS de 40 la protegerá 40 veces más, de modo que la epidermis soportará los efectos de las radiaciones durante 400 minutos (6 horas con 40 minutos).

De acuerdo a su nivel de protección, el FPS se clasifica en medio (15 o menor), fuerte (entre 20 y 30) e intenso (más de 40). Aunque es posible encontrar en el mercado productos con graduación baja (de 2 a 8), a los cuales se les ha considerado útiles durante periodos de tiempo muy breves o para pieles morenas (con mayor cantidad de melanina), investigaciones recientes han encontrado que filtros y bloqueadores son más efectivos a partir del factor de protección solar 15, y que bebés, personas con antecedentes familiares de cáncer o de tez clara y sensible deben recurrir a productos más fuertes (con FPS 25 o mayor; las personas con piel muy sensible no deben dudar en emplear un FPS 40 o 100). Asimismo, en puntos cercanos al Ecuador y alta montaña se aconseja un mínimo de 30.

Al adquirir un protector también se aconseja tomar en cuenta:

  • Tipo de piel. Si ésta es seca, elija una crema, en tanto que si es grasa o con acné, lo más aconsejable es gel. La piel normal puede utilizar cualquiera de las dos presentaciones.
  • Textura. Al aplicarse tiene que deslizarse fácilmente por la piel.
  • Lugar en que lo usará. Si piensa visitar la playa o alberca, asegúrese de que resista el agua. Hay productos que se mantienen en la piel 80 minutos (waterproof) o 40 (water resistant) aunque la persona se encuentre nadando.
  • Calidad. Use protectores de marcas reconocidas y que sean aprobados por asociaciones dermatológicas.

También es importante observar las siguientes medidas para que el uso de filtros y bloqueadores sea más efectivo:

  • Utilice el producto diariamente cuando la exposición a rayos solares sea de más de 20 minutos, independientemente de en dónde se encuentre (ciudad, montaña, playa, bosque, etcétera).
  • Aplíquelo entre 15 y 30 minutos antes de tomar el Sol para que se absorba y desarrolle mejor sus funciones.
  • No olvide proteger zonas como orejas, cuello, manos y pies, y tenga cuidado para que no se introduzca en sus ojos (muchos protectores generan fuerte irritación).
  • Recurra a lápices labiales con FPS para proteger esta delicada zona del cuerpo.
  • Es posible que la persona alérgica a cosméticos reaccione igual al filtro solar, por lo que debe recurrir a productos hipoalergénicos (formulados para evitar reacciones adversas).
  • No exponga a bebés menores de 6 meses al "astro rey", pues su piel es delgada e incapaz de producir melanina, amén de que el filtro o bloqueador puede irritarle.
  • Evite asolearse entre las 10:00 y las 15:00 horas, ya que durante este periodo la radiación es más intensa.
  • Enseñe a los niños a protegerse del Sol y procure salir de paseo con ellos en las primeras horas de la mañana o últimas de la tarde.
  • Cuídese de superficies reflejantes como la nieve, ya que rebota la radiación ultravioleta. Recuerde que también en climas fríos se recomienda usar filtro o bloqueador solar.
  • Ayude a su filtro en la playa: use sombrero o gorra, anteojos protectores contra rayos ultravioleta y ropa holgada (es más efectiva cuando está seca que mojada).
  • Independientemente del FPS que utilice, debe reaplicar filtro o bloqueador en la piel al menos cada dos horas si tiene contacto con agua o se seca con una toalla.
  • Tome agua después de exposición prolongada al Sol, a fin de evitar deshidratación. Asimismo, humecte su piel con crema corporal.
  • También puede consumir productos ricos en vitaminas A, C y D (naranja, mandarina, lima, limón, toronja, zanahoria, espinaca, durazno, brócoli, hígado y lácteos), pues éstos ayudan a evitar el envejecimiento.
  • El uso de protectores solares en el tratamiento de enfermedades de la piel debe ser supervisado por un dermatólogo.
  • Suspenda el uso de cualquier producto que le genere irritación.

Finalmente, cabe recordar que los dermatólogos siempre recomiendan el uso de bloqueadores desde la infancia hasta la tercera edad, ya que de esta manera es posible prevenir el envejecimiento prematuro y disminuir el riesgo de tumoraciones en la piel. Según diversos estudios clínicos, utilizar un producto con FPS 15 durante los primeros 18 años de vida puede reducir hasta en 78% el riesgo de padecer cáncer cutáneo.

Consulte a su dermatólogo.

SyM

 

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