Fangoterapia, terapia con fango y arcillas medicinales - SyM
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Fangoterapia, nutrición para la piel

Jueves 20 de abril del 2017, 12:12 pm, última actualización

El lodo, rico en minerales, se emplea con fines estéticos y medicinales desde épocas muy remotas, ya sea para eliminar imperfecciones en la piel o para relajamiento corporal. Su uso recibe el nombre fangoterapia, y cuenta con muchos adeptos debido a los resultados que ofrece. ¡Conoce esta técnica y aprovecha sus cualidades!

Fangoterapia, nutrición para la piel

La tierra es un elemento con múltiples bondades que proporciona al ser humano la posibilidad de cultivar gran diversidad de plantas y criar animales de todo tipo para su sustento; también es materia prima en la elaboración de productos tan diversos como cerámica, ladrillos o vidrio, de modo que en cualquier rincón de nuestra existencia podemos encontrarla y darnos cuenta de que sin ella, simplemente, no podríamos existir.

Empero, sus generosas virtudes no se detienen ahí, ya que el hombre también ha encontrado que ciertos tipos de arcilla mezclados con agua, y ocasionalmente con vegetales o algas, forman distintos barros medicinales que permiten reforzar la salud de la piel, su belleza y juventud. Todo este conocimiento ha permitido el surgimiento y evolución de la fangoterapia, técnica muy en boga en nuestros días gracias a su uso en centros de belleza y spas.

Hay que decir que el uso del lodo no es nuevo, ya que hace por lo menos cinco mil años los médicos egipcios lo aconsejaban para el tratamiento de inflamaciones, heridas cutáneas y deformaciones reumáticas, e incluso aprovechaban las propiedades antisépticas (elimina bacterias que generan infecciones) de ciertas arcillas para embalsamar (preservar de la putrefacción) el cuerpo de los muertos. Por su parte, el médico griego Hipócrates utilizaba el fango para aliviar dolores abdominales y reducir la inflamación generada por distintos padecimientos reumáticos, siempre con éxito notable.

Minerales, la clave

Nuestra piel es la barrera natural con que contamos para hacer frente a las adversidades del exterior, por lo que, en gran medida, su buen estado es responsable del bienestar general de todo el organismo. Las agresiones que sufre diariamente son de diversa índole, pero a grandes rasgos podemos clasificarlas en:

  • Ambientales. Es el caso de radiación ultravioleta proveniente del Sol, contaminación ambiental y clima.
  • Orgánicas. Entre éstas se cuentan el estrés, cambios hormonales y enfermedades.
  • Cosmetológicas. Sobresalen el uso de productos de belleza que irritan la piel o que son empleados en forma errónea (dormir sin retirar el maquillaje del rostro es buen ejemplo).

Para que la piel sea librada de los embates de sus enemigos deben seguirse medidas de higiene general, como baño diario y limpieza de cutis todas las noches, pero también es de gran utilidad proporcionarle elementos hidratantes y nutritivos que compensen la pérdida de minerales y oligoelementos (metales que se encuentran en el organismo en pequeñas cantidades, como silicio, níquel, cromo, litio, molibdeno o selenio), hecho que puede deberse a pequeñas fallas en la alimentación o a que la intensa rutina laboral y estrés disminuyen las "reservas" de nutrientes de manera paulatina y casi imperceptible.

Es precisamente aquí donde la fangoterapia puede desarrollar todo su potencial en beneficio de salud y belleza, pues aunque la composición del barro utilizado varía de acuerdo a las características de su lugar de origen (lodo marino o proveniente de fuentes termales), todos tienen como factor común aportar importante número de minerales fáciles de asimilar por la piel del cuerpo o cutis, tales como hierro, calcio, potasio, silicio, magnesio, plata o cobre, pero principalmente:

  • Azufre. Es un elemento que favorece la pigmentación de la piel; se ha observado con frecuencia que la aparición de algunas manchas en la piel o un bronceado deficiente se deben a bajos niveles de este elemento.
  • Silicio. Fundamental en la elaboración de colágeno (sustancia que da firmeza y estructura a la piel). La carencia de este metal produce estrías por pérdida de elasticidad en los tejidos, así como arrugas y envejecimiento prematuro.
  • Zinc. Es utilizado por el organismo, junto a la vitamina A, en la regeneración del tejido cutáneo; concretamente, ayuda a elaborar colágeno y elastina, que son componentes que dan fortaleza y elasticidad a los tejidos de la epidermis.
  • Selenio. Es un oligoelemento que actúa junto con las vitaminas A y E como antioxidante, de modo que protege y ayuda a mejorar el tejido celular, contrarresta con eficacia el envejecimiento y ayuda a mejorar la circulación sanguínea en la piel.

El barro de fuentes termales, cuyo origen se relaciona directamente con zonas de moderada o antigua actividad volcánica, poseen las más altas concentraciones de minerales. Se forman cuando las sales y algunos elementos radioactivos son arrastrados de las entrañas de la Tierra hacia la superficie por el flujo de agua caliente. La arcilla ahí contenida acumula paulatinamente estos elementos junto con sustancias de origen vegetal, como vitaminas y clorofila, creando complejas combinaciones de gran valor para la piel.

Por su parte, el fango marino se forma cuando las sales arrastradas por las aguas se asientan en regiones donde el oleaje es poco violento, pero sobre todo donde hay pronunciada acción de las mareas, que al subir o bajar favorecen que el lecho acumule minerales. Este lodo también llega a poseer ricos elementos, gracias a la acción de algas microscópicas con cualidades limpiadoras y nutritivas (aportan proteínas y grasas).

Uso y fines terapéuticos

Aunque el fango puede aplicarse en el rostro u otras regiones del cuerpo a través de distintos métodos y a diferentes temperaturas, lo más usual es que la persona ingrese a una cabina acondicionada cuya temperatura será inferior a 37° centígrados. En ella se recostará sobre una camilla, donde un especialista procederá a la aplicación del barro mediante masajes que estimulen la circulación sanguínea y favorezcan la penetración de los principios activos.

Una vez terminado el proceso se deja que la persona descanse durante 20 minutos o más, lo que además permitirá que obtenga agradable efecto de relajación en todos los músculos y articulaciones. Finalmente, el barro se retira mediante esponja o ducha. Este procedimiento dura 1 ó 2 horas y puede efectuarse de manera ocasional, digamos que una vez al mes; empero, en casos severos se recomienda aplicar lodo curativo por lo menos una vez a la semana.

Hay que subrayar que este procedimiento debe ser realizado por un esteticista profesional especializado en fangoterapia, ya que cada arcilla posee cualidades particulares y útiles en la atención de determinado problema. Por ejemplo, hay mascarillas de gran poder limpiador que son adecuadas para el tratamiento de acné, pero si se aplican en un rostro que sufre resequedad pueden generar irritación y resultados contraproducentes.

De este modo, se ofrecen arcillas que además de nutrir cumplen una función específica:

  • Arcillas antisépticas y desinfectantes. Se emplean en caso de picaduras de insectos o heridas leves.
  • Arcillas antiinflamatorias y relajantes. Muy útiles en dolor muscular, agotamiento y estrés excesivo.
  • Arcillas regenerantes. Estimulan el funcionamiento de tejidos profundos y favorecen la perdida de ácido úrico, por lo que se indican en problemas reumáticos.
  • Arcillas exfoliantes. Útiles para eliminar tejidos deteriorados y estimular la reproducción celular, por lo que se utilizan con fines estéticos e incluso para atender problemas de psoriasis (lesiones en la piel de color rojo que presentan inflamación y descamación).
  • Arcillas estimulantes de la circulación. Con ellas se logra adecuada nutrición de la epidermis en zonas donde falla la irrigación.
  • Arcillas limpiadoras. Empleadas en la eliminación de exceso de grasa en el cutis, incluso en pieles con los poros muy dilatados (abiertos)

Aunque hay quienes aseguran que el fango es útil en tratamientos para reducir tallas o para eliminar estrías y celulitis, lo cierto es que existen posiciones encontradas al respecto y, lo que es más, pocos estudios y evidencias que permitan aseverar o negar dichas hipótesis de manera definitiva.

En lo que sí coinciden los especialistas es en que la fangoterapia tiene mejores efectos cuando se combina con otras medidas para la piel, tales como una dieta balanceada en la que se incluyan, principalmente, frutas, verduras y adecuada cantidad de agua (2 litros al día).

Asimismo, se sabe que la salud de la epidermis se beneficia con la realización constante de una rutina de ejercicios, ya que así se eliminan toxinas acumuladas en el cuerpo; algunas de las prácticas más adecuadas son caminatas, trotar, andar en bicicleta o nadar. Recuerda que toda disciplina física tiene mejores resultados cuando es supervisada por un especialista.

Por último, considera a la fangoterapia una alternativa real para mantener o perfeccionar el estado de tu piel, nutriéndola y limpiándola de manera inmejorable, gracias al trabajo del mejor laboratorio que conocemos hasta la fecha: la naturaleza.

SyM - María Elena Moura

 

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