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Pérdida auditiva, por exceso de grasas y azúcar

Jueves 02 de marzo del 2017, 09:40 am, última actualización

Es verdad que elevadas cifras de glucosa, colesterol y triglicéridos son responsables de diabetes, infartos y daño en el riñón, pero también es cierto que antes de que se presente cualquiera de estos problemas, su primera víctima puede ser el oído.

Pérdida auditiva, Colesterol elevado

Si te pedimos que pienses cuál es el peor enemigo de nuestros oídos, lo más probable es que vengan a tu mente ideas como escuchar música a volumen muy alto, tráfico de automóviles, sonido de avión y, tal vez, envejecimiento.

Casi nadie sospecharía que unos tacos de carnitas, hamburguesas, refrescos, pan dulce o productos derivados de la leche actúen cual “Caballo de Troya”, adentrándose a nuestro organismo gracias a su apetitosa e inofensiva apariencia, y luego aprovechen el descuido para afectar desde dentro a nuestro órgano auditivo.

“No es muy conocido el hecho de que las enfermedades metabólicas o que afectan la salud de las vías sanguíneas también generan problemas en el oído (otológicos), pero por mi experiencia son la causa más frecuente de consulta en la especialidad de audiología (tratamiento de desórdenes auditivos)”, comenta la Dra. Alma Pesquero Romero, responsable del Gabinete de Otoneurología (estudio de problemas en el oído y sus terminales nerviosas) del Hospital Regional no. 1 Gabriel Mancera, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y localizado en el Distrito Federal.

En este sentido, la especialista explica que “es verdad que las personas de la tercera edad tienen cierta pérdida de este sentido por vejez, ya que el oído se cansa a partir de los 50 años, y que muchos jóvenes sufren deterioro por el uso de audífonos; sin embargo, me parece que los desórdenes metabólicos son los que generan más problemas”.

Respaldada en sus más de 25 años de práctica médica y con base en las más de 30 consultas diarias que realiza, comenta que “en la actualidad vemos muchos casos de niños, jóvenes, adultos o ancianos en los que la elevación de grasas en sangre ocasionan problemas otológicos como ruidos o zumbidos en el oído (acúfenos) y disminución en la capacidad de distinguir sonidos (hipoacusia), y ello se debe a los hábitos alimenticios que llevamos”.

El ataque de las grasas

A decir de la Dra. Pasquero, el oído suele ser el primer órgano en revelarnos un padecimiento en el sistema circulatorio, siendo más frecuentes las hiperlipidemias, es decir, altos niveles de colesterol, triglicéridos (principal tipo de grasa que viaja por vías sanguíneas para dar energía o ser almacenada) o ambos.

La comida mexicana “nos ha producido colesterol alto desde hace tiempo porque comemos carnitas, chicharrón, pozole o taquitos, pero ahora lo que encontramos con más frecuencia son los niveles elevados de triglicéridos, algo que la mayoría de la gente desconoce y que se debe al consumo exagerado de leche, yogurt, fermentos de arroz, crema, mayonesa, mantequilla, chocolates, pasteles, galletas, pan dulce, jugos, cocteles de frutas, refrescos o miel”, indica a profundidad.

Así, mucha gente que persigue el objetivo de alimentarse saludablemente hace lo contrario “cuando toman jugos o licuados con 5 ó 6 frutas, al comer cocteles con crema batida, pasas, yogurt, coco o chispas de chocolate, pues nos van a aumentar los triglicéridos. Por otro lado, en televisión, revistas u otros medios de comunicación vemos que aparecen yogures nuevos, con facultades casi milagrosas, y los compramos por comodidad y publicidad, siendo que estos productos están hechos con grasas de muy baja calidad y mucha azúcar”.

Ahora bien, la especialista especifica que “la arteria auditiva interna es una de las vías sanguíneas más pequeñas del organismo; es del tamaño de un cabello e incluso se divide en dos para alimentar a las porciones del oído encargadas de escuchar y de guardar el equilibrio (vestibular). Al tener triglicéridos y (o) colesterol muy elevados, esta vía se obstruye, de modo que antes de que se presenten problemas severos como infarto (muerte de tejido en cerebro o corazón por falta de irrigación sanguínea), vamos a encontrar manifestaciones en órgano auditivo”.

Otros villanos de esta historia son la presión arterial alta (hipertensión) y diabetes (elevado índice de azúcar en sangre). Millones de personas padecen estas enfermedades, a veces sin saberlo, y sufren alteraciones otológicas. “Muchos pacientes acuden a consulta por acúfeno o vértigo, y lo que detectamos es que padecen alguno de estos problemas y no habían sido diagnosticadas o no llevaban buena atención”.

Asimismo, la Dra. Pesquero refiere con preocupación que los problemas a nivel de oído también están determinados por elevación de ácido úrico (compuesto que se genera por ingesta excesiva de carne, vísceras, mariscos y alcohol). “Esta situación era más común en varones, pero ahora encontramos niveles altísimos de este compuesto en la mujer, generándole problemas de dolor articular o gota (episodios agudos de inflamación reumática), porque son consumidoras de barbacoa, carnitas, chicharrón y bebidas alcohólicas”.

Mejor alimentación, mejor audición

La mayoría de los pacientes que acuden a consulta por problemas a nivel del oído lo hacen cuando perciben acúfenos, sensación de oído tapado, molestias por ruidos fuertes y capacidad disminuida para detectar sonidos con claridad.

En cuanto llegan, explica la especialista, “son revisados primero por el otorrinolaringólogo (especialista en problemas de oído, nariz y garganta) para descartar alguna infección o tapón de cerumen; luego pasa al gabinete de audiología o de otoneurología, donde por experiencia lo que hacemos es medir la presión y tomar muestras de sangre para hacer exámenes de laboratorio que nos indiquen el nivel de colesterol, triglicéridos, glucosa y ácido úrico. También contemplamos la posibilidad de detectar anemia (deficiencia en glóbulos rojos, que transportan oxígeno), ya que es otra causa de problemas auditivos”.

A continuación se efectúan estudios especiales como audiometría tonal (mide el umbral sonoro que puede escuchar el paciente), logoaudiometría (evalúa la capacidad para oír y entender el lenguaje) y, cuando se requieren, pruebas de la parte vestibular o del equilibrio.

Por lo que toca al tratamiento, explica la Dra. Alma Pesquero, “no debemos quitar los síntomas, sino combatir la causa, y ello consiste en modificar los hábitos alimenticios. Mandamos al paciente a dietología y después se le proporcionan medicamentos que disminuyan sus niveles de triglicéridos, colesterol o ácido úrico, o bien, para controlar la presión alta y la glucosa. Una vez que están en niveles óptimos, vemos que los problemas del oído desaparecen o mejoran”.

A pregunta expresa, la especialista considera que el panorama no es sencillo. “Cada día aparecen más productos de publicidad y comida chatarra, pero por la época que vivimos, con tanta prisa, es lo que comemos: papas fritas, galletas o yogurt, y eso nos afecta mucho, porque se fabrican con materias primas de calidad tan baja que a veces es más costoso el envase que el contenido”.

De esta forma, la sugerencia es que se incluyan más verduras en la dieta, menos carne, grasas y golosinas, e incluso que las frutas se ingieran con moderación. “Hay quienes se comen 6 mangos en una sentada, y otro tanto pasa con uvas, plátano o sandía, que son las que poseen más azúcares y que terminan transformándose en triglicéridos”.

Finaliza la especialista: “lo esencial es tener buena educación para comer, sobre todo desde jóvenes, y aceptar que nos alimentamos mal en vez de sorprendernos al ver los resultados de una prueba de sangre. Nadie nos obliga a ingerir 5 vasos de yogurt o 6 capuchinos con su respectiva rebanada de pastel, o a mezclar grasas y alimentos dulces, como al tomar jugo de naranja con jerez y yemas de huevo, o comer tacos en el puesto de la esquina con un refresco; esas son ‘bombas’ para nuestra salud circulatoria”.

SyM - Rafael Mejía

 

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