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Estrés: enemigo en la diabetes e hipertensión

Viernes 21 de abril del 2017, 11:54 am, última actualización

Necesitamos cierta dosis de estrés para enfrentar situaciones peligrosas y adaptarnos a los cambios. No obstante, dicho estado puede convertirse en enemigo mortal cuando persiste y deteriora la salud, especialmente en personas con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión.

Estrés: enemigo en la diabetes e hipertensión

En términos generales, es reacción del organismo que todos heredamos para adecuarnos a las exigencias del entorno. ¿Cuántas veces hemos tenido fuerza extraordinaria, saltado grandes obstáculos o realizado maniobras asombrosas?, seguro que muchas. En estos casos se trata de una manifestación de estrés positivo o eustrés porque nos permitió vencer algún evento adverso.

“Todos respondemos de diferente forma a los estímulos, pero lo que marca la diferencia es cómo los evaluamos. Para ello debemos preguntarnos ‘¿qué tan riesgoso es lo que estoy enfrentando?’ y ‘¿puedo solucionarlo?’. El estrés negativo o distrés aparece cuando respondemos ante una situación que es delicada y no contamos con las herramientas para resolverla, lo que genera ansiedad, angustia, dolor e insomnio”, explica el Mtro. en Psicología Clínica y de la Salud Arturo del Castillo Arreola.

Ante la enfermedad

Si trasladamos lo anterior a la realidad de las personas que sufren diabetes (altos niveles de azúcar en sangre) o hipertensión (presión arterial elevada), podemos apreciar que muchas consideran que el padecimiento que sufren es peligroso. Y a ello se suman dificultades para modificar sus hábitos alimenticios, hacer ejercicio, efectuar pruebas de autoevaluación, tomar medicamentos y asistir a consulta médica con frecuencia.

“Los pacientes viven estos cambios de diferentes formas. Porcentaje importante se preocupa en extremo, perciben muy estrictas las modificaciones en su estilo de vida y se consideran poco hábiles para manejar la situación. Además, suelen sentirse angustiados por el trabajo, economía familiar y sus hijos”, refiere el entrevistado, también profesor e investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Otro sector considera que su estado no es peligroso y lo evalúan como algo sin importancia; no se estresan, pero tampoco siguen su tratamiento de manera adecuada y ello es riesgoso para su salud. “Y un tercer grupo está conformado por los individuos que se encuentran en el punto medio, quienes perciben que su padecimiento es importante y comienzan a adquirir herramientas para mantenerlo bajo control; el estrés es mínimo y les ayuda a hacerle frente a la enfermedad”, indica el Mtro. Del Castillo Arreola.

Pacientes en peligro

Al experimentar alta carga de estrés, tiene lugar actividad excesiva en las funciones del sistema nervioso, endocrino (asociado a la respuesta hormonal) e inmunológico (relacionado con las defensas del organismo), así como en los llamados sistemas complementarios, como el simpático (encargado de movilizar las reservas de energía en estados de emergencia) y parasimpático (cuya función consiste en conservar y almacenar dichas reservas).Entre los cambios fisiológicos importantes, se encuentra la segregación de hormonas, como noradrenalina, adrenalina y cortisol. Las dos últimas, principalmente, mueven la energía almacenada en el organismo (glucosa y ácidos grasos)”, comenta el especialista.

Esta movilización prepara a los individuos para enfrentarse al estímulo que los estresa; en personas sanas, dicha fuente de energía se utiliza de inmediato. No obstante, en los pacientes con diabetes —ante la falta de insulina (tipo 1) o insensibilidad a la acción de esta sustancia (tipo 2)—ocasiona que la glucosa recién liberada se acumule en el torrente sanguíneo.

“Por tanto, los altos y frecuentes niveles de estrés en estos pacientes se asocia con la aparición más temprana de las complicaciones de la enfermedad, como retinopatía diabética, dolor neuropático y ulceraciones en pies, entre otras”, agrega el Mtro. Del Castillo Arreola.

Por otra parte, el incremento de adrenalina y noradrenalina ocasiona que el corazón lata más rápido y la presión arterial se eleve, lo que es importante factor de riesgo coronario para los pacientes con hipertensión.

Se ha encontrado que las personas que han sufrido infarto al miocardio o cerebral han estado sometidas a gran carga de estrés durante años. “Pero cabe aclarar que también se asocian otros factores, como herencia, falta de ejercicio, consumo excesivo de grasa y sal, y tabaquismo”, expresa el experto.

¿Qué más afecta?

El estrés no sólo causa estragos a nivel fisiológico, pues de acuerdo con el Mtro. Del Castillo Arreola cuando es elevado y negativo (distrés) tiene efectos en los siguientes aspectos:

  • Conductual. Existe especie de bloqueo y se dificulta resolver problemas y cumplir con las actividades diarias.
  • Afectivo. Prevalece la ansiedad, aunque también puede aparecer miedo hacia la enfermedad y/o enojo con la vida.
  • Somática. Se experimenta dolor en distintas partes del cuerpo y suelen presentarse repetidos episodios de gripe u otro tipo de infecciones.
  • Interpersonal. Al no recibir apoyo de sus seres queridos, el paciente se aísla y tiene continuos problemas intrafamiliares.
  • Cognitiva. Dominan pensamientos catastróficos acerca de la enfermedad y sobre lo desafortunada que es su vida.

Cambios de vida

Sin duda, el manejo y control del estrés, aunado a alimentación saludable y ejercicio físico, puede ayudar a disminuir los niveles de glucosa en sangre y la presión arterial. Al respecto, el Mtro. Del Castillo Arreola aconseja la importancia de establecer cambios en el estilo de vida y, en este sentido, la labor del médico y los educadores es crucial porque permite que el paciente adquiera las herramientas para enfrentar el problema.

Asimismo, es muy importante que la familia también modifique sus actividades y hábitos; de esta manera, disminuirán factores de riesgo y el afectado se encontrará en mejores condiciones.

Igualmente destaca la participación del especialista en salud mental. “Ayudamos al paciente a que aprenda más rápido las conductas relacionadas con su tratamiento, así como aquellas capaces de controlar el estrés. Entre estas últimas se encuentran las técnicas de relajación, cuya base es la respiración correcta”, refiere el psicólogo, quien finaliza que también es benéfico involucrar al enfermo en actividades recreativas, modificar las ideas equivocadas en torno a su padecimiento y brindarle herramientas para solucionar problemas cotidianos.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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