Centro de Diabetes / Consejos Alimenticios

Productos light y diabetes: relación sana y difícil a la vez

Por ignorancia o complacencia, muchos pacientes con diabetes consideran que el consumo de productos light sustituye a una dieta balanceada, o que ingerirlos en abundancia es inofensivo porque “no tienen calorías”. Nada más lejos de la verdad; le decimos por qué.

Para nadie es un secreto que alimentación mal planeada y comida en abundancia son protagonistas de los millones de casos de diabetes (elevada concentración de azúcar en sangre debido a la incapacidad del organismo para utilizarla) que existen en la población mexicana. Al respecto, se ha dado a conocer recientemente que México es el país más afectado por la obesidad en todo el mundo, superando incluso a Estados Unidos.

De acuerdo con estudio realizado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), llamado Obesidad y Economía de Prevención, 70% de los mexicanos tiene algún grado de sobrepeso, mientras que el porcentaje en el vecino país del norte es de 68%. Si tiene curiosidad sobre las naciones con índices más bajos, le diremos que son Japón, Corea y Suiza.

Sirva la referencia para enfatizar que mucha de la gente que padece diabetes tipo 2 (no insulino dependiente) desarrolló la enfermedad en gran parte por sus deficientes hábitos alimenticios, los cuales implican dieta con importante excedente de calorías y vida sedentaria, es decir, aquella en la que el ejercicio programado es nulo o casi inexistente.

Así las cosas, una solución que se percibe sencilla es la de consumir productos light, mismos que se han multiplicado y se encuentran al alcance de la mano en centros comerciales, tiendas de autoservicio y farmacias, pero que de ninguna manera pueden resolver un problema que es más complejo.

Que pase el acusado

En términos simples, un producto light es aquel que ha sido procesado para que su contenido energético (medido en calorías o en joules) sea al menos 30% menor que el del alimento original de referencia, sea éste una mermelada, yogurt, postre o edulcorante (endulzante).

Evidentemente, este tipo de alimentos fueron concebidos para atender a un sector de la población que tenía restricciones en el consumo de sal, azúcar o grasas (personas con diabetes, presión arterial elevada o alto grado de colesterol en sangre) y, obviamente, para quienes querían controlar o reducir su peso.

Los productos light surgieron apenas hace 30 años, cuando se popularizó el uso de la sacarina para sustituir el azúcar. Actualmente, el mercado de los comestibles reducidos en calorías o ligeros es monumental, y tan sólo en Estados Unidos es consumida por 70% de la población. Se estima que en México la cifra es menor, pero es un hecho que el gusto por este tipo de artículos crece día con día.

Hay que advertir, sin embargo, que los intereses comerciales y la falta de una regulación estricta han hecho que el adjetivo light o dietético tenga uso excesivamente amplio y poco concreto, ya que puede aplicarse a cualquier comida que ha variado su composición química. En específico, a nivel nutricional se refiere a que tienen menos calorías, más proteínas, menos grasas (lípidos) o más minerales en su composición.

Al respecto, especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) han alertado sobre el riesgo de los aditivos que se agregan a los alimentos ligeros, los cuales pueden afectar el sistema renal. El consumo cotidiano de estos productos podría, incluso, causar desórdenes gástricos y ser inútiles para la reducción de peso, según afirman.

Rebeca Castro Leyva, jefa de Nutrición y Dietética del Hospital General de Zona (HGZ) 2-A Troncoso, ubicado en la Ciudad de México y dependiente del IMSS, señala que los alimentos dietéticos no deben considerarse “milagrosos”, aunque contengan menos calorías si se les compara con los regulares.

Lo light, advierte la especialista, “no debe formar parte del plan alimenticio para bajar de peso y, en el caso de personas con diabetes o problemas cardiovasculares que necesiten controlar el aporte calórico de su alimentación, lo mejor es acudir al médico para que aprendan a tener dieta adecuada, según sus necesidades, y a consumir complementos con bajo contenido de azúcar o grasas”.

Se deben leer las etiquetas de cada producto, apunta la experta, para saber los aditivos que contiene. “No todo lo que dice light lo es, ya que en algunos casos se sustituye el azúcar por fructosa o sacarina, que al llegar al organismo se convierte en glucosa. La recomendación básica es comer alimentos en su estado natural, aumentar el consumo de fibra y beber 2 litros de agua al día”.

¿Buenos o malos?

Estos productos pueden verse positivamente si tomamos en cuenta que permiten darle variedad a la dieta cotidiana, lo cual evita el sacrificio de comer alimentos desabridos o insípidos.

No hay pretexto para no cuidarse en nuestros días, dicen los nutriólogos, sobre todo si se tiene conciencia de que una dieta básica y equilibrada es aquella que nos proporciona, en promedio, entre 1,500 y 3,000 calorías por día para permanecer activo, dependiendo de la actividad que se realice pues, evidentemente, quien sea más dinámico y realice esfuerzo continuo durante más tiempo necesitará más energía que quien es sedentario.

Empero, hay que decir que no todos los productos rotulados como light son bajos en calorías, ni ayudan a perder peso. Claro ejemplo de esta situación son los chocolates “ligeros”, toda vez que contienen muchas calorías debido a que su aporte en grasas es considerable, aunque no contengan azúcar.

En situación parecida se pueden encontrar algunos productos especializados para enfermos de diabetes que anuncian en su etiqueta que no contienen azúcar. Parecen de lo más conveniente, pero resulta que el componente sustituto es fructosa, es decir, otro tipo de edulcorante con alto contenido calórico.

En efecto, si se quiere alimento realmente bajo en calorías, hay que buscar aquellos que estén libres de azúcar, llámese sacarosa, fructosa o maltodextrina.

En el mismo sentido, debemos estar al tanto de que los productos que dicen ser bajos en colesterol no siempre son reducidos en grasa: la margarina, por citar un caso, se utiliza como alternativa de la mantequilla debido a que es fabricada con aceites vegetales, pero está elaborada totalmente con lípidos. Otro ejemplo es el de los comestibles bajos en grasas, que no siempre tienen índices moderados de sodio, lo que es habitual en numerosas verduras, frutas y sopas enlatadas.

Los refrescos dietéticos, por su parte, son buena alternativa, pero de nada servirán si se abusa de las calorías provenientes de otros alimentos, es decir, si esta bebida es acompañada por frituras o, comúnmente, de tacos de carnitas.

Ni tanto que queme al santo...

Ahora bien, es importante señalar que lo anterior no significa que los productos dietéticos sean “los malos de la película”. Cierto, se les “sataniza” frecuentemente porque, se dice, atentan contra la salud de niños y adolescentes, pero hay que entender que, en realidad, estos sectores de la población se encuentran en pleno crecimiento y en proceso de formación de tejidos, por lo que es recomendable que consuman alimentos naturales con todos sus nutrientes.

El consumo calórico a estas edades es altísimo y no se justifica la ingesta de productos light, a pesar de que los infantes mexicanos tienen alto grado de obesidad. Lo mejor, como ya se ha dicho, es acudir al experto y hacer plan alimenticio personalizado, si es que nuestro hijo sufre sobrepeso.

Si hablamos de los ancianos, la depleción de los tejidos (disminución de líquidos) y la pérdida de elasticidad de la piel hace necesario que, salvo la mejor opinión del médico, consuman productos naturales para suplir las deficiencias propias de la edad, antes que alimentos reducidos.

Finalmente, te recomendamos tomar en cuenta los siguientes puntos:

Atención con las etiquetas

Para las personas con diabetes, los alimentos que contienen menos de 20 calorías y 5 gramos o menos de carbohidratos por porción se consideran “alimentos libres”, ya que una porción no afectará significativamente su nivel de azúcar en la sangre.

Sin embargo, cuando en la etiqueta de un alimento se lee: “libre de calorías”, “libre de grasa” o “libre de azúcar”, el resultado es completamente diferente. A continuación, una guía basada en datos de la compañía Johnson & Johnson.

Calorías

Grasa

Azúcar