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25 Noviembre 2017 | Iniciar Sesión



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Salud en la madurez para ser autosuficiente en la vejez

Viernes 05 de mayo del 2017, 12:42 pm, última actualización.

Si bien es cierto que la esperanza de vida de los mexicanos se ha incrementado a pasos agigantados, se debe diferenciar entre cantidad y calidad, ya que de nada sirve vivir mucho tiempo si la persona está enferma y no puede valerse por sí misma.

Salud en la tercera edad
Salud en la madurez para ser autosuficiente en la vejez

Es común decir que en 20 o 25 años México será un país de viejos, y tal pareciera que debemos esperar a que se cumpla tal aseveración para ofrecer trato digno y apoyo a las personas de la tercera edad, como si en este momento no existieran individuos que pertenecieran a ésta.

El sistema político y social ha dejado de lado programas integrales en favor de la tercera edad y en esto tienen que ver, por supuesto, las condiciones económicas características de un país del tercer mundo. A ello hay que agregar que la configuración de la familia mexicana ha sufrido cambios fundamentales y en la actualidad se hace difícil brindar manutención al abuelo o abuela, sobre todo cuando alguno de ellos se encuentra incapacitado para valerse por sí mismo.

El centro de la discusión se encuentra, sobre todo, en la falta de prevención en la que incurre el adulto cuando se encuentra en una edad productiva, etapa en la que descuida su salud y no le da importancia a aspectos como sobrepeso, tabaquismo, consumo inmoderado de alcohol y falta de ejercicio, detonantes de diversas enfermedades que serán más difíciles de combatir durante la vejez.

Otra forma de pensar

Es un hecho que se tiende a imitar cada vez más a los norteamericanos, con la salvedad de que la realidad mexicana es, en términos generales, muy diferente.

Las circunstancias económicas y educativas de la sociedad estadounidense les permiten a los adultos planear su futuro a partir de la cuarta década de vida, situación que se presenta simultáneamente con la salida de los hijos del hogar paterno y define las relaciones familiares a partir de entonces: por un lado, los padres recobran su vida en pareja y, por el otro, los hijos experimentan el inicio de la independencia y la vida en solitario.

En general, en dicho país es impensable que los viejos cohabiten con sus hijos cuando éstos han formado ya una familia, por lo que resulta de lo más normal que vivan solos, ya sea en una casa de su propiedad, o bien, en un asilo o casa de asistencia. Claro está que este panorama, fuera de toda interpretación sociológica, es viable gracias a que la mayoría de la población tiene acceso a un empleo redituable, seguridad económica y social (que incluye servicios de salud de primer nivel) y el apoyo de asociaciones civiles y gubernamentales.

Todo ello, aunado a programas de prevención y control de enfermedades, hace posible que casi la totalidad de los adultos mayores estadounidenses sean autosuficientes y vivan plenamente su vejez.

¡Viva México!

En México, la separación de los padres cuando se logra una posición productiva alcanza en ocasiones tintes dramáticos, sobre todo si las visitas a la casa paterna se empiezan a espaciar cada vez más.

En el mismo sentido, se debe reconocer que la idiosincrasia nacional marca que es obligación de los hijos hacerse cargo de los padres cuando éstos llegan a la vejez, y que no hacerlo así es muestra de la mayor de las ingratitudes. Sin embargo, los sociólogos asumen que esta actitud se encuadra dentro de una doble moral porque, por un lado, los descendientes reconocen su papel de benefactores, pero la realidad es muy diferente, ya que su responsabilidad sobre su familia nuclear (esposa e hijos) y la situación económica les impiden cumplir con ese "deber".

Así las cosas, la población de la tercera edad debe aceptar los cambios al interior de la familia mexicana, dicho de otro modo, se encuentra en el proceso de comprender que difícilmente tendrá un lugar asegurado junto a los hijos (incluso si padece una enfermedad incapacitante) y que, en todo caso, se le aceptará si atina a desempeñar con responsabilidad tareas de vigilante o institutriz y es lo suficientemente flexible para aceptar las reglas establecidas y los satisfactores que se le ofrezcan.

No es deseable, por tanto, esperar que otros se hagan cargo de su existencia, por lo que se deben tomar medidas para obtener un patrimonio que les permita vivir con tranquilidad, pero, sobre todo, conservar buen estado de salud para evitar depender de sus familiares.

Hay mucho qué hacer

Como se ha visto, el primer paso hacia una vejez saludable estriba en tener conciencia de que el tiempo cobra los descuidos en los que se incurren durante la juventud y madurez.

De hecho, la ciencia médica ha notificado oportunamente que cada vez es más frecuente que las enfermedades consideradas antaño propias de la tercera edad aparezcan en forma más temprana, como es el caso de diabetes mellitus, problemas cardiacos, disfunción eréctil, hipertensión arterial (presión arterial alta) y artritis reumatoide.

Por ello, el cuidado de la salud debe entenderse como el pilar del futuro, pues si nuestro organismo se mantiene sano y tenemos un sistema inmunológico (que nos defiende de infecciones) fortalecido mantendremos la vitalidad necesaria para emprender diversas tareas.

De esta manera, aparecerás ante tus familiares más cercanos, amigos y la sociedad en general como un individuo que se ha preocupado por su bienestar y que está dispuesto a resolver sus propios problemas. Claro está que, como todo ser humano, te enfermarás y eventualmente necesitarás apoyo mientras te recuperas, pero ello, lejos de ser visto como una costumbre, será un hecho excepcional.

Ayúdate, que Dios te ayudará

Para que conserves un estado de salud óptimo debes cuidar algunos aspectos básicos; en primer lugar, comprender que los hábitos alimenticios aprendidos durante la niñez y primera juventud deben modificarse, pues el consumo excesivo de carbohidratos y grasas, así como una dieta pobre en fibra, agua, frutas y verduras predisponen al organismo a la obesidad, enfermedad que a su vez esta correlacionada con diversos padecimientos: diabetes, hipertensión, infartos cardiacos y cerebrales, ateroesclerosis, hipercolesterolemia (altos índices de colesterol en sangre) y disfunción eréctil.

Por su parte, tabaquismo y consumo de alcohol incrementan el riesgo de alterar el sistema nervioso y son factores de riesgo para sufrir infartos, enfisema pulmonar (obstrucción de los bronquios), cirrosis (alteración en donde los tejidos del hígado se endurecen y limitan su funcionamiento) y, por supuesto, cáncer.

Es bien conocido que fumar y beber favorecen otros males como acidez estomacal, agruras, fatiga, mala memoria, confusión mental, tartamudez, trastornos del sueño y estado de ánimo cambiante; asimismo, provocan desinterés en las actividades diarias y debilitamiento del sistema inmunológico y de la capacidad de reacción frente a situaciones de estrés.

En el caso específico de las mujeres, hay que decir que la menopausia es una llamada de atención, pues a partir de esta fecha, la cual se identifica con la pérdida de la menstruación, disminuye gran parte de la lubricación natural en vagina, hay depresión, aparecen bochornos y decrece la libido (apetito sexual), al mismo tiempo que aumentan los riesgos de sufrir osteoporosis, cáncer de mama e infarto al miocardio (tejido del corazón), debido al descenso de las hormonas sexuales femeninas (estrógenos). Es aconsejable visitar al ginecólogo para analizar la conveniencia de una terapia de reemplazo hormonal, así como el consumo de calcio y la práctica regular de ejercicio.

El poder de la mente

Mantenerse activo implica también desarrollar el aspecto intelectual, por lo que ser parte de un grupo de discusión, jugar ajedrez o dominó, o bien, ponerse al día en cuestiones tecnológicas (conocer cómo funciona un aparato de sonido, video e Internet, por ejemplo) fortalecerán las cualidades de lógica y pensamiento que todo individuo posee.

Recuerda, cualquier actividad que realices servirá para que la gente te considere un ser autosuficiente y capaz de resolver sus problemas; incluso, podrá ser un apoyo para otros, pues la experiencia que se posea y el conocimiento de los acontecimientos actuales lo convertirán en una persona calificada para abordar diversos tópicos, lo que redundará en tu autoestima y bienestar general.

En el mismo sentido, una persona de la tercera edad que esté activa y sana, que viaje, haga deporte, lea y estudie tendrá poco tiempo para pensar en deprimirse o en la muerte. Asimismo, evitará consumir grandes cantidades de medicamentos y ser asiduo visitante de las salas de espera de diversos consultorios, aunque ello no significa que deba renunciar a revisiones periódicas sobre su estado general de salud. Un abuelo que se encuentre en buena condición física y mental será siempre una referencia para los demás, un ejemplo a seguir y un apoyo cuando algún familiar se sienta triste o angustiado.

Por otro lado, es fundamental que se cuente con una posición económica estable, hecho que impedirá que hijos o familiares cercanos sientan al adulto mayor como pesada carga que obstaculiza su propio desarrollo.

De esta forma, se creará una relación entre el viejo y sus hijos basada en el respeto y conocimiento mutuo lo que, a la postre, será el pilar para alcanzar una madurez tal que impida actitudes chantajistas y melodramáticas por parte de los viejos, e indiferencia y maltrato de sus descendientes.

SyM - Fernando González G.

 

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