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Encopresis, excremento sin control

Encopresis, excremento sin control

Regina Reyna

Tal como sucede con la orina, las manchas de heces en la ropa interior del niño causan conflicto en sus tutores; la causa puede ser alguna anomalía digestiva, pero en alto porcentaje se debe a problemas emocionales que involucran directamente a los papás.

Cuando un niño (mayor a cuatro años) sufre pérdida voluntaria o involuntaria de orina se dice que padece enuresis, pero cuando se trata de materia fecal el problema recibe el nombre encopresis, el cual es menos común que la primera. Ocurre en casos muy raros en la adolescencia, y se presenta en mayor número en varones que en niñas (la proporción es 4 por 1).

De acuerdo a algunos estudios al respecto, 15% de quienes sufren encopresis lo heredaron de sus padres, es decir, alguno de ellos lo padeció en su infancia. Ahora bien, dentro de las causas se reconocen dos líneas: fisiológicas, que refieren a alguna anomalía orgánica, y psicológicas, aunque se conocen casos en donde se combinan ambas.

En el primer tipo es común que haya alteración en los movimientos del colon (sección del intestino en el que se forma el bolo fecal y se prepara para ser desechado), principalmente en contracción y elasticidad, lo que da pie a estreñimiento donde la material fecal se impacta (adhiere) a las paredes del órgano; cuando así sucede se produce material semilíquido que se derrama involuntariamente por el ano como reflejo al estímulo de la ocupación o dilatación del colon.

Para contrarrestar el estreñimiento se recomienda una dieta con alto contenido en fibra, frutas, legumbres, cereales integrales y cantidades abundantes de agua y líquidos, los cuales favorecen el paso de heces más blandas disminuyendo las posibles molestias causadas por las deposiciones. El uso de laxantes, supositorios o lavativas deberán ser prescritos por el médico.

Padres estrictos, una causa más

Cuando existe encopresis sin presencia de estreñimiento se trata de un problema psicológico, siendo frecuente en niños que fueron exigidos en exceso durante el entrenamiento del control de esfínteres (músculo que abre y cierra el orificio que da salida a la excreción u orina, o para retenerlos, como los del ano y la vejiga), el cual pudo haber sido inadecuado o punitivo (doloroso, represivo o agresivo), causando incluso fobia al inodoro.

El niño en este caso puede percibir la evacuación como una experiencia negativa y retener las heces por temor a las consecuencias de ensuciarse y, lógicamente, mientras más retenga peores serán las consecuencias.

En otros chicos la encopresis suele ser un desafío hacia el entorno, una forma de llamar la atención, principalmente en niños antisociales o de carácter agresivo, impulsivo e incluso en hiperactivos; cabe señalar que este problema es muy común en individuos con cierto retraso mental.

En todos los niños encopréticos suele producirse vergüenza ante los demás, con sentimientos de culpabilidad y baja autoestima, acrecentándose el problema al sufrir acusaciones de padres y hermanos, o al ser descubiertos por los compañeros de escuela.

Para conocer el origen del padecimiento deberá realizarse una evaluación médica que descarte anomalías en el sistema digestivo, la cual partirá de una historia clínica en la que se informe qué medicamentos se han empleado desde el nacimiento; igualmente deberá realizarse una revisión psiquiátrica en la que se hará una valoración de los trastornos de conducta, afectivos e incluso mentales, así como de los posibles antecedentes en la familia y el ambiente que priva en ésta.

¿Cómo educar?

Los pediatras (especialistas médicos en salud de los niños) no reconocen una edad específica para que el chico aprenda a usar el baño, la cual -señalan-depende de su madurez física y psicológica. Mire usted, un bebé menor de 12 meses todavía no tiene control sobre sus intestinos y vejiga, y seguirá así aproximadamente durante los siguientes seis meses, al cabo de los cuales empezará a mostrar signos de estar listo, entre los que pueden mencionarse:

  • La expresión facial, postura o palabras revelan que el niño desea orinar o defecar.
  • El chico puede seguir instrucciones verbales sencillas.
  • Se siente incómodo con el pañal sucio y desea que se le cambie; a veces desea usar ropa interior para mayores a él.
  • Pide usar el inodoro o la bacinica.
  • Sabe desvestirse y volverse a vestir.

El primer paso en la enseñanza es que el niño se muestre deseoso de cooperar, y si aun denota miedo no debe obligársele; si protesta vigorosamente es mejor esperar un poco. Tenga en cuenta que algunos problemas en el hogar pueden dificultar la labor de aprendizaje, por ejemplo, si la familia acaba de mudarse de casa o lo hará pronto, si viene en camino un nuevo bebé o hay uno recién nacido, o bien si hay conflictos familiares, o alguna enfermedad grave o muerte en el entorno social.

Estos son algunos consejos que le serán de utilidad en el entrenamiento del niño para que use el baño:

  • Orinar y defecar son procesos naturales del organismo y como tales deben ser tratados, es decir, no los "disfrace" con nombres alternos, como tampoco deberá hacerlo con las partes del cuerpo involucradas; recuerde que es mejor utilizar términos que no ofendan, confundan o apenen a otras personas, y evite utilizar términos como "apestoso" o "cochino" para productos de deshecho, ya que las palabras negativas pueden hacer que el niño se sienta avergonzado.
  • Si el pequeño intenta jugar con las heces no lo deje, pero cuide no hacerlo sentirse culpable u ofenderlo, simplemente infórmele que no debe llevarlo a cabo.
  • Previo al entrenamiento seleccione una bacinica o entrenador que sea fácil de usar por un niño pequeño, y con el cual sus pies toquen el piso.
  • Antes de defecar, el niño puede hacer algunos sonidos como gruñidos, o dejar de jugar por unos momentos, o a veces su cara se pone roja al pujar; explíquele que probablemente va a hacer popó y es tiempo de usar el baño.
  • Los niños se interesan frecuentemente por las actividades de la familia en el baño, por lo que a veces es conveniente que observen a otros miembros usarlo. Si es posible, las madres deben enseñar a las niñas y los padres a los niños, pero también pueden aprender de hermanos mayores u otros familiares.
  • Reconozca y alabe al chico cuando le demuestre su deseo por orinar o defecar, y llévelo de inmediato.
  • Al llevarlo a la bacinica explíquele qué desea que suceda, siendo usted alegre y natural; si el pequeño protesta enérgicamente no insista, es mejor esperar.
  • Por lo general, el niño le hará saber cuándo puede cambiar de la bacinica al inodoro.
  • Enseñe al niño a limpiarse correctamente, principalmente a las niñas, quienes deberán hacerlo de adelante hacia atrás para evitar infecciones en vejiga y vagina; asegúrese de que después se laven las manos.
  • Algunos niños piensan que sus desechos son parte de su cuerpo, de forma que ver que los arrojan puede asustarlos, así como si se activa la descarga del inodoro mientras están sentados; corresponde a los padres explicar que se trata de secreciones corporales. Para darle al niño sensación de control, permita que él jale el baño, ya que esto hará que se pierda el temor al sonido del agua y a la desaparición de las heces.
  • Puede tomar semanas, incluso meses, antes de que el entrenamiento sea completo; no trate de forzar resultados rápidos. Los intentos exagerados para el entrenamiento pueden resultar en diarrea o estreñimiento.
  • Usted debe apoyar los esfuerzos del niño y elogiarlo cuando haya éxito, pero si ocurre algún error pórtese de manera natural y no se enoje, pues el castigo hará que el chico se desilusione y el proceso tomará más tiempo.
  • Al principio, muchos niños orinan o defecan justo cuando se levantan de la bacinica. Si estos "accidentes" ocurren muy seguido, su niño no está listo para el entrenamiento.
  • Algunas veces el niño pedirá un pañal cuando necesita defecar y podrá ir a algún lugar en privado. En vez de considerar esto un fracaso, elogie al niño por reconocer sus movimientos intestinales. Sugiera que se quede en el baño de pie y después haga que se siente en la bacinica, con el pañal puesto, y después quítele éste.
  • La mayoría de los niños alcanzan control absoluto durante el día a los 3 o 4 años, pero si después de esta edad continúan ensuciándose coméntelo con el pediatra. Puede tomar varios meses o años antes de que el niño tenga el mismo control por las noches.

Tenga en cuenta que a cualquier edad las tensiones psicosociales o las enfermedades pueden determinar la regresión del control de esfínteres o una alteración en los hábitos intestinales que puede potenciar nuevamente encopresis. Finalmente, consulte a su pediatra si el niño presenta cambios en la naturaleza de las heces o si muestra molestias al defecar.

 

SyM
Última actualización: 05-2013

 

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