Estreñimiento y diarrea, responsables de lesiones anales
SyM - Karina Galarza Vásquez
La evacuación de heces grandes, secas y duras, así como diarreas constantes pueden irritar y ocasionar fisuras y desgarres en la región anal. De prolongarse esta situación, puede requerirse tratamiento quirúrgico.
Si al momento de evacuar siente intenso dolor y al final descubre que el excremento está acompañado de sangre, seguramente creerá que las hemorroides volvieron a hacer de las suyas. ¿Qué sucede?, va de inmediato a la farmacia y compra pomada para aliviar el supuesto mal que le aqueja.
Tras untarse la crema, nota que el dolor no desaparece. Ya pasaron minutos, incluso horas, y la molestia sigue. “Con frecuencia, toda dolencia en la región anal se achaca a las hemorroides, lo cual es un error, ya que existen gran cantidad de padecimientos que afectan dicha zona”, refiere el cirujano coloproctólogo Carlos Toledo Caballero, quien se dedica a la práctica privada y desempeña como profesor adjunto de la especialidad en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ubicada en la capital del país.
Dos tipos de lesiones anales
Cuando se padece estreñimiento existe alto riesgo de sufrir heridas o ulceraciones en el ano, trastorno conocido como fisura anal. “Este padecimiento se genera, principalmente, a causa de traumatismos. Por ejemplo, en la mayoría de casos se encuentra el ocasionado al expulsar heces grandes y, o, secas; quemadura química ocasionada por la diarrea; golpes directos y contacto con el asiento de la bicicleta”, abunda el especialista.
De acuerdo con el cirujano coloproctólogo, el padecimiento se clasifica en agudo y crónico. El primero se presenta de manera ocasional y suele cicatrizar en poco tiempo; el segundo, ocurre al existir traumatismo constante, como en el estreñimiento, lo que favorece que la fisura permanezca por mucho tiempo.
“Quienes tienen este tipo de lesión experimentan dolor muy fuerte tras defecar, síntoma que puede mantenerse por horas o, incluso, todo el día; asimismo, las heces suelen estar manchadas de sangre”, indica el especialista.
Debido a que el dolor ocasionado por la fisura anal suele incrementarse al tener contacto con las deposiciones, como reflejo los pacientes suelen contraer el esfínter anal. De esta manera, se evita la evacuación y obstaculiza la irrigación sanguínea a la zona; en consecuencia, se impide la adecuada cicatrización de la herida y la materia fecal se compacta, ocasionando mayor daño y dolor.
¡Cuidado! No siempre son hemorroides
Los principales síntomas que denotan alguna alteración en la región anal son dolor y sangrado, “y por falta de información suelen confundirse y asociarse con hemorroides. Debemos considerar que muchas enfermedades afectan dicha zona, como fisuras, fístulas, abscesos y cáncer”, resalta el Dr. Toledo Caballero.
Por lo anterior, es fundamental acudir con el médico coloproctólogo, quien realizará estudio completo, el cual consiste en exploración a base de cuatro procedimientos. “El primero está constituido por inspección que implica separar los glúteos y pedir al paciente que relaje el esfínter para poder observar, en este caso, la fisura”, explica el entrevistado.
Si el paciente tolera el dolor, se continúa con tacto rectal, cuya finalidad es verificar si el esfínter se encuentra hipertónico, es decir, con incremento exagerado del tono muscular, pues esta condición también se relaciona con la formación de fisuras.
“El tercer paso consiste en revisar la región anal con un aparato llamado anoscopio, el cual se introduce en el ano y permite visualizar todo el conducto para descartar otra alteración agregada. Y, finalmente, se realiza una rectosigmoidoscopia, exploración del recto y porción terminal del intestino grueso (colon sigmoide) por medio de un instrumento (rectosigmoidoscopio) que permite la visualización de la mucosa de dichos órganos”, expresa el Dr. Toledo Caballero.
Hacia la cicatrización de fisura anal
Cuando la fisura anal es aguda y el paciente refiere que en los últimos días ha tenido evacuaciones difíciles, se corrige el problema adicionando a su dieta fibra y líquido para ablandar las heces, lo que ayuda a cicatrizar la herida.
“A lo anterior podemos agregar pomadas que favorecen el control del dolor y disminuyen la inflamación, así como analgésicos que producirán alivio de los síntomas”, añade el especialista.
En el caso de las fisuras crónicas el manejo es más complejo porque el paciente no responde de forma satisfactoria a los tratamientos locales. “Aquí observamos —señala— que al estreñimiento se ha agregado hipertonía del esfínter; ello implica modificaciones en la dieta y procedimiento quirúrgico”. La intervención es sencilla: requiere corte parcial en el esfínter anal para que se relaje y, luego, se resecan los márgenes inflamados de la fisura.
Con los tratamientos antes descritos se logra mejoría equivalente a 100%, tanto en pacientes con fisuras agudas como en quien sufre las de tipo crónico. “Se han descrito otros métodos terapéuticos ‘de moda’, como la aplicación local de isosorbide, medicamento que relaja la musculatura del esfínter y cuyo porcentaje de éxito va de 30 a 40%. Asimismo, se ha llegado a inyectar toxina botulínica en la región perianal (alrededor de la fisura); sin embargo, al terminar su efecto el paciente requiere cirugía”, advierte el Dr. Toledo Caballero.
No está de más decir que ante cualquier síntoma extraño en la región anal, siempre hay que acudir con el coloproctólogo. Recuerde que el médico general y otros especialistas no poseen la infraestructura para realizar un estudio completo.
SyM
Última actualización: 05-2013















