Hepatitis C, hígado en apuros
Angélica Villanueva
Se dice que el hígado es el “laboratorio del organismo”, pues realiza múltiples funciones sin las que seria imposible la vida. Empero, puede verse en peligro cuando es atacado por el virus de la hepatitis C, pues le ocasiona daño considerable y propensión a sufrir cáncer.
La naturaleza le encomendó al hígado múltiples labores, ya que combate infecciones, detiene hemorragias, elimina medicamentos y sustancias tóxicas, elabora y acumula la bilis (sustancia que descompone las grasas durante la digestión), y almacena glucosa (azúcar) a manera de reserva energética. Como se puede apreciar, este órgano hace muchas cosas por nosotros, pero lamentablemente puede verse afectado por el virus de la hepatitis C, "intruso" que deteriora sus funciones, lo cual puede comprometer de manera importante la salud.
El microbio generalmente ingresa al organismo por vía sanguínea, y en cuanto se reproduce (después de cinco días aproximadamente), el sistema inmunológico (aquel que nos defiende de infecciones) comienza a generar anticuerpos para destruirlo, sin embargo, la mayoría de las veces no logra identificar adecuadamente al virus y la infección permanece por periodos prolongados (incluso hasta 13 años) sin que el afectado sienta algún malestar, pues la enfermedad no siempre causa síntomas.
Es muy importante tomar en cuenta que si una persona sufre hepatitis C desde hace años, es altamente probable que su hígado deje de funcionar y, por tanto, requiera trasplante del órgano. Por ello, es indispensable que quienes hayan estado en contacto con fuentes de contagio soliciten atención médica a la brevedad; recuerde que no siempre se tienen manifestaciones de la enfermedad. A continuación le presentamos los factores de riesgo:
- Compartir agujas al inyectarse drogas.
- Usar jeringas más de una vez.
- Pincharse alguna parte del cuerpo con una aguja contaminada con el virus, lo que muchas veces le ocurre al personal que labora en hospitales.
- Hacerse un tatuaje o perforación con instrumentos que se usaron con personas infectadas.
- Transmisión de madre a hijo durante la gestación.
- Haber recibido transfusión de sangre o trasplante de algún órgano antes de 1992, ya que en ese entonces todavía no se podía detectar el virus en la sangre.
- Tener relaciones sexuales con un individuo infectado, aunque las probabilidades de contagio son mínimas.
Ahora bien, cuando la enfermedad se manifiesta -ya sea poco después de que el virus ingresó al organismo o al haber transcurrido algunos años-, incluye las siguientes molestias:
- Cansancio.
- Náuseas.
- Fiebre.
- Pérdida del apetito.
- Dolor de estómago.
- Diarrea.
- Oscurecimiento de la orina.
- Excremento de color claro.
- Coloración amarillenta en piel y parte blanca de los ojos.
Complicación
Muchos pacientes con hepatitis C generalmente tienen la impresión de padecer gripe, fatiga y dolor abdominal, por lo que no suelen darle importancia a estas dolencias, ya que piensan que pronto pasarán. No obstante, corren el riesgo de que el padecimiento se haga crónico, lo que ocurre cuando el virus se ha mantenido en el organismo más de seis meses. Cuando ésto ocurre la enfermedad puede tornarse en las siguientes formas:
- Persistente. Cuando los síntomas son moderados y los daños al hígado poco importantes, pero el mayor riesgo lo constituye la transmisión del virus a otras personas.
- Activa. El virus destruye paulatinamente al hígado, lo que favorece el desarrollo de un padecimiento llamado cirrosis hepática (muerte del tejido del órgano en cuestión, el cual es sustituido por uno de tipo fibroso) o cáncer.
Como podrá darse cuenta, es indispensable acudir al hepatólogo cuando se ha experimentado alguna situación de riesgo, ya que la hepatitis C no tratada termina destruyendo al hígado, lo cual puede derivar en la muerte. Aunque existe la alternativa de trasplante es difícil conseguir este tipo de órgano, ya que la demanda es muy grande y la oferta por parte de donadores cadavéricos muy escasa.
El especialista antes citado solicitará análisis de sangre, los cuales confirman si se tiene la enfermedad, pues de ser positivo el diagnóstico, la muestra del líquido vital contendrá gran cantidad de unas sustancias llamadas transaminasas (componentes que residen dentro de las células del hígado, los cuales se derraman al torrente sanguíneo cuando el órgano está en problemas), así como de anticuerpos dirigidos a destruir al microorganismo.
Asimismo, se puede confirmar la presencia de hepatitis C al realizar una biopsia, método que consiste en la extracción de pequeño fragmento del hígado, el cual se observa a través del microscopio para saber si se encuentra el virus y hasta qué grado está dañado el órgano. Dicho examen se efectúa bajo anestesia local, y aunque no es doloroso puede sentirse ligera opresión durante algunas horas en el lugar donde se obtuvo la muestra de tejido, que regularmente es a la altura de las costillas.
¿Qué hacer?
Una vez que se ha diagnosticado hepatitis C, en principio, no es necesario seguir régimen alimenticio especial, pero sí debe evitarse el consumo de bebidas alcohólicas porque al llegar al hígado debilitado ocasionan que el virus se vuelva activo. Asimismo, se le prescribe al paciente la administración de interferón alfa, que es una sustancia segregada de manera normal en la sangre para deshacerse de los virus en general; normalmente se recomiendan fuertes dosis durante tres meses. Hay ocasiones en que este tratamiento se prolonga por un año, específicamente en quienes han tenido el virus por más de seis meses.
Cabe destacar que la aplicación del citado medicamento tiene como ventaja, aunque sólo en aproximadamente 60% de los pacientes, que evita la reproducción del virus. Sin embargo, sus efectos secundarios incluyen fiebre, pérdida del apetito, reducción de peso, irritabilidad, ansiedad, caída del cabello, escalofríos, dolor de cabeza y cansancio, y en pequeño número de personas puede ocasionar depresión. No hay que olvidar que en los próximos años se podrá contar con tratamientos más exitosos.
Por último, es importante resaltar que en la actualidad todavía no se dispone de una vacuna contra el virus de la hepatitis C, por lo que se recomienda a todos aquellos que hayan estado expuestos al microorganismo que soliciten análisis de sangre. Sin duda, ello evitará que la enfermedad se complique y derive en la pérdida del órgano y muerte del paciente.
SyM
Última actualización: 05-2013
















