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Gastroenteritis, más que una simple diarrea

Gastroenteritis, más que una simple diarrea

Dr. Eduardo Ramírez J.

Seis de cada 10 consultas diarias corresponden a enfermedades intestinales, de las cuales casi 60% se debe a alteraciones que inflaman estómago e intestinos, procesos conocidos como gastroenteritis.

Los sectores de la población que más se ven afectados por gastroenteritis son el infantil y la tercera edad, principalmente en los países en desarrollo, como México. Esta enfermedad por lo general se manifiesta con diarrea y es la causa de gran número de fallecimientos, ya sea por las complicaciones del padecimiento, mal atendido, o por no haber recibido tratamiento oportuno; las estadísticas hablan de aproximadamente 4.6 millones de decesos por este mal en menores de cinco años, en los últimos cinco años. En la década de los 80 era una de las primeras cinco causas de mortalidad en preescolares, aunque se considera que los más afectados y vulnerables son los pequeños menores de 2 años.

Aunque la enfermedad afecta casi por igual a mujeres y hombres, éstos últimos presentan mayor riesgo de contraerla debido a que cuidan menos sus hábitos alimenticios e higiénicos (está demostrado que, por ejemplo, se lavan menos las manos que su contraparte femenina), lo que incluye comer en puestos callejeros.

Cabe destacar que bajo el término gastroenteritis se engloban diversos tipos de irritaciones e infecciones del tracto digestivo, es decir, estómago e intestinos, los cuales pueden ser clasificados de acuerdo a su origen en:

  • Causadas por bacterias, virus y hongos (infecciosas).
  • No infecciosas, provocadas por alergia a ciertos alimentos, como gluten del trigo, fresas o duraznos, lácteos, irritantes (alcohol, picante y condimentos, entre otros) y parásitos.
  • Las que se originan por alteraciones en el estado de ánimo, como estrés, depresión, angustia, por ejemplo.

¿Cómo nos enfermamos?

Como se señaló anteriormente, la gastroenteritis es un proceso inflamatorio del estómago e intestinos, generado por agentes que provocan daño a la mucosa intestinal, lo que propicia cambios en el comportamiento de nuestro cuerpo que se manifiestan mediante diversos síntomas, como diarrea asociada a fiebre, vómito y dolor abdominal, así como constante sensación de defecar.

En los países en vías de desarrollo las infecciones intestinales se adquieren por consumo de agua o alimentos contaminados y por la transmisión de la enfermedad de una persona a otra, ya que virus y bacterias inician un crecimiento desmedido dentro del intestino del receptor, pues ahí encuentran las condiciones propicias para su desarrollo.

En los casos no infecciosos sucede que los alimentos que causan un proceso alérgico actúan como agente agresor de la mucosa que protege al intestino en su interior, estimulando la producción de movimientos (con mayor fuerza y frecuencia) para tratar de eliminar el origen de la agresión. Por ejemplo, cuando se trata de parasitosis debida a E. Coli enterotoxigénica, ésta se encarga de la producción de toxinas que atacan a las células de la mucosa intestinal, lo que motiva una respuesta por parte del intestino que segrega agua y moco para disminuir la concentración de toxinas y recubrir la capa de células al interior del intestino (epitelio); sin embargo, la irritación producida inicialmente genera que los movimientos se incrementen con el afán de eliminar a los agresores, lo que desencadena diarrea.

La probabilidad de contraer una infección intestinal depende de la cantidad de agentes dañinos que se hayan ingerido, así como su capacidad para hacer daño (virulencia), aunque también influyen factores propios del individuo invadido, como menor secreción de ácidos gástricos o de movimientos de evacuación, alteración de la flora intestinal habitual o un estado inmunodeprimido (disminución de las defensas naturales del organismo) que puede aumentar la susceptibilidad a la infección.

Principales agentes

El motivo más común por el que se presentan las gastroenteritis son los virus que se propagan rápidamente en diferentes ambientes a través del agua, alimentos contaminados o de persona a persona. Los tipos más frecuentes son rotavirus y adenovirus entéricos, los cuales se multiplican en la superficie del intestino delgado (en las regiones conocidas como duodeno y yeyuno) y producen rápida destrucción de las vellosidades, con lo que se reduce considerablemente la capacidad de absorción de ciertas sustancias; particularmente, los niños tienen problemas para digerir la lactosa o azúcar contenida en la leche.

El diagnóstico se realiza por medio de estudios (se explican en detalle más adelante) que determinan las características y tipo de virus, y el tratamiento sólo incluye medicamentos que controlen los síntomas, pues poco a poco el padecimiento cede; es importante no interrumpir la alimentación y el suministro de suero oral que evite que haya deshidratación.

Uno más de los promotores de esta enfermedad son las bacterias, siendo las más populares los géneros Salmonella, Escherichia, Shigella y Campylobacter. Los mecanismos de transmisión son similares a los de los virus, sólo que su forma de infección en ocasiones llega a ser más agresiva que el de éstos. El diagnóstico se realiza a partir de los síntomas y a través del estudio clínico coprocultivo (heces), mediante el cual se determina el tipo de bacteria específico, lo que permite seleccionar el antibiótico ideal para el tratamiento.

Por su parte, la gastroenteritis parasitaria es causada, principalmente, por Entamoeba histolytica (amiba), protozoario que infecta al 1% de la población mundial; se ingiere generalmente en forma de trofozoíto (huevo o quiste) en el agua y alimentos contaminados (verduras mal lavadas).

Los síntomas que se presentan por la infestación de este parásito se caracterizan por presentar diarrea sanguinolenta con trozos de materia fecal, y presencia de moco en las heces con coloración verde. El tratamiento consiste en la administración de sustancias antiamibianas, como el metronidazol o la diyodohidrixiquinoleina; la combinación de ambas es magnífico fármaco.

Asimismo, la intoxicación alimenticia (mariscos, hongos o productos contaminados), o el consumo de cantidades excesivas de alcohol también pueden provocar irritaciones en el tracto digestivo. En este caso, el tiempo transcurrido entre la incubación y la aparición de los síntomas es de unas cuantas horas; las heces, generalmente, son voluminosas, abundantes y acuosas, no presentan moco, sangre o pus, y el dolor abdominal es poco importante. El paciente suele no presentar fiebre ni quebrantamiento del estado general y, de no haber alguna anormalidad, cede transcurridos entre 3 y 5 días.

Ahora bien, cuando el agente causal invade la mucosa intestinal y/o libera toxinas, como en el caso de la salmonella, shigella y campylobacter, se inicia el proceso de inflamación por irritación, lo cual propicia diarrea; es común que se observen heces menos voluminosas y en ellas sangre y/o moco, también dolor abdominal intenso, fiebre y escalofríos. Normalmente, la enfermedad cede al transcurrir entre 10 y 14 días. Los síntomas incluyen náuseas, falta de apetito, fiebre y debilidad, la cual es causada por la eliminación de fluidos como sodio y potasio, lo que contribuye a sensación de dolores musculares; si no se reponen los líquidos que se pierden, puede haber deshidratación e hipotensión (presión arterial baja).

Es importante mencionar que sólo debemos llevar a cabo el tratamiento con antibióticos cuando sea indicado por el médico, debido a que este tipo de medicamentos no distinguen entre la bacteria que nos está ocasionando daño y la flora bacteriana propia del intestino, la cual es susceptible de ser destruida. Si esto ocurriera, se generaría tal desequilibrio intestinal que existiría el riesgo de episodios de diarrea aguda o crónica y anemia.

Diagnóstico

Ante la sospecha de un cuadro de afección gastrointestinal debe hacerse detallada historia clínica y un estudio microbiológico de laboratorio, conocidos como exámenes coprológicos, para los cuales se requieren muestras fecales y su análisis microbiológico.

Dentro de este tipo de estudios se incluyen el coproparasistoscópico, que por lo general se solicita en serie de tres y en el que se busca la presencia de huevecillos, restos o al parásito mismo. Otro de estos estudios es el coprocultivo, en el que se realiza el sembrado de pequeñas muestras de excremento, de entre 1 y 2 gramos, en medios de cultivo especiales con la finalidad de establecer tipo y características de los microorganismos y saber a que medicamento son sensibles para su eliminación.

Un estudio más es la amiba en fresco, que se refiere a la toma de una muestra de moco de la región anal por medio de un hisopo (cotonete), con la finalidad de establecer la presencia o infestación por amiba. Por último, es importante mencionar los siguientes análisis:

  • Citología en moco fecal. Que sirve para identificar el tipo de glóbulos blancos que contiene el moco fecal, de esta manera se puede tener idea de las características del agente que está produciendo la diarrea.
  • Azúcares reductores. Se usa principalmente en niños para saber si existe intolerancia a los azúcares de la leche (lactosa).

Qué debemos hacer

Ante todo, debemos cuidar el estado de hidratación de la persona enferma, ya que de eso dependerán o no las complicaciones. Para lograrlo se puede utilizar suero oral.

Si no cuenta con suero, prepárelo con un litro de agua purificada o hervida, 2 cucharadas de azúcar y una de sal común. Se debe tomar tan frecuentemente como sea posible, pero en pequeñas cantidades para permitir adecuada absorción de la solución; se recomienda que sea a cucharaditas o en pequeños sorbos.

La higiene de las manos antes y después de ir al baño es importante para evitar reinfecciones y contagios, así como estar alertas ante la presencia o aparición de los signos característicos de diarrea (sobre todo en niños), como pulso rápido, sed intensa, piel fría y húmeda, vómito, así como presencia de sangre en heces, fiebre y ojos hundidos. Tenga especial cuidado cuando identifique que la fontanela (mollera) está hundida en pequeños menores de un año.

Es conveniente que no dude en acudir a una clínica o centro hospitalario si usted sospecha o reconoce alguno de los rasgos de este peligroso padecimiento, el cual es minimizado por gran parte de la población. Vale más una falsa alarma que ser parte de una trágica estadística.

 

SyM
Última actualización: 05-2013

 
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