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Rotavirus, huésped indeseable en invierno

Viernes 07 de abril del 2017, 07:29 am, última actualización

Diarrea intensa, vómito, fiebre, tos y escurrimiento nasal en niños menores de tres años durante otoño e invierno debe atenderse de inmediato, ya que puede tratarse de una infección por rotavirus, agente que ataca a 140 millones de infantes anualmente.

Rotavirus, Diarrea por rotavirus

Aunque la diarrea por rotavirus se presenta en cualquier época del año, las estadísticas muestran que su incidencia se incrementa durante la época invernal, al grado que representa entre 50% y 70% de las infecciones en estómago e intestinos (gastroenteritis) infantiles en días fríos; no se sabe todavía con certeza a qué se debe esta tendencia, pero se cree que las condiciones climáticas favorecen su transmisión.

El hecho ha llamado la atención de los infectólogos en las últimas décadas, pues aunque en términos generales todos los padecimientos diarreicos en la población infantil continúan siendo muy frecuentes, sobre todo en países en desarrollo, los ocasionados por virus se han distinguido por su insistencia e intensidad.

En 1956 ya se hablaba de la "gastroenteritis aguda infecciosa no bacteriana" para los típicos casos presentados en invierno, y el término era ambiguo porque no era posible determinar al causante del mal. Fue hasta inicios del decenio 1970-80 cuando se descubrió que el mayor responsable de diarrea en niños menores de tres años es un virus que se aloja en el intestino, al que se llamó rotavirus (su forma semeja una rueda) y que sólo puede ser visto con microscopio electrónico; actualmente se conocen 14 tipos, cuatro de los cuales son más frecuentes en México.

Se estima que más de 870 mil infantes en el mundo mueren a causa de la deshidratación que produce la enfermedad cuando no se controla a tiempo, y que medidas como hidratación oral, mejoramiento de hábitos de higiene y saneamiento ambiental han disminuido en gran medida la mortalidad por esta causa, por ello es necesario tomar precauciones contra este peligroso agente durante la temporada otoño-invierno.

Ciclo de la enfermedad

El rotavirus afecta sobre todo a los más pequeños del hogar, ya que no han creado inmunidad natural contra él; también puede atacar a las personas de la tercera edad o a individuos con enfermedades que afecten al sistema inmunológico, como sida. Por lo general los adultos tienen menos riesgo de enfermar con gravedad aunque mantengan contacto con el virus, pero son portadores potenciales. Esto porque la principal vía de transmisión es la denominada por los expertos como "fecal-oral": los sujetos infectados eliminan a través del excremento miles de millones de partículas del virus (para que otro sujeto adquiera la infección tan solo se requieren 10), que una persona sana puede aspirar tanto por boca como por nariz.

De ahí que muchos bebés que desarrollan el mal presentan primero problemas en vías respiratorias altas, como catarro o tos, y en breve muestran síntomas de una enfermedad de estómago e intestino: primero fiebre, como no logran asimilar su comida adecuadamente, luego padecen vómito y, finalmente, presentan diarrea o evacuaciones semilíquidas o líquidas (hasta 20 en un día) que se acompañan por muchos gases y duran entre 5 y 7 días.

Una vez en el interior del organismo, el rotavirus se multiplica en la superficie del intestino delgado (en las regiones conocidas como duodeno y yeyuno) y produce rápida destrucción de las vellosidades, con lo que se reduce considerablemente la capacidad de absorción de ciertas sustancias; particularmente, el niño tiene problemas para digerir la lactosa o azúcar contenida en la leche.

Tratamiento y prevención

Cuando un niño presenta vómitos, fiebre, diarrea, tos y escurrimiento nasal debe actuarse con prontitud, ya que puede tratarse de una infección por rotavirus. Es necesario suministrar líquidos abundantes y acudir al médico, y no tratar de aliviar los síntomas mediante automedicación o consejo del encargado de la farmacia.

El diagnóstico de este mal corresponde al pediatra, quien considera la época del año, síntomas del pequeño, antecedentes y, de ser necesario, un estudio de heces en laboratorio. Una vez que se tiene la certeza de que el agente infeccioso es un rotavirus, el tratamiento se enfoca a la prevención y corrección de deshidratación y desnutrición, además de reforzar la higiene, ya que no hay un antiviral específico que combata esta enfermedad y es el organismo del pequeño el que se encargará de combatir al invasor.

Debido a que la diarrea por rotavirus es peculiarmente intensa, la deshidratación puede ser más grave en el caso de infecciones por bacterias, de modo que el tratamiento oportuno evitará consecuencias fatales. Es muy conveniente recurrir a una solución electrolítica, preparada en casa o adquirida en una farmacia (más tolerable por su sabor) para reponer agua y sales perdidas; debe darse poco a poco, ya que si el niño bebe mucha en una sola toma es muy probable que le cueste retenerla y vomite.

Para evitar desnutrición se debe continuar con la alimentación del pequeño, así que se recomiendan abundantes líquidos, jugos, té, gelatinas o sopas de verduras; algunos pediatras sugieren eliminar la leche debido a que es difícil de asimilar, y sugieren recurrir a fórmulas infantiles elaboradas con soya para cubrir las necesidades energéticas. Por último, el médico puede recomendar medicamentos para bajar la fiebre y controlar vómito y diarrea.

Para prevenir el surgimiento o propagación del mal, observe las siguientes medidas:

  • Es necesario lavarse las manos antes de preparar cualquier tipo de alimento, y antes y después de ir al baño.
  • También deben lavarse las manos del pequeño antes de comer.
  • Desinfecte muy bien las frutas; no las seque con cualquier trapo, hágalo con uno limpio y exclusivo para el uso del niño. Hierva bien el agua para consumo familiar.
  • Tenga mucho cuidado en el manejo de heces fecales; disponga adecuadamente de pañales y utensilios para desecharlos.
  • Intensifique la higiene de todo lo que el bebé se pueda llevar a la boca (platos, cubiertos, biberones, chupones o mordederas).

Actualmente los científicos continúan con los estudios en busca de una solución definitiva a este problema, pues aunque hace poco se reportó la elaboración de la primera vacuna contra rotavirus, formulada en Estados Unidos, las autoridades sanitarias de ese país interrumpieron su aplicación en julio de 1999 porque se sospechó que al suministrarla ocasionaba complicaciones intestinales en los menores.

En este sentido, nuevas esperanzas surgen de los laboratorios, como ocurre en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde un grupo de trabajo dirigido por Susana López Carreón investiga el mecanismo que emplea el rotavirus para infectar las células del intestino y reproducirse. Hasta el momento sus resultados han sido muy favorables, ya que se ha descifrado parte importante de la complejidad de este proceso, hecho que puede derivar a mediano plazo en la elaboración de una vacuna eficaz.

Por el momento sólo queda prevenir el contagio y atender oportunamente cualquier diarrea en esta temporada invernal para erradicar a tan molesto e indeseable visitante.

SyM - María Elena Moura

 

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