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El sexo y el hombre moderno

Martes 28 de marzo del 2017, 05:06 pm, última actualización

Un estudio reciente muestra que los varones en México y el mundo están más preocupados por satisfacer sexualmente a su pareja, saben que el estrés y las enfermedades pueden afectar su vida íntima y también están más dispuestos a pedir ayuda en caso de sufrir una disfunción.

El sexo y el hombre moderno

Apertura ideológica, actitudes culturales menos represivas, educación accesible e información difundida por los medios de comunicación han sido determinantes para que nuestra forma de vivir y entender la sexualidad haya cambiado. No por nada, podemos afirmar que en unas cuantas décadas hemos dejado de pensar que el sexo es un tabú, un parámetro para juzgar la conducta de alguien o una cuestión de buen o mal gusto, y por fin se le ha empezado a reconocer como un factor que influye en la salud y bienestar de las personas.

Este cambio positivo todavía está en vías de consolidarse, y aunque el papel de la mujer en este proceso ha recibido más atención que el de su contraparte masculina, nuevas investigaciones nos permiten conocer cuál es la situación del varón. Así lo considera el Dr. Eusebio Rubio Aureoles, presidente de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, al comentar los resultados del interesante estudio El sexo y el hombre moderno, mismo que se realizó gracias al financiamiento de Bayer Healthcare y a través de una encuesta en la que participaron más de 8,500 hombres de entre 18 y 75 años de edad en seis países de Europa (Alemania, España, Francia, Italia, Reino Unido y Suecia) y tres de América (Brasil, Canadá y México).

“Cuando aparecieron medicamentos eficaces y seguros para la disfunción eréctil (incapacidad de mantener una erección firme que permita tener relaciones sexuales satisfactorias), muchos pensamos que este problema se iba a resolver. Nuestra idea fue cierta, pero no del todo, ya que hemos visto en la práctica que el éxito del tratamiento no se limita a la atención de factores médicos, sino que involucra a la mentalidad del individuo, su cultura, relación de pareja y ritmo de vida”. Por ello, expone el especialista, la vida sexual debe entenderse como algo complejo, compuesto por diferentes dimensiones.

Asimismo, indica que la presente investigación ha logrado encontrar algunos de los cambios que han ocurrido con el hombre en los últimos años respecto a cómo vive su sexualidad, qué importancia le da, qué disposición tiene para mejorar su situación, cuáles son sus inquietudes conforme avanza la edad y qué factores externos pueden afectar su desempeño.

Particularmente, el sexólogo enfatiza en que “confirmamos la presencia de un tipo de hombre al que se ha denominado vitalsexual, no porque sea machista o se preocupe demasiado por cuestiones de masculinidad sino que, por el contrario, piensa que su sexualidad forma parte de su estar vivo, busca la satisfacción de su pareja y la espontaneidad amorosa y, como pertenece al grupo de edad donde las disfunciones aparecen con más frecuencia (mayores de 40 años), está preparado para buscar soluciones que permitan que el sexo sea mejor y beneficie su calidad de vida y la de su compañera”.

El vitalsexual puede considerarse como el modelo de varón que ha contribuido a evolucionar la percepción de la sexualidad, pues la entiende como un encuentro de iguales en el que ellas y ellos tienen derecho a disfrutar. Además, ha vivido a través del decenio de 1960-70, cuando las mujeres fueron capaces controlar su fertilidad mediante la píldora anticonceptiva; en los años 70 y 80, donde la psicología y los métodos de autoayuda fueron muy comunes, y en la última década del siglo pasado, donde ha sido abundante la información sobre temas de sexología y prevención de enfermedades de transmisión sexual.

Cifras reveladoras

Uno de los primeros puntos abordados por el estudio es el valor que el hombre da al sexo; al respecto, la mayoría de los encuestados afirma que es muy importante o algo importante en la vida (89%). Yendo más a fondo, “España y México son los países en que se menciona con más insistencia que la sexualidad es primordial (60% y 55%, respectivamente) y, en contradicción con los estereotipos, los suecos, alemanes y franceses no la toman como algo tan significativo”.

El Dr. Rubio Aureoles menciona que otra cifra interesante aportada por esta investigación, contraria a la creencia popular de que “el matrimonio es el mejor antídoto contra el amor y el deseo sexual”, señala que para 41% de los hombres casados que habitan en las naciones consultadas, el sexo es muy importante en su vida. Esta cifra supera ligeramente al porcentaje que se obtiene al unir la respuesta de varones solteros y que han contraído nupcias: 40%.

También cabe destacar que la edad no impacta en la valoración que se le da al sexo; 90% de los encuestados de entre 18 y 24 años de edad dicen que las relaciones íntimas son una parte muy importante o algo importante en su vida; esto aumenta a 95% en el rango de 35 a 39 años, se mantiene entre el 80% y 90% hasta llegar a los 64 años, y en personas mayores disminuye a aproximadamente 75%.

Asimismo, los hombres de 40 años o más dicen que sienten añoranza por el sexo que tenían cuando eran más jóvenes, y aseguran que lo que más extrañan es la frecuencia con que mantenían relaciones. Por su parte, “las personas de 70 años siguen dando un gran valor a la actividad sexual, y esto es muy triste si pensamos, por ejemplo, en alguien de esa edad con problemas de erección y que al acudir con el médico reciba por respuesta: ‘A usted ya le tocaba, ¿de qué se preocupa?’ Suena como broma, pero estas visiones culturales que impiden buscar satisfacción sólo generan intenso sufrimiento”.

Los trastornos sexuales que más se mencionan en el estudio son la eyaculación prematura, que puede presentarse a cualquier edad, y los problemas de erección, mismos que aumentan considerablemente a partir de los 40 años. “El dato global nos dice que entre 12% y 15% de los hombres sufren disfunción eréctil, pero si contamos sólo a quienes han rebasado las cuatro décadas de vida, la cifra ronda el 50%”.

Respecto a los problemas que afectan a la sexualidad, los entrevistados hablan con más frecuencia de estrés (45%), dificultades en la relación de pareja (36%), problemas de salud (28%), enfermedad o duelo por familiares y amigos (27%), temor a no cumplir con las expectativas de la pareja (25%), eventos importantes en su vida personal (19%), hechos importantes en su vida profesional (18%), desempleo (13%) y problemas con los hijos (12%).

Esta percepción de los hombres, asegura el Dr. Eusebio Rubio, “resulta importante porque es muy precisa. Otros estudios han corroborado que los factores externos y en concreto el estrés tienen un elevado poder de deterioro de la vida sexual. Por cierto, también se ha encontrado que la falta de trabajo remunerado es uno de los factores que generan menos impacto, excepto en el caso de México y Brasil, donde vivimos apurados por el dinero y no contamos con seguro de desempleo”.

En otro orden de ideas, el sexólogo comenta que uno de los cambios más importantes que documentó la encuesta es que el nivel de apertura de los varones para hablar, reconocer e identificar los problemas sexuales ha aumentando, de alguna forma por la influencia de los vitalsexuales. “Todavía no se ha avanzado lo que hubiéramos querido, pero sí es notable la diferencia. Hace 30 años, la manera más frecuente de lidiar con estos padecimientos era mediante el silencio y la negación. Un hombre que perdía la erección a mitad del coito, influido por una cultura con poca apertura hacia la sexualidad, le decía a su mujer: ‘Ya no me gustas porque subiste de peso’ o ‘estoy muy cansado, tuve mucho trabajo’. Ahora, con mayor libertad sobre estos temas, ya no se le echa la culpa a la pareja y es viable la búsqueda de un tratamiento”.

Por cierto, la forma de dar solución a una disfunción sexual también ha cambiado, y se entiende que la responsabilidad no radica en el hombre o la mujer, sino en ambos. El estudio señala que 57% de los varones han experimentado una reducción del deseo hacia su pareja, y esto nos habla de la influencia que pueden tener las rencillas conyugales. Por tanto, es importante que el tratamiento de los problemas sexuales se aborde no sólo médicamente, sino a través de estrategias de comunicación pues, finalmente, la vida íntima se genera entre dos.

¿Adiós al machismo?

Todavía es demasiado temprano para cantar victoria, pero el estereotipo de hombre borracho, jugador, egoísta y mujeriego parece dar pasos hacia atrás en México. Orgullosamente podemos decir que, dentro de las naciones estudiadas, Francia ocupa el primer lugar en porcentaje de hombres vitalsexuales (33%), y nuestro país está en la segunda posición (29%). Les siguen Brasil (26%), Canadá (19%), Italia (17%), Reino Unido (16%), Alemania (9%), Suecia (9%) y España (3%).

“Aproximadamente, 1 de cada 3 ó 4 varones de 40 años o más se ajusta a esta patrón de conducta para el cual es muy importante la satisfacción de su pareja y la espontaneidad en sus relaciones. Estamos bastante adelantados, aunque la mayoría de los hombres aún no valoran su sexualidad como deberían”, asegura Rubio Aureoles.

De forma complementaria, hay que mencionar que 75% de los mexicanos vitalsexuales están dispuestos a hacer algo para mejorar su situación sexual, además de que 85% de ellos aseguran que sí tomarían un medicamento en caso de padecer disfunción eréctil. Por desgracia, las buenas intenciones no bastan para librar aquellos obstáculos que impiden capitalizar este notable entusiasmo.

En concreto, “los varones consultados opinan que la afectación de su vida sexual se debe sobre todo a estrés (50%) y problemas de pareja (40%), así como al miedo de no cumplir con las expectativas de la mujer (30%). Esto nos indica que los mexicanos, comparados con gente de otros países, no tenemos la percepción de que hay problemas médicos o de salud que afectan la vida sexual, y seguimos pensando que las dificultades se deben sólo a factores emocionales o anímicos”.

En este mismo orden, otros datos obtenidos por la misma investigación resultan claras. 20% de todos los mexicanos aceptan que han padecido disfunción eréctil, 30% afirman que han sufrido alguna falla en su erección y “si consideramos sólo a las personas de 40 años o más, encontramos que nuestras cifras de problemas sexuales son las más altas. Pienso que esto es producto de nuestra carga genética; somos propensos a la disfunción eréctil por los altos índice de diabetes (elevada concentración de glucosa en sangre por deficiente o nulo aprovechamiento de insulina), obesidad y presión arterial elevada, que tienen un impacto directo en las vías sanguíneas”.

Para ahondar en este rubro, menciona que diversos estudios han señalado que hay una marcada diferencia entre el número de hombres con la disposición a llevar un tratamiento y los que finalmente lo usan: sólo el 20% de quienes lo necesitan.

El Dr. Eusebio Rubio concluye: “Hay países en los que una disfunción sexual se asume como cualquier otro problema médico, y son aquellos en que se tiene una mayor cultura de salud y en los que se reconoce la eficacia de la tecnología para resolver esos problemas. En México estamos en proceso de consolidar esta postura, pero diría que falta bastante porque prevalece la sensación de que, por ejemplo, los remedios naturales para tratar estas afecciones son mejores, sin saber que en realidad no son efectivos”.

SyM - Rafael Mejía

 

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