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Cuando el deseo sexual se pierde

Jueves 16 de marzo del 2017, 05:29 pm, última actualización

La disminución del apetito sexual o libido puede sucederle a mujeres u hombres, y en cualquier caso es detonador de numerosos sinsabores y falta de entusiasmo para enfrentar la vida. A pesar de ello tenemos buenas noticias sobre este problema: es posible erradicarlo.

Cuando el deseo sexual se pierde

Tener relaciones sexuales placenteras es, de acuerdo a estudios médicos, excelente recurso para tener buen humor, lucir joven o ejercitar al corazón, pulmones y algunos grupos musculares, aunque es evidente que también puede tratarse de una de las experiencias más sublimes de la vida en pareja; no en vano, sería difícil utilizar palabras para tratar de describir las emociones y la comunicación que se experimentan al acariciar el cuerpo del ser amado, oler su piel y participar del gozo mutuo.

Por desgracia, lo anterior no significa que erotismo y sensualidad sean temas valorados en su justa dimensión, pues todavía siguen siendo objeto de menosprecio, juicios morales restrictivos, educación mal encaminada e imposición de estereotipos sociales que interfieren en el desempeño de las personas durante un encuentro amatorio, limitan su disfrute y reducen el anhelo de llevarlo a cabo, es decir, ocasionan apatía sexual.

En este sentido, la Dra. Nadine Terrein Roccatti, terapeuta adscrita a la Asociación Mexicana para la Salud Sexual (Amssac), destaca que "la disminución en las ganas de tener relaciones sexuales es una situación que puede escapar de la percepción del paciente, y por ello quien lo descubre en muchas ocasiones es la pareja. No hablamos de una alteración que ocurre durante un par de días, sino que es persistente y recurrente porque el desinterés hacia la actividad sexual se manifiesta durante dos, tres o más meses".

La sexóloga y psicóloga ahonda en que la indiferencia hacia el contacto íntimo forma parte de uno de los cuatro grupos de eventos que se conocen como disfunciones sexuales y, por ende, "se distingue porque ocurre de manera involuntaria, tiene características o síntomas bien determinados, y puede presentarse tanto en hombres como en mujeres".

Además, destaca la importancia de que toda persona que sospeche de alguna anormalidad en su desempeño sexual acuda a un especialista, ya que éste cuenta con la formación necesaria para ayudarle a emprender cambios que redundan en una mejor calidad de vida. "Hombres y mujeres tenemos derecho a una vida sexual plena, satisfactoria, saludable y enriquecedora, por lo que vale recordar que estos problemas son superables gracias a una buena terapia encaminada a lograr que esta parte de nuestra existencia sea agradable y divertida, en vez de angustiante".

Asesinos de la libido

Terrein Roccatti específica que las disfunciones sexuales son aquellas circunstancias psicológicas o físicas que afectan a uno o más de los procesos que conforman la naturaleza erótica, y que "a pesar de ser alteraciones muy localizadas o concretas, su alcance es mucho mayor porque llegan a afectar la salud global del paciente, su autoestima y su relación con las demás personas".

De acuerdo con algunos criterios elaborados por especialistas, existen cuatro tipos de disfunciones sexuales:

  • Del deseo. Afectan el grado de motivación que se tiene para iniciar un acercamiento sexual, y pueden ser de dos tipos: síndrome del deseo sexual hiperactivo, cuando el nivel de apetito sexual sobrepasa los niveles esperados, e síndrome del deseo sexual hipoactivo, que es el caso que nos ocupa, y se distingue por el bajo o nulo interés para promover o aceptar tener relaciones sexuales.
  • De la excitación. Varían de acuerdo al género del paciente; la mujer presenta dificultad para sentirse excitada, lograr la lubricación, o ambas, mientras que el hombre tiene problemas para sentir excitación, alcanzar una erección, o las dos cosas.
  • Del orgasmo. Hacen referencia a problemas para que el cuerpo alcance el momento más placentero de la relación o a aquellos casos en que hay incapacidad para disfrutarlo.
  • Fisiopatológicas. Son todos los problemas físicos, enfermedades e infecciones que afectan directamente a la vida sexual.

Siendo más concreta, la especialista indica que "el síndrome del deseo sexual hipoactivo, que es como se conoce técnicamente a la disminución del deseo sexual, incide con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, aunque no ha quedado claro si esto se debe a algún factor de tipo orgánico o cultural. También se ha determinado que es común en personas con depresión, que pasan por un período de duelo, tienen mucho estrés y preocupaciones, sufren alguna enfermedad que altera su salud o padecen algún cambio hormonal notable, por ejemplo, climaterio o menopausia (fin de la vida reproductiva femenina)".

Es importante hacer notar que la ausencia del deseo sexual no excluye la posibilidad de sentir placer o excitación, pero hace menos probable que el paciente emprenda alguna actividad erótica debido a la disminución de la búsqueda de estímulos de contenido sexual y a la escasa o nula presencia de pensamientos o fantasías sensuales acompañadas de sentimientos de deseo.

Asimismo, la sexóloga indica que esta disfunción tiene un perfil particular en cada género, con dificultades y escenarios particulares. "La mujer vive situaciones desagradables e incómodas porque por un lado enfrenta la insistencia y reproches de su pareja para tener relaciones y, por el otro, la influencia de la sociedad que apoya su apatía hacia la sexualidad, ya que culturalmente pareciera que es bueno que no experimente deseo (esta actitud la hace casi una 'santa')".

Las condiciones del varón no son más sencilla, pues a pesar de que "hay vivencias que son muy parecidas a las que tiene la mujer, es probable que la presión que reciba sea mucho mayor: los estereotipos dictan que él debe contar con gran apetito sexual, y que tiene que buscar y proponer en las relaciones íntimas. Para evitar esto inventa excusas, se esconde, rehuye al contacto, y en ocasiones, para superar las críticas le parece mejor que piensen que su conducta se debe a que es infiel".

El deseo no estaba muerto

La evaluación de una disfunción sexual debe correr a cargo de un sexólogo para distinguir las causas del problema, mismas que se pueden agrupar en médicas (problemas hormonales, malformaciones, enfermedades circulatorias o renales) y psicológicas (ansiedad, estricta educación moral, experiencias previas insatisfactorias, estrés, miedo a la intimidad, sentimientos negativos a uno mismo), aunque no hay que olvidar otros factores como desamor, incomunicación y tedio.

Para lograrlo, el especialista cuenta con herramientas de medición que, mediante el planteamiento de preguntas precisas sobre aspectos de la vida del paciente y su pareja, le permitirán comprender todas las dimensiones de la problemática que se enfrenta. Por ejemplo, un buen diagnóstico establecerá si la disfunción "ha ocurrido desde el inicio de la vida sexual (primaria) o después de que se tuvo buen funcionamiento erótico (secundaria). Además, se puede determinar si los problemas se presentan al interactuar con una persona o durante la masturbación (parcial, selectiva), o en ambas circunstancias (global)", pues de ello dependerá el tratamiento.

A grandes rasgos, comenta la Dra. Nadine Terrein, la disminución o ausencia del apetito sexual puede abordarse mediante psicoanálisis que se combina con "la realización de ejercicios que se hacen en casa y que dependerán de las características de cada caso. Estas prácticas tienen el objetivo de lograr el autoconocimiento de las sensaciones corporales y de las emociones que despierta, y en ellas se incluye el autoerotismo. También es importante mencionar que hay actividades que se realizan en pareja, y en esencia consisten en el intercambio de caricias, mejoramiento de la comunicación u otras actividades para recuperar el deseo".

A pregunta expresa, la sexóloga asegura que "tratar de solucionar alguna disfunción sexual mediante productos milagrosos o a través de automedicación es grave error, pues además de que es probable que se generen efectos contraproducentes en el organismo, el incumplimiento del objetivo deseado es fuente de mucha frustración y el paciente piensa que no tiene caso volver a buscar una solución".

Es por esto que la Dra. Terrein Roccatti concluye: "En general, las disfunciones sexuales tienen buen pronóstico y la gran mayoría de ellas son erradicadas cuando el tratamiento es supervisado por el especialista indicado, es decir, un sexólogo (quien puede apoyarse en otros especialistas, como ginecólogo o urólogo, sobre todo cuando hay problemas fisiológicos). Incluso en los casos en que no se puede tener una solución completa se logran mejorías notables, ya que se ofrece la posibilidad de conocer algunas opciones eróticas que ayudan a tener una vida placentera. Aunque no haya erección o lubricación, hay muchas otras alternativas para sentirse bien".

Finalmente, si tienes alguna duda sobre cómo abordar este tipo de problemas o deseas ampliar tu información sobre erotismo, puedes visitar la página de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual para manifestar tus dudas y recibir orientación: www.amssac.org.

SyM - Rafael Mejía

 

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