Cobre
Los minerales son nutrientes que se obtienen de la dieta y, dependiendo de su presencia en el organismo, se clasifican en macroelementos (se miden en gramos), microelementos (miligramos) y oligoelementos (millonésimas de gramo). Al cobre lo encontramos en el segundo grupo, dado que su contenido total en el cuerpo es de 100 a 150 miligramos, aunque esto no significa que su importancia sea menor.
Todos requerimos cobre para nuestros procesos vitales, a pesar de que su presencia es distinta en cada órgano, dependiendo de la actividad que realice. A excepción del hígado, que es donde se almacena, lo encontramos en mayor volumen y participando activamente en el corazón, cerebro, músculos y huesos. En el caso de los adultos la cantidad de este mineral es tres veces menor que en los infantes, ya que las necesidades y procesos de su organismo así lo demandan.
El papel que juega el cobre es de gran relevancia, ya que participa en el aprovechamiento del hierro, necesario para la producción de hemoglobina, es decir, el componente más importante de los glóbulos rojos que se combina con el oxígeno en los pulmones y transporta a éste por el sistema circulatorio a todos los tejidos del cuerpo.
Para profundizar, cabe señalar que la mayor parte del cobre que se transporta en la sangre lo hace a través de una proteína llamada ceruloplasmina, la cual participa en la asimilación y procesamiento del hierro. La deficiencia de cobre provoca disminución en el nivel de hemoglobina, ocasionando la aparición de anemia, es decir, insuficiente aporte de oxígeno a los tejidos, lo que se manifiesta con fatiga, malestar general, irritabilidad y disminución de la capacidad de atención.
El cobre también es parte importante de diversas enzimas orgánicas, muchas de las cuales participan en la utilización del oxígeno; asimismo, trabaja junto con la vitamina C para la formación de elastina, sustancia esencial para la formación del tejido elástico y amarillo que conecta a los diferentes órganos y de las fibras musculares que se localizan en todo el cuerpo; en este mismo sentido, la falta de cobre puede generar pérdida de elasticidad en tendones y arterias mayores; en el primer caso, la capacidad de movimiento del cuerpo disminuye y, en el segundo, ocasiona problemas circulatorios.
Como dato curioso, cabe señalar que el uso medicinal de compuestos de cobre, muchas veces empleados para combatir microorganismos, se remota a la Grecia antigua, con Hipócrates (años 460 a 377 antes de nuestra era). La Medicina ha avalado históricamente esta propiedad para inhibir el crecimiento de bacterias y, por ello, en hospitales y centros de salud es fácil observar llaves, manijas y barandales de apoyo elaborados o recubiertos con aleaciones de cobre, a fin de prevenir la transmisión de infecciones.
Por cierto, esta misma cualidad, junto con la facilidad que ofrece para ser moldeado, hace que las tuberías de agua se fabriquen con este metal.
Cuando falta
La hipocupremia, es decir, baja concentración sanguínea de cobre, trae consigo otros problemas en todo el organismo, como anormal desarrollo de los pulmones, huesos y tejido nervioso, así como cambio en la pigmentación del cabello y artritis reumatoide.
Dicha deficiencia puede deberse a que el individuo no consume alimentos ricos en este mineral y a que ingiere en grandes cantidades ciertos compuestos que le impiden absorberlo, como zinc, vitamina C o fructuosa (azúcar de la fruta). Por ello es importante balancear la alimentación, a fin de que éste y otros nutrientes de la dieta sean bien aprovechados.
En términos generales se recomienda la ingesta diaria de entre 2 y 3 miligramos de este mineral, misma que se puede obtener a través del consumo adecuado de sus fuentes naturales:
- Vísceras. Principalmente hígado, aunque también se encuentra en riñón y mollejas.
- Carnes. Todas en general.
- Pescados y mariscos.
- Cereales integrales o con cascarilla.
- Frutas secas. Almendra, avellana, cacahuate, nuez, nuez de la India, pistache, pepita, pepita de girasol, ajonjolí y piñón; uva pasa, ciruela pasa, higo seco y dátil.
- Legumbres. Frijol, chícharo, alubia, garbanzo, lenteja y soya.
- Ajo y aguacate.
En caso de detectarse alguna deficiencia de este mineral, el nutriólogo puede recomendar el consumo de suplementos alimenticios. Además, se debe destacar que la adecuada asimilación de cobre es favorecida mediante la correcta ingestión de calcio.
Mención aparte merecen los lactantes. Sin duda, la alimentación de bebés menores de 6 meses debe fundamentarse en el consumo de leche materna o, en su defecto, fórmulas lácteas que le proporcionen este microelemento, debido a que la leche de vaca no cubre sus necesidades.
Casos particulares de deficiencia de cobre ocurren a causa de la enfermedad o síndrome de Menkes, trastorno genético (por problemas en los cromosomas heredados de los padres) que ocasiona deficiencia en múltiples partes del cuerpo. Lo padece 1 de cada 300,000 personas, siendo más común en hombres que en mujeres.
Las manifestaciones de esta condición son, entre otras: crecimiento lento dentro del útero, cabello frágil, ensortijado o enroscado, deterioro mental progresivo, deformidad en el esqueleto, falta de tono muscular (hipotonía), irritabilidad, convulsiones, temperatura corporal baja, piel flácida y mejillas enrojecidas.
Aunque la aplicación de cobre en sangre (intravenoso) o debajo de la piel (subdérmico) permite observar cierta mejoría en los pacientes, cabe señalar que los efectos son transitorios. El síndrome de Menkes es un trastorno serio, por lo cual es común que se presente fallecimiento a temprana edad.
Cuando sobra
Es muy importante señalar que así como la deficiencia es mala, en grandes cantidades también ocasiona trastornos a la salud. La dosis excesiva y repentina de cobre provoca náusea, vómito, dolor abdominal, diarrea, cefalea, sabor metálico en la boca y muerte si se trata de intoxicación grave; de hecho, la ingestión de 20 miligramos diarios resulta muy peligrosa.
El consumo desproporcionado de cobre es prácticamente imposible a través de los alimentos, pero puede ocurrir cuando se hace mal uso de suplementos nutricionales, en caso de ingesta de alimentos contaminados con sales de cobre (utilizadas en agricultura) y hasta por el uso continuo de artefactos elaborados con este metal.
Mucha gente en la India, sobre todo niños, adornan su cuerpo con brazaletes, collares, anillos y aretes de cobre, además de que toman leche calentada o hervida en vasijas elaboradas con dicho mineral. También en México se acostumbra utilizar este metal en la fabricación de cazos y otos objetos artesanales de cocina con los que se preparan alimentos, aunque en nuestro país se empiezan a utilizar otros recubrimientos, a fin de evitar el consumo excesivo del mineral.
Este padecimiento, conocido como toxicosis idiopática cúprica (la forma particular que se da en la India se llama cirrosis infantil de los hindúes), se caracteriza por síntomas como formación anormal de las células sanguíneas y atrofia del hígado, además de fiebre, coloración amarilla en piel y ojos (ictericia), aumento en el tamaño del abdomen y, en casos graves, hemorragia en diversas partes del organismo y estado de coma (pérdida del conocimiento).
Otra causa de exceso de cobre es la enfermedad de Wilson o degeneración hepatolenticular progresiva, la cual es de carácter hereditario. Es más común en Europa Oriental, aunque se puede presentar en cualquier lugar y grupo étnico, y casi siempre aparece en personas menores de 40 años y en niños mayores de cuatro.
Dicha enfermedad hace que el cuerpo conserve demasiado cobre, mismo que se deposita en el hígado, cerebro, riñones y ojos. Esto ocasiona daño celular, muerte del tejido y formación de cicatrices que hacen que los órganos afectados dejen de funcionar bien. Los efectos más peligrosos y predominantes de este trastorno son insuficiencia hepática (incapacidad del hígado para cumplir sus funciones) y daño al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal).
Si este problema no se trata a tiempo, a través de fármacos que eliminan el exceso de cobre y que se deben consumir de por vida, suele ser mortal.
Finalmente, se debe mencionar que algunos dispositivos intrauterinos (DIU), empleados para el control de natalidad, se suelen fabricar con cobre. Debido a que este metal puede ingresar al organismo de la mujer, su presencia se puede asociar con anemia, alteraciones del ciclo menstrual y otras complicaciones.
Por ello, quienes decidan utilizar la llamada T de cobre deben someterse a evaluación periódica, ya sea por su ginecólogo o médico familiar, para prevenir el surgimiento de cualquier complicación y, en su defecto, cambiar de método anticonceptivo.
Consulte a su médico.
SyM
Última actualización: 06-2012
















