Familias Anónimas, grupo de apoyo para superar adicciones - SyM
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19 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Familias anónimas: espacio para amor y dolor

Jueves 23 de marzo del 2017, 10:20 am, última actualización

A través de dinámicas como las de Alcohólicos y Neuróticos Anónimos, estos grupos ofrecen una alternativa para familiares y seres cercanos de quienes tienen problemas como drogadicción y alcoholismo. La base de su filosofía: respeto, comprensión y amor.

Familia, Amor, Dolor

A veces son 10, otras 15 y la mayoría de las ocasiones más de 20 personas las que se encuentran cada semana para compartir la preocupación, el dolor y el sufrimiento, pero también el amor que sienten por un ser querido que se encuentra inmerso en el mundo de las adicciones o las conductas negativas.

Quienes asisten son padres, tíos, hermanos, cónyuges o abuelos de un individuo que ha trastornado la vida familiar por su adicción al alcohol o drogas, o bien, por seguir un camino de autodestrucción al experimentar conductas como bulimia (episodios repetidos de excesivo consumo de alimentos seguidos de vómito o uso de laxantes), anorexia (pérdida de peso por dejar de comer y someterse a intensas rutinas de ejercicio) o intento de suicidio.

El espectro de los problemas que aquejan a determinado individuo puede ser un tanto diferente de los ya citados y, sin embargo, formar parte del interés del grupo. Hablamos, por ejemplo, de la imposibilidad para superar la muerte de un ser querido, o bien, la dificultad para lidiar con la infidelidad de la pareja.

Al respecto, Familias Anónimas es un espacio que brinda comprensión, apoyo y solidaridad a todo aquel que desee acercarse. Los miembros de esta agrupación de autoayuda no dan consejos, sino que relatan sus experiencias, comparten con los demás la forma en que han logrado superar el problema y, contrario a lo que pudiera pensarse, quien asiste a esta terapia no habla del enfermo o adicto que tiene en casa, sino de sí mismo y los cambios que puede generar en su vida personal.

Ayuda efectiva

Es completamente normal que el recién llegado a uno de estos grupos se encuentre en estado de desesperación, por lo que busca que le digan lo que debe hacer para resolver su problema. Sin embargo, paulatinamente entenderá que el camino para encontrar la paz es diferente y que mucho de lo que ha intentado hasta ese momento es erróneo, porque se piensa que ayudar es hacer las cosas que le corresponden al enfermo cuando, en realidad, debe dejar de tratar de controlarlo y de cambiar sus acciones.

Para ser más elocuentes, veamos el siguiente ejemplo. Una madre sufre por la conducta destructiva de su hijo, un muchacho de 26 años que puede definirse como alcohólico, pues cada vez que consume bebidas etílicas tiene problemas: un choque automovilístico, alguna pelea, problemas con la autoridad u otros.

La señora, llamémosle “Sofía”, llega al grupo presa de la desesperación; saluda a los asistentes a la reunión y ocupa una de las sillas vacías. Los miembros de la comunidad anónima devuelven el saludo con amabilidad y la invitan a leer con atención los textos que colocan frente a ella. En ese momento, el coordinador en turno lee la primera parte del formato habitual de la junta, que es una especie de introducción:

“Aquí empezamos a entender que para ser una verdadera ayuda, primero tenemos que estar dispuestos a ayudarnos a nosotros mismos. Sólo pedimos la sabiduría para vernos como realmente somos, el valor para hacer algo con nuestra vida con la ayuda de un poder superior, como cada quien lo entiende, y la gracia de soltar con amor a aquellos que nos preocupan, al tiempo de dejar de tratar de cambiarlos”.

“Sofía” trata de captar todo aquello que se dice, en espera de que pronto pueda plantear su situación y recibir las sugerencias de los demás. Sin embargo, mucho antes de que esto suceda el coordinador pide a uno de los miembros que lea algo dirigido a la afligida madre:

“¡Bienvenida! Todos hemos estado en tus zapatos. Todos venimos la primera vez enojados, confundidos, frustrados, desesperanzados o hartos. En Familias Anónimas encontramos una manera de salir adelante con nuestra situación y aprendimos una mejor manera de vivir; una forma de vida que nos permitió ser felices a pesar de las acciones de las personas por las cuales estamos aquí.

“Aquellos de nosotros que hemos estado en el programa durante cierto tiempo nos hemos dado cuenta de que tuvimos que estar dispuestos a asistir a las juntas a lo largo de varias semanas antes de decidir si éste era el lugar correcto para nosotros. Si hubiéramos tomado la decisión después de la primera reunión, tal vez no hubiéramos regresado. Las juntas son distintas cada semana, con diferentes conductores, así que sacamos algo nuevo de ellas cada vez que asistimos.

“Ya que éste es un programa de 12 pasos, y hay mucha literatura que leer y absorber, sentimos que es recomendable comprometerse a asistir a las juntas durante seis semanas. Esto permite a los recién llegados tener oportunidad de hablar de sus problemas, sentirse a gusto con el formato de las reuniones, conversar con miembros que han asistido más tiempo y aprender formas de aplicar los 12 Pasos de Familias Anónimas.

“A mucha gente le ayuda tener una persona en particular con la que pueda hablar. Notarás que se está pasando una lista de números telefónicos. Esto es principalmente para ti, recién llegada. Si hay miembros a los que escuches con los que te gustaría platicar, toma su número telefónico o habla con ellos después de la junta. Ayuda mucho durante una crisis, cuando tienes que tomar una decisión difícil o cuando simplemente necesitas oír la voz de alguien que te comprende y a quien le importas.

“Durante el primer periodo de seis semanas, te alentaremos a estudiar el programa, a preguntar y a compartir experiencias. Asiste a diferentes juntas y conócenos. Dinos si hay algo que deberíamos estar haciendo por ti de otra manera. Estamos aquí para ayudarte con nuestra presencia, así como la tuya nos ha ayudado ya”.

¿Qué pasa después?

“Sofía” ha asistido a cuatro sesiones consecutivas, una vez cada semana, y empieza a captar el mensaje de la comunidad. Ha comprado dos libros (los vende el tesorero del grupo) que son fundamentales para la comprensión y seguimiento del programa, cuyos títulos son Literatura básica de Familias Anónimas y Hoy, un mejor camino, los cuales se utilizan regularmente durante las juntas, pero que deben releerse y estudiarse tantas veces como se necesite.

En la reunión semanal, cuya duración es de dos horas, se leen diversos escritos, uno sobre el abuso de drogas, otro llamado Las tres fuerzas destructivas, uno más que da cuenta de los 12 pasos, el relacionado con las 12 tradiciones de Familias Anónimas y, para culminar, un escrito titulado Ayudando.

A medida que se suceden las lecturas los miembros opinan al respecto y dan rienda suelta a sus experiencias de vida, compartiendo con los demás asistentes la forma en que han superado la aflicción que genera en ellos la conducta destructiva de su ser querido.

Está claro que mientras se escuchan los problemas de los compañeros se reflexiona sobre el dolor propio, y que este ritual sirve como bálsamo para el alma, pues todo asistente se da cuenta de que lo que le pasa a él también le sucede a otros, y que muchas veces los problemas personales son menores que los relatados por alguno de los integrantes de esta familia anónima.

Mucho qué ganar

Quizá pueda pensarse que esta experiencia es rito doctrinario o especie de secta que busca adeptos para engrosar la cuenta millonaria de personajes oscuros. Sin embargo, nada de esto ocurre, y tampoco sería posible.

En realidad, el grupo de trabajo o familia anónima actúa de buena fe y respeta los estatutos generados en su seno. La séptima tradición de la fraternidad, por ejemplo, establece que “cada agrupación debe ser totalmente autosuficiente. No se requieren cuotas u honorarios para ser miembro, y las contribuciones voluntarias son utilizadas para pagar renta, refrigerios y literatura”.

Si usted sufre en carne propia las consecuencias de lidiar con un enfermo alcohólico, adicto a las drogas o alguien cuya conducta se pueda considerar destructiva, quizá le sirva conocer de cerca a Familias Anónimas.

Tal vez piense que su hijo(a) o su esposo(a) se recuperarán en una clínica especializada en adicciones, o que el tiempo hará su parte para que maduren y cambien su conducta, y puede que así sea en el mejor de los casos, pero recuerde: usted debe trabajar para que el dolor y el amor que siente por su ser querido no terminen por perjudicarlo más.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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