Implantes de metal, tratamiento de lesiones en la columna - SyM
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Implantes para dar soporte a la columna

Jueves 20 de abril del 2017, 10:01 am, última actualización

Accidentes, tumores, infecciones y otros padecimientos pueden alterar la alineación normal y funcionalidad de la columna vertebral, ocasionando dolor, falta de movimiento y pérdida de sensibilidad en algunas regiones del cuerpo. En México, estos problemas pueden corregirse con ayuda de implantes especiales.

Implante, Soporte Columna

Funciona como eje y sostén del cuerpo humano, da estabilidad al tronco y sirve de protección para la médula espinal, que es la encargada de permitir la comunicación del cerebro con casi todos nuestros órganos; a pesar de ello no siempre le damos la atención que merece.

Se trata de la columna vertebral, compleja estructura que se extiende desde la base del cráneo (región occipital) hasta la pelvis (cóccix) y que está formada por 33 ó 34 huesos o vértebras que, en orden descendente, se dividen en 7 cervicales, 12 torácicas o dorsales, 5 lumbares, 5 sacras y 4 ó 5 coccígeas. A través de ellas salen las terminaciones que permiten el flujo de información que requiere el sistema nervioso, y entre una y otra existen “colchones” o discos que amortiguan los impactos que genera el movimiento.

Dicha región corporal es susceptible de sufrir lesiones de distinta severidad, y en los casos más graves es posible que se requieran intervención quirúrgica o implantes para mejorar su funcionalidad. A fin de hablar sobre este tema, conversamos con la Dra. Silvia García, jefa de la División de Neurociencias del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, en la Ciudad de México, así como con los doctores Salvador Guerrero Muñiz y Sergio Ernesto Méndez Borjas, adscritos al Servicio de Neurocirugía del mismo hospital.

De inicio, la Dra. García explica que el hombre es un ser que por evolución camina en dos extremidades “y esto ha tenido varios costos, por ejemplo, que nuestra espina dorsal sostenga más peso y que incluso se genere cierto traumatismo (impacto) en ella sólo por andar. Así, las lesiones en la columna son relativamente frecuentes, siendo más común la afectación de los discos intervertebrales que hace que la labor de soporte sea deficiente y que en ocasiones se resuelva con la fijación de algunos huesos”.

El Dr. Méndez Borjas detalla que las causas de lesión más frecuentes en la columna son “golpes o traumatismos, fracturas, desplazamiento de una vértebra sobre otra, que llamamos espondilolistesis, e incluso una cirugía de columna realizada con anterioridad, pues hay ocasiones en que a pesar de los esfuerzos realizados queda cierta inestabilidad, y eso nos lleva a colocar algún implante”.

En este mismo sentido, el Dr. Guerrero Muñiz ahonda en que los problemas “pueden tener origen tumoral, cuando alguna malformación celular destruye al cuerpo vertebral y hace que se pierda estabilidad; infeccioso, como sucede con la tuberculosis (infección bacteriana que afecta principalmente los pulmones, pero puede extenderse a otros órganos), y degenerativo, que ocurre sobre todo en adultos mayores que pierden minerales”.

A pregunta expresa, Silvia García señala que “la consecuencia más grave de estos padecimientos es que la columna vertebral aplaste su contenido más importante, la médula espinal, y dicha complicación puede manifestarse con falta de movimiento o pérdida de sensibilidad en la zona localizada por debajo de la lesión; hablamos de hechos muy serios que nos obligan a realinear la espina dorsal”.

En procesos de menor gravedad, pero no por ello poco importantes, es común que alguna de las raíces se comprima y genere dolor. Por su ubicación, el nervio ciático suele ser el más afectado (que corre de la base de la columna hacia las piernas) pero sólo requerirá cirugía (no necesariamente implantes) cuando el padecimiento impida la movilidad.

Tratamiento individualizado

Los especialistas señalan que el primer abordaje en problemas de columna será con recursos médicos como fisioterapia (ejercicios para fortalecer la espalda), medicamentos o acupuntura, ante todo si la lesión es leve y sólo se manifiesta con dolor moderado; esto se debe a que la intervención quirúrgica, como cualquier otra, tiene riesgos (reacción adversa a la anestesia, infección o daño accidental a alguna estructura del sistema nervioso). Empero, insisten en que dicho recurso se vuelve obligatorio en casos graves y que su ejecución debe correr a cargo del neurocirujano.

En particular, el Dr. Méndez subraya que “la terapéutica debe ajustarse a cada caso, de acuerdo con edad, características y patología que afecta a la persona. Aun así, podemos indicar que no son candidatos a un implante aquellos pacientes con lesiones tumorales metastásicas (cáncer que se ha diseminado a todo el organismo) o con desmineralización importante del hueso, porque su esqueleto no resistiría la colocación”.

Los implantes han sufrido modificaciones, según describe el Dr. Salvador Guerrero, porque en un principio se fabricaban con acero; sin embargo, “algunos pacientes presentaban rechazo (metalosis) y no podemos olvidar el surgimiento de la resonancia magnética, recurso muy confiable para obtener imágenes del organismo pero que resulta infuncional con implantes de este tipo, porque utiliza un imán. En la actualidad, los dispositivos más habituales son de titanio, que además de ser más resistentes, son mejor aceptados por el organismo”.

La forma y tamaño de estos auxiliares para el soporte varían de acuerdo a su localización; por ejemplo, “los que se colocan en la parte más alta de la espina dorsal, llamada unión craneocervical, son placas que se fijan con tornillos, mientras que en la zona lumbar (espalda baja) lo más usual son barras laterales o posteriores. Asimismo, cuando se tiene que extraer un disco podemos recurrir a un sustituto, mismo que puede ser autólogo (hecho con tejido del paciente), heterólogo (obtenido de bovino) o metálico (de titanio)”, amplía el neurocirujano.

Por otra parte, los médicos señalan que la lesión del disco intervertebral, que puede ocurrir en cuatro niveles de gravedad (de menor a mayor, abombamiento, protrusión, extrusión y migración), es la principal causa de cirugía de columna; a pesar de ello, la instrumentación (colocación de implantes) es mucho más frecuente en casos de inestabilidad generada por tumor, infección, accidentes o cambios degenerativos.

Columna saludable

Al preguntarles sobre los resultados que se obtienen con estos procedimientos, los especialistas aseguran que la recuperación de movimiento y sensibilidad es considerable, pero aclaran que no en todos los casos se logra total restablecimiento y que parte del éxito dependerá de la colaboración del paciente.

“Toda columna que operamos es porque se encuentra afectada, y a veces los daños son tan graves que no vuelve a la normalidad a pesar de los esfuerzos. Además, la instrumentación es para fijar, por lo que la capacidad de movimiento se puede reducir y esto hace que algunos músculos, acostumbrados a ciertos desplazamientos, comiencen a doler o lastimarse. Otra posible complicación sucedería en caso de que la persona aumente mucho de peso o realice actividades físicas extremas, ya que puede romper el material de soporte”, detalla Sergio Méndez.

En esta línea de ideas, el Dr. Guerrero Muñiz añade que dentro de los problemas que pudieran enfrentarse se contemplan el desplazamiento de los tornillos para fijar los implantes metálicos, dolor ocasionado por la instrumentación y rechazo del material empleado, lo cual podría obligar a su retiro.

Por ello, explica la Dra. Silvia García, “los métodos con que atendemos las enfermedades de la columna se encuentran en constante mejoría, no sólo para facilitar el trabajo del cirujano, sino para ayudar a los pacientes; por ejemplo, los implantes son mejor aceptados por el organismo y cada vez más resistentes y flexibles, además de que en lesiones no muy extensas podemos operar con neuroendoscopio, dispositivo con una cámara diminuta que permite intervenir a través de pequeñas aberturas y que facilita la recuperación”.

Finalmente, el Dr. Méndez detalla que lo ideal es “no llegar al extremo de requerir este tipo de tratamientos, por eso es muy importante que cuidemos nuestra espina dorsal, lo cual se logra con una serie de medidas de higiene de la columna, como sentarse y mantenerse de pie con postura adecuada, es decir, con la espalda recta; dormir en un colchón que dé soporte adecuado y, al levantar cualquier objeto pesado, flexionar las rodillas para que el esfuerzo se realice con la musculatura de las piernas”.

La Dra. Silvia García concluye: “Es primordial evitar el sobreesfuerzo por causa de la obesidad, pues cuando se tienen 5, 10 ó 20 kilogramos de más, es como si realizáramos todas nuestras actividades cargando un costal con ese peso, generando trabajo extra en la espalda. Por otra parte, es recomendable realizar ejercicio que no lastime la espalda, como la natación, y es muy importante prevenir osteoporosis (pérdida de minerales en los huesos), con suplementos o terapia hormonal sustitutiva, pues con ello se retrasará el posible daño a la espina dorsal por debilitamiento”.

SyM - Rafael Mejía

 

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