¿Qué es y cómo prevenir la leptospirosis? - SyM
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Leptospirosis, por convivir con animales

Jueves 23 de junio del 2016, 11:55 am, última actualización

Diseminada por la orina de ratas, ganado o perros, la leptospirosis puede transmitirse al ser humano (zoonosis) en condiciones de insalubridad y causar daño en hígado, riñones y tejidos internos de nariz y garganta. ¡Evita sus efectos!

¿Qué es y cómo prevenir la leptospirosis?, Enfermedad de Weil, Orina de ratas

¿Qué es la leptospirosis?

También llamada fiebre de los arrozales, de los cañaverales o de los pantanos, mal de Pea Picker o de Swineherd y, más comúnmente, síndrome o enfermedad de Weil en honor al científico alemán que la describió por primera vez en 1886, se trata de padecimiento infeccioso que afecta a más de 150 especies animales, tanto domésticas como salvajes, el cual se clasifica como zoonosis, ya que forma parte del grupo de trastornos que los animales transmiten al ser humano. 

Se sabe que está presente en todo el mundo, incluso en países desarrollados, pero también que su incidencia ha aumentado de manera gradual en varias regiones de Latinoamérica, México incluido. 

La leptospirosis es causada por una familia de bacterias con forma de espiral (espiroqueta) denominada Leptospira, que puede entrar en el organismo humano cuando ojos, nariz, boca o una cortadura en la piel entran en contacto con agua, lodo o vegetación contaminados por la orina de ratas u otros animales portadores; los microorganismos también pueden ingresar al ingerir bebidas o comida infectada, e incluso se reportan casos de quienes han enfermado por beber refresco en latas almacenadas en bodegas con plaga de estos roedores. 

Síntomas de leptospirosis

Las manifestaciones de esta infección varían, pero en la mayoría de los casos los síntomas de leptospirosis son parecidos a los de un resfriado

  • Dolor de cabeza.
  • Malestar general.
  • Fiebre.
  • Escalofríos. 

Si bien los antibióticos pueden controlar el problema, se estima que 10% de los afectados llegan a padecer formas severas que se caracterizan por daño en hígado, riñón, ojos o mucosas (tejido que cubre el interior de nariz y garganta) y que requieren hospitalización. 

Mal de Pea Picker, grave problema

La mayoría de casos de la también llamada fiebre de los arrozales se registran en adultos jóvenes de entre 20 y 40 años, y es más común en hombres que en mujeres, sobre todo por el tipo de actividades con las que se vincula: veterinaria, crianza de animales, ganadería, agricultura, caza, explotación de recursos en selvas o bosques y montañismo, donde predominan individuos del sexo masculino, quienes incrementan su riesgo de contraer leptospirosis ya sea por exposición directa o indirecta a la orina de animales enfermos. 

Más importante que esto es, sin duda, el hecho de que varios epidemiólogos (se encargan de estudiar en qué región y con qué frecuencia se presentan las enfermedades) hayan notado que en años recientes se incrementó el riesgo de contraer leptospirosis en diversas poblaciones latinoamericanas, tanto para nativos como para turistas y, sobre todo, en regiones tropicales (con amplia variedad de fauna), debido a dos factores: 

Condiciones económicas. Las crisis de las últimas décadas se han traducido en insalubridad que favorece el incremento de la población de roedores y el encharcamiento de aguas contaminadas. 

Alteraciones climatológicas. Lluvias y huracanes se han registrado con mayor frecuencia e intensidad que en años anteriores, por lo que es común el aumento en los niveles de los ríos o su desbordamiento, facilitando la propagación de microorganismos. 

Cabe mencionar que los animales que transportan y propagan con más facilidad a las bacterias de la familia Leptospira (denominados reservorios por los especialistas) son ratas, ratones y vacas, debido a que las características químicas de su orina favorecen su sobrevivencia. Otros seres vivos que pueden actuar como reservorios, aunque en forma limitada, son cerdos, caballos, conejos, murciélagos, perros, cabras y zorrillos. 

Es difícil que el contagio se presente de una persona a otra, pues la orina del ser humano no suele alojar y diseminar estas bacterias; sin embargo, está claro que todavía queda mucho por investigar sobre el mal de Pea Picker, por ejemplo, algunos informes hablan de una forma de transmisión sobre la cual no existen estudios: cuando una madre enferma amamanta a su hijo. 

Evolución de la llamada Enfermedad de Weil

La mayoría de casos se manifiestan con síntomas leves o nulos, mientras que en otros se generan lesiones de consideración que, de no ser atendidas, pueden poner en peligro la vida del paciente. Es por ello que los médicos distinguen dos tipos de leptospirosis

Leptospirosis anictérica. Es la forma más leve y común (90% de los casos), y a pesar de que se desarrolla en dos etapas puede pasar desapercibida en muchas ocasiones. En el período inicial las bacterias Leptospira entran en contacto con la sangre (proceso conocido como septicemia), se diseminan en el organismo y generan alteraciones como fiebre repentina de 39º a 40ºC, dolor de cabeza, escalofríos y dolor en músculos del abdomen y piernas. Se suele confundir con un resfriado

Los síntomas de leptospirosis mejoran en poco tiempo, pero después de 1 a 3 días comienza la segunda fase (inmunológica), en la que los microorganismos se encuentran prácticamente recluidos en el riñón, pese a lo cual puede generarse inflamación del bazo (órgano localizado en la parte superior izquierda del abdomen, el cual participa en la producción de glóbulos rojos y células de defensa), granitos en la piel, enrojecimiento en los ojos y dificultad para respirar. 

Cabe destacar que en la mayoría de los casos también se presenta meningitis o inflamación de las membranas que cubren al cerebro, pese a lo cual la recuperación del paciente, cuando recibe atención adecuada, se da en menos de 30 días y casi siempre es total. 

Leptospirosis ictérica. Propiamente es la enfermedad descrita por el médico Adolf Weil (1848-1916) y es la forma más grave. Sus manifestaciones iniciales son similares a las ya descritas, pero en estos casos el paciente presenta coloración amarilla en piel y mucosas de nariz y garganta (ictericia). Su evolución es más rápida y violenta, tanto que puede ocasionar daño en hígado y riñones, alteración de las funciones mentales, hemorragias internas, notable dificultad para respirar e insuficiencia cardiaca (incapacidad del corazón para bombear sangre de manera adecuada). 

Anteriormente se creía que la leptospirosis ictérica era causada sólo por un microorganismo, la L. icterohaemorrhagiae o L. interrogans, pero diversas investigaciones han encontrado que este padecimiento, al igual que la leptospirosis anictérica, puede atribuirse a cualquier miembro de la familia Leptospira. No hay datos que ayuden a determinar cuál es la razón por la que unas personas desarrollan la infección de manera leve y otras severa, pero estudios clínicos en Brasil sugieren que la gravedad del padecimiento se relaciona con la respuesta que el sistema de defensas del paciente tenga ante las bacterias. 

Diagnóstico y tratamiento de leptospirosis

El diagnóstico de leptospirosis puede ser difícil en muchos casos pues, como ya se describió, sus manifestaciones llegan a confundirse incluso con resfriado. Sin embargo, cuando se tiene conocimiento de que el paciente realizó alguna actividad en la que estuvo en contacto con desechos animales, orina de rata, o se trata de un vacacionista que se encontraba en una zona de riesgo, consumió alimentos en lugares poco higiénicos o nadó en ríos y lagos de regiones cálidas, se debe contemplar la posibilidad de leptospirosis. 

El encargado de evaluar al enfermo es el infectólogo o, en su defecto, un médico general, quien debe recurrir a una prueba de laboratorio que corrobore el diagnóstico de leptospirosis. Para efectuarla, se requiere muestra de sangre y/o líquido cefalorraquídeo (que protege al cerebro y entra en contacto con las meninges) a fin de detectar a la bacteria invasora o a los anticuerpos generados por el organismo para defenderse. En algunos casos también se puede requerir análisis de orina. 

Una vez confirmada la presencia de bacterias Leptospira se inicia el tratamiento de leptospirosis con antibióticos como penicilina, doxiciclina, ampicilina, eritromicina, cloramfenicol o tetraciclina; es más efectivo cuando se administra a partir de la primera semana desde el inicio de los síntomas y, dependiendo de la gravedad, puede ser por vía oral o intravenosa. En muchos casos el médico suele sugerir hospitalización, al menos durante algunas horas o un día, para observar la evolución del enfermo. 

En aquellos casos de leptospirosis ictérica en que se presente insuficiencia renal (incapacidad del riñón para eliminar toxinas de la sangre), se puede recurrir a diálisis (sistema artificial para purificar el fluido sanguíneo). El pronóstico de evolución es generalmente bueno, aunque los casos muy complicados o que no se tratan oportunamente llegan a tener consecuencias fatales. 

¿Cómo prevenir la leptospirosis?

Lo mejor que se puede hacer es emprender medidas para reducir el riesgo de contraer leptospirosis, entre ellas: 

  • Eliminar ratas y ratones tanto en el hogar como en el entorno.
  • Dar mantenimiento al drenaje para evitar el estancamiento de aguas insalubres.
  • Recomendar a veterinarios, criadores u otras personas con riesgo de contagio emplear guantes y botas de goma al realizar sus actividades, así como lavarse cuidadosamente las manos y mantener limpia su área de trabajo después de la manipulación de orina, excrementos u otros desechos de algún animal probablemente infectado.
  • En poblaciones rurales y casas de campo es indispensable proteger las fuentes de agua potable, así como almacenar los alimentos en envases a prueba de roedores.
  • Evitar bañarse en arroyos o lagunas con aguas posiblemente contaminadas.
  • Existe una vacuna contra la enfermedad que, aunque tiene alcance limitado, se recomienda ampliamente para quienes desempeñan profesiones de riesgo.
  • Inmunizar a los animales domésticos y de granja, ya que con ello se minimiza notablemente el riesgo de contagio. 

La zoonosis de esta enfermedad bacteriana puede presentarse si los perros de casa están infectados (debido al contacto con su orina), aunque la frecuencia de dichos casos es mínima (los gatos no son reservorios). De cualquier manera, si durante la consulta el veterinario diagnostica que la fiebre, diarrea (a veces con sangre), vómito y falta de apetito de la mascota se deben a leptospirosis, conviene tomar en cuenta estas recomendaciones: 

  • Asegurarse de que el veterinario dé el tratamiento indicado al canino.
  • Manipular con cuidado la orina del perro y lavarse las manos cuando se haya tenido o se sospeche haber tenido contacto con los desechos.
  • Impedir que la mascota camine u orine en áreas de alto riesgo, como parques frecuentados por niños, playas o cerca de tomas de agua utilizadas para recreación y bebida, al menos hasta que el veterinario establezca que ha desaparecido la infección. 

Hasta hace algunos años, se consideraba que este era un padecimiento controlado, pero ha vuelto en fechas recientes y por ello es muy importante saber cómo prevenir la leptospirosis, a fin de evitar contagios. ¡Consulta a tu médico ante la ante la sospecha tener fiebre de los arrozales!

SyM - Sofía Montoya

 

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