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Meningitis, grave ataque al cerebro

Jueves 02 de marzo del 2017, 10:38 am, última actualización

La meningitis es una infección que afecta a las membranas blandas (meninges) protectoras del cerebro y médula espinal, que pese a los esfuerzos realizados en todo el mundo, mata a 1 de cada 7 afectados si no se atiende dentro de las 36 horas posteriores a su detección.

Meningitis, Ataque Cerebro

El sistema nervioso central cuenta con mecanismos de defensa extraordinariamente resistentes ante las infecciones, pero cuando sufre la invasión de microorganismos hablamos de padecimientos serios e importantes que sin atención adecuada tienen consecuencias graves.

En concreto, la meningitis puede ser ocasionada por diversos agentes, como virus u hongos, pero las infecciones más graves y frecuentes (80% de los casos) se deben a las bacterias Neisseria meningitidisHemophilus influenzae (causante de influenza) y Streptococcus pneumoniae (asociada con pulmonía), que normalmente se encuentran en el ambiente e incluso viven, sin causar daño alguno, en la nariz o el aparato respiratorio de 10% de la población.

La pregunta que surge de inmediato es qué hace que estas bacterias tan comunes desencadenen una enfermedad tan seria. Se sabe que la meningitis se origina por el contagio de padecimientos del sistema respiratorio que se complican en personas con bajas defensas, de modo que las bacterias logran extenderse a zonas que normalmente no lo harían.

Por ello, se presenta más en recién nacidos y lactantes (75% de los casos), individuos que abusan del alcohol, personas a quienes se les ha extirpado el bazo (órgano localizado arriba de la cavidad abdominal, justo debajo de las costillas y que forma parte del sistema inmunológico), sujetos que padecen infección crónica en oído o nariz, gente con peso bajo o mala nutrición, o quienes sufren alguna enfermedad que altera sus defensas, como cáncer, sida o sífilis.

A pesar de nuevos métodos de diagnostico, terapias más precisas o el empleo de antibióticos modernos, la mortalidad asociada a este padecimiento continúa siendo muy elevada, pues aun con las atenciones adecuadas, entre 15 y 20% de quienes contraen meningitis fallecen, algunas veces después de que han transcurrido tan sólo unas cuantas horas de la primera manifestación de los síntomas. De hecho, la enfermedad es tan devastadora que, a pesar de recuperarse, quienes la padecen suelen sufrir daños irreversibles, como lesiones cerebrales, alteración de su capacidad de movimiento, ceguera, sordera o amputaciones.

Síntomas y terapia

Esta grave enfermedad se transmite a través de secreciones nasales, saliva y aire contaminado de estornudos y tosidos de quienes padecen enfermedades de las vías respiratorias; es decir, el contacto debe ser cercano y puede provenir incluso de personas aparentemente sanas.

Los síntomas de meningitis en niños pequeños, al principio, no se distinguen de los de un simple catarro; sin embargo, al poco tiempo la fiebre se incrementa y aparecen otras manifestaciones, como dolor de cabeza, rigidez de la nuca (imposibilidad para doblar completamente el cuello hacia adelante), congestión nasal, vómitos, ausencia de reflejos, así como cansancio (no juegan, no sonríen y les cuesta trabajo hablar) confusión y molestias al mirar la luz.

En bebés los síntomas son menos evidentes, pero se sospecha si hay poco apetito, mal aspecto, molestia, cansancio anormal, respiración quejumbrosa, decaimiento e irritabilidad exagerada.

Asimismo, los signos que muestran una situación de mayor peligro a cualquier edad son, además de los antes citados, adormecimiento y postración (abatimiento o aflicción), pequeñas manchas color violáceo en la piel, convulsiones, dolor muscular generalizado, diarrea y respiración acelerada. Dado que el desenlace ocasionado por esta enfermedad puede producirse en sólo unas horas, la mejor manera de enfrentarla es la prevención.

Los especialistas recomiendan que los niños lactantes sean sometidos a revisiones médicas, cada mes, en las que se explore cabeza y cuello para examinar posibles síntomas de esta enfermedad. Si bien quien detecta y trata estos padecimientos es el infectólogo, los pediatras, por su constante trato con niños, ocupan un lugar insustituible en diagnóstico, detección temprana y tratamiento.

Así, cuando exista sospecha por parte del médico o padres de familia, y aún sin padecer meningitis, un pequeño puede ser internado en el hospital para realizarle estudios en que intervengan de manera conjunta infectólogo, neurólogo, radiólogo (para efectuar radiografías y tomografía) y un químico especializado que extraerá una muestra de líquido cefalorraquídeo, a través de un método conocido como punción lumbar.

Como medida de seguridad, el pequeño será dado de alta una vez que se conozcan los resultados de sus exámenes, porque si bien la meningitis ocasionada por virus se cura sola, aquella generada por bacterias requiere una terapia con antibióticos administrados vía intravenosa, la cual debe aplicarse de manera inmediata a su detección.

Debido a que la enfermedad se contagia principalmente a través de la saliva, deben tomarse en cuenta las siguientes medidas:

  • Recuerda que la leche materna proporciona defensas e inmunidad al bebé contra enfermedades; procura no negar el pecho al bebé.
  • Evita compartir cubiertos, botellas de agua u otras bebidas, popotes o cualquier objeto que pueda tener saliva de otra persona.
  • Mantén a los niños alejados de gente que tosa o estornude, y si estás enferma cubre tu boca y nariz con un pañuelo.
  • No permitas que besen a tus hijos en la boca.
  • Evita respirar el humo de tabaco fumado por otra persona.

Asimismo, se debe mencionar que actualmente el programa de vacunación en México incluye, en la dosis conocida como pentavalente, un factor de protección contra Hemophilus influenzae, que es muy efectiva pero no previene del ataque de otros microorganismos culpables de meningitis.

Por último, no olvides que la visita periódica al pediatra, la observación cuidadosa de medidas de higiene, la vacunación oportuna, así como el conocimiento de los síntomas asociados con la enfermedad son los recursos idóneos con que contamos para evitar este temible mal.

SyM - María Elena Moura

 

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