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Osteosarcoma, cuando el cáncer invade a los huesos

Martes 28 de marzo del 2017, 09:19 am, última actualización.

Se trata de un tipo de tumor en los huesos de rápido crecimiento que ataca principalmente a niños y adolescentes, y cuya detección oportuna es vital para lograr un buen tratamiento, que se basa en el uso de fármacos (quimioterapia) y cirugía. Conoce los factores de riesgo y sus síntomas de osteosarcoma.

Osteosarcoma, cuando el cáncer invade a los huesos
Osteosarcoma, cuando el cáncer invade a los huesos

Las estadísticas muestran que no es tan frecuente como lo son cáncer (crecimiento de células anormales) de próstata, mama, cuello del útero, colon o pulmón, pero el osteosarcoma o tumor de las células del hueso tiene dos características que llaman la atención de los médicos y crean justificada preocupación: es muy agresivo y ataca principalmente a niños y adolescentes, de modo que afecta su desarrollo y pone en peligro la vida a edades tempranas.

El Dr. Luis Felipe Moreno Hoyos, cirujano traumatólogo ortopedista especializado en tumores óseos, adscrito al Hospital Español y colaborador del servicio de Oncología del Hospital Médica Sur, ambos en la Ciudad de México, explica que, en términos generales, “los sarcomas son lesiones cancerosas que se forman en músculos, hueso, tejido conectivo, cartílago, vasos sanguíneos o grasa, y reciben su nombre de acuerdo a la zona de donde provienen, de modo que, por ejemplo, los que se originan en el tejido adiposo (grasa) son liposarcomas”.

Precisa al respecto: “El osteosarcoma o sarcoma osteogénico representan 1% de todos los tumores que se reportan, y es un tipo de cáncer que se origina en células osteoblásticas, es decir, aquellas que forman los huesos. Se detecta principalmente en personas cuyo promedio de edad es 15 años, aunque también lo podemos detectar en niños mayores de 5 años, lo cual es muy grave”.

Ataque a la rodilla

No existe una causa determinada para el osteosarcoma sino que, asegura el especialista, hay muchos factores responsables y condiciones asociadas. Sin embargo, explica que es más frecuente en los siguientes casos:

  • Niños y adolescentes en los que hay antecedentes familiares de este problema o en los que se detecta un tumor maligno en la retina, llamado retinoblastoma.
  • Pacientes con síndrome Li-Fraumeni, condición genética que tiene riesgo de cáncer muy elevada, pues hay una alteración en el gen p53, que controla el crecimiento celular.
  • Padecer enfermedad de Paget (osteítis deformante), ya que favorece alteraciones en la constitución de los huesos.
  • En personas mayores a la edad promedio se ha observado que existen lesiones previas en el hueso.
  • Exposición de los huesos a radiación, pues se han reportado casos en donde, 20 o 25 años después de haber tratado con radiaciones a otro tipo de tejidos anormales, como el tumor de células gigantes, se presenta cáncer óseo.

El Dr. Luis Felipe Moreno explica que el sarcoma osteogénico se vincula estrechamente con el crecimiento, lo cual se manifiesta no sólo porque ocurre con mayor frecuencia en jóvenes, sino porque es más común en individuos muy altos y porque casi siempre afecta a la articulación de la rodilla (hasta en 75% de los casos), que es la más grande del organismo y tiene mayor circulación y desarrollo. Otra región que suele verse afectada con cierta frecuencia es la articulación del hombro (húmero), que también tiene tamaño considerable.

Asimismo, indica que las tumoraciones que se generan fuera de la parte central del hueso tienen la cualidad de ser menos agresivas y pueden tratarse con mayor facilidad, mientras que las que parten del interior son más destructivas: debilitan y destruyen las paredes óseas hasta alcanzar los tejidos blandos cercanos, sin olvidar que su densidad es alta, pues cada gramo contiene aproximadamente un millón de células anormales, mismas que se reproducen cada 28 días.

En cuanto a los síntomas de osteosarcoma, el Dr. Moreno Hoyos expone que “el más evidente es el dolor progresivo, es decir, aumenta poco a poco y que muchas veces inicia con un golpe que el joven recibe al practicar deporte (cabe aclarar que el impacto no es responsable del cáncer, sino que es el evento que pone de manifiesto un problema que ya existía). Si las molestias son cada vez mayores, se debe a que el sarcoma crece y destruye al tejido sano, a la vez que condiciona alteraciones importantes”.

El dolor puede intensificarse con la práctica de ejercicio, pues la rodilla debe soportar el peso del cuerpo y gran parte del esfuerzo, y en ocasiones se manifiesta inexplicablemente de noche, al guardar reposo; asimismo, su control requiere analgésicos cada vez más fuertes. Poco tiempo después se presentan inflamación, aumento de temperatura y volumen, a la vez que con el tiempo se afecta la funcionalidad de la articulación y se corre el riesgo de fractura.

Acción pronta

Moreno Hoyos llama la atención de que muchos médicos que atienden lesiones de rodilla y articulaciones no contemplan la posibilidad de que los pacientes pudieran sufrir osteosarcoma, dejando pasar la oportunidad de tener un diagnóstico oportuno y, con ello, mejor tratamiento. Así, enfatiza en que “a todo joven o niño que presente dolor evolutivo cerca de la rodilla, con deformidad local, inflamación e incapacidad para mover la articulación como lo hacía con anterioridad, lo menos que se le debe hacer es tomarle radiografías, sobre todo si en 10 ó 15 días persisten las molestias o son más acentuadas”.

Una vez que las placas de rayos X, revisadas por traumatólogo u ortopedista, despierten la sospecha de sarcoma osteogénico, el diagnóstico deberá verificarse a través de un buen historial clínico, exploración física y nuevos exámenes, ente ellos:

  • Gammagrafía. Estudio de medicina nuclear que requiere la administración de radioisótopos y que toma imágenes a través de una cámara especial.
  • Tomografía. Obtención de imágenes “en rebanadas” mediante un sistema de rayos X; ayuda a conocer la extensión de la lesión.
  • Resonancia magnética. Con ayuda de una sustancia inyectada (contrastador) permite ver la extensión del sarcoma dentro del hueso y el tipo de tejido que da origen a la lesión.
  • Arteriografía. Otorga la posibilidad de conocer la cantidad y tamaño de los vasos sanguíneos que nutren al tumor. Cuando son muy numerosos se desaconseja intervenir quirúrgicamente.
  • Tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Es un estudio confiable que ayuda a valorar adecuadamente la lesión.
  • Química sanguínea. Debido a que el osteosarcoma ocasiona la elevación en los niveles de una enzima, la fosfatasa alcalina, una muestra de sangre permite determinar la presencia de esta sustancia y conocer la agresividad del cáncer.

El cirujano detalla que el avance de este sarcoma puede ser tan rápido que entre 10 y 20% de los casos diagnosticados tienen ya metástasis establecida (cuando las células cancerígenas viajan a otros órganos y forman nuevas tumoraciones). Por lo general, la actividad circulatoria arrastra a las células cancerígenas hasta el pulmón, “aunque también pueden afectarse otras partes del esqueleto. Hay una variedad terrible de este problema, donde el tumor aparece en un solo lugar y, luego de aproximadamente seis meses, empiezan a desarrollarse lesiones en todos los huesos del organismo: cráneo, columna, pelvis, caderas, fémures; no hay uno que se salve y el desenlace es fatal”.

A pesar de esto, el pronóstico del osteosarcoma es mucho mejor que el que se tenía décadas atrás, ya que “antes de 1970 no se contaba con quimioterapia (uso de fármacos que frenan e incluso revierten ligeramente las tumoraciones), los pacientes sólo eran candidatos a amputación de la extremidad y, de ellos, a los 5 años, fallecía el 80%. Ahora, se ha invertido la cifra, y en los grandes centros hospitalarios se llega a sobrevidas del 70 u 80%”.

Cirugía y perspectiva

Antes de efectuar cualquier intervención quirúrgica, es necesario realizar una biopsia, es decir, tomar “pequeña muestra del tejido tumoral para que el patólogo detecte y clasifique la lesión. Es importante decir que la toma de esta muestra la debe hacer el mismo cirujano responsable de todo el procedimiento para que de esta manera se garantice que el trabajo realizado sea cuidadoso”.

Luego de que se confirma el tipo de tumor, se inicia la quimioterapia “haciendo entre 4 y 6 tratamientos, uno por mes, antes de la intervención quirúrgica; esta medida tiene la finalidad de disminuir el tamaño del tumor, así como dar tiempo a la planeación tanto de la cirugía como del proceso de reconstrucción”.

En lo que respecta a la cirugía, el Dr. Luis Felipe Moreno comenta que la elección depende del tipo de tumor y de la gravedad de las lesiones que se presenten. A grandes rasgos, explica que hay cuatro tipos de intervención que pueden realizarse, y en todas ellas trabajan varios cirujanos de manera coordinada:

  • Intracompartimental, que se efectúa en tumores benignos; en ella se aspira el interior del tejido afectado (legrado) y se aplican sustancias para evitar recurrencia; luego se reconstruyen los tejidos afectados con ayuda de injertos (tejido sano) tomado de otras partes del organismo.
  • En tumores medianamente extendidos se recurre a una cirugía limitada, donde el cirujano quita el tumor y muy pequeña porción de tejido sano adyacente, a fin de evitar la permanencia de células cancerígenas y, por ende, evitar la probabilidad de que el sarcoma se vuelva a reproducir. El hueso se puede reconstruir con ayuda de implantes o prótesis.
  • La cirugía amplia consiste en retirar la parte del hueso afectada junto con los músculos que hay alrededor, reconstruyendo la articulación, en la medida de lo posible, con injertos y prótesis.
  • El último recurso es la amputación, que debe realizarse cuando el tumor afecta vías sanguíneas y nervios, o cuando hay una fractura de alta gravedad y la quimioterapia no disminuye el tamaño del sarcoma .

Al respecto, el especialista hace hincapié en que una mala técnica de punción (introducción de una aguja especial para obtener biopsias) o la realización de artroscopia (técnica en que se introduce fibra óptica para obtener imágenes del interior de la rodilla; se efectúa cuando se confunde el sarcoma con alguna lesión de menisco) pueden generar infecciones o la expansión del cáncer, y obligar a una amputación, aunque el problema de origen no lo ameritara. Por ello, insiste en que los métodos de diagnóstico deben emplearse responsablemente y que los especialistas encargados de realizar diagnóstico de problemas en la rodilla deben contemplar la posibilidad de osteosarcoma antes de intervenir.

En todo caso, después de la cirugía se debe continuar con quimioterapia, ya que mejora la sobrevida del paciente e, incluso, en algunos en donde el sarcoma se ha extendido a los pulmones, llega a detener estas lesiones. También se debe continuar con la medición de los niveles de fosfatasa alcalina, ya que al bajar indican que la intervención dio resultado, y cuando se elevan son muestra de que la dosis de fármacos no ha sido la indicada o de que se ha formado un nuevo tumor, en la misma región o en otra.

Los avances en cuanto a la perspectiva de vida han aumentado considerablemente, además de que las cirugías son menos agresivas que antes, ya que “hasta hace poco —señala el especialista en tumores óseos— los niños y jóvenes sólo eran candidatos a amputación, afectando de esta manera su desarrollo. Actualmente, con la quimioterapia y nuevos sistemas, como son las prótesis expansibles (no son rígidas, sino que pueden ampliarse hasta 12 cm), el pronóstico es más favorable”.

A pregunta expresa, comenta que es posible realizar algunas medidas de prevención, y que una de ellas consistiría en “hacer estudios genéticos en familias en donde el problema es recurrente, para determinar el origen”, pero ante todo, lo más importante es acudir a revisión en cuando un niño o joven presente los síntomas de sarcoma osteogénico.

Por último, aunque asegura que en un futuro podría prevenirse este problema mediante terapia génica, es decir, actuando directamente en el interior de los cromosomas (unidad de información genética) de las células para corregir la anomalía que da origen al osteosarcoma, concluye que a la par de los avances médicos hay también nuevas dificultades que dependen de la actitud de las sociedades.

“Actualmente, los daños a la capa de ozono y cambios climatológicos han aumentado la incidencia de tumores, y si hace 20 años era predecible la evolución de las células anormales, ahora estamos asombrados por la agresividad con que se presentan. El daño al ambiente y a la vida se manifiesta de esta manera, y pienso que todavía no hemos sido capaces de medir las consecuencias generadas por los alimentos transgénicos o la contaminación. Los tipos de cáncer actuales tienen una forma de presentación mucho más dañina que antes, y quienes peleamos contra este problema nos horrorizamos con lo que llegamos a observar”, finaliza el Dr. Luis Felipe Moreno.

SyM - Rafael Mejía

 

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