Bursitis, acumulación de líquido en articulaciones - SyM
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Bursitis, causa de dolor e inmovilidad articular

Miércoles 22 de junio del 2016, 02:47 pm, última actualización

Deportistas, personas que realizan esfuerzo físico constante y ancianos son los principales afectados por bursitis, padecimiento en el que se inflama un componente de la articulación que evita el roce del hueso con los tendones o músculos: la bursa. Conoce este problema y preven su aparición.

Bursitis, Dolor Articular

Si bien el esqueleto es responsable de dar soporte a nuestro cuerpo, apoyar a los músculos y proteger vísceras y estructuras internas, las articulaciones son las que permiten que nuestro organismo no sea una estructura rígida, tosca y prácticamente inútil, ya que son las encargadas de unir dos o más huesos y de hacer posible el movimiento.

Para lograrlo, cada articulación cuenta con diversos componentes que permiten desplazamientos estables y reducen el riesgo de lesiones que pueden resultar del uso constante:

  • Cartílagos. Tejido liso, resistente y protector que amortigua y disminuye la fricción entre los extremos óseos.
  • Tendones. Cordones resistentes de tejido conectivo que unen los extremos de un músculo con un hueso.
  • Ligamentos. Similares a los anteriores, sólo que sujetan a los huesos entre sí.
  • Bursa, sinovia o bolsa. Pieza delgada y resbalosa que contiene líquido sinovial; amortigua y facilita el accionar de articulaciones y músculos, reduciendo la fricción.

Esta bolsa suele contener poco líquido, pero cuando se lesiona a causa de un golpe directo a la articulación, por realizar ejercicio extenuante o hacer esfuerzo continuo sin preparación adecuada, puede inflamarse debido a la acumulación de fluidos. La probabilidad de presentar este padecimiento también se incrementa por sufrir heridas, infecciones o enfermedades como gota (acumulación de ácido úrico en las articulaciones), seudogota (parecida a la anterior, pero se debe a la formación de cristales de fosfato de calcio) o artritis reumatoide (ocasiona inflamación articular, en tejidos circundantes y daño en otros órganos); empero, debemos aclarar que muchos casos suceden por razones desconocidas.

Por ello, tienen mayor riesgo de presentar este problema quienes sufren un accidente o caída, trabajan en actividades que exigen la realización de movimientos repetitivos, practican deporte de contacto, efectúan ejercicio con técnica inadecuada, preparación deficiente o mal equipamiento y, por último, personas de la tercera edad, ya que tiene mayor riesgo de desarrollar padecimientos reumatológicos.

Dolorosa manifestación

Aunque los hombros son la región más propensa al padecimiento, es frecuente encontrar casos de inflamación en las bursas de caderas, pelvis, codos, rodilla, dedos del pie (ortejos) y talones. Asimismo, a pesar de que la bursitis ocasiona síntomas particulares de acuerdo con su localización, podemos encontrar las siguientes manifestaciones comunes:

  • Dolor.
  • Hinchazón.
  • Piel enrojecida.
  • Calor alrededor del área de la sinovia.
  • Movimiento y función articular disminuidos o difíciles.

La inflamación aparece de forma repentina y la zona afectada duele cuando se mueve o se toca. Los problemas agudos (de unos cuantos días), que se deben a golpes, gota o infección, suelen ser muy molestos, mientras que en los casos de larga duración (crónicos; pueden presentarse durante semanas) son el resultado de ataques previos de bursitis aguda o de lesiones repetidas.

El mayor riesgo de los episodios crónicos radica en que las bolsas pueden acumular calcio sólido, cuyo aspecto es similar al del yeso, y por ello estas estructuras se vuelven más propensas a inflamarse de nuevo cuando se someten a ejercicios o esfuerzos inusuales. A su vez, el dolor y la hinchazón prolongados limitan el movimiento, causando debilidad y atrofia muscular.

Por ello, es importante que cuando una persona sospeche la presencia de este problema acuda a la brevedad con un reumatólogo (especialista en el tratamiento de los problemas articulares), a fin de que el diagnóstico sea preciso, reciba el tratamiento más adecuado y se evalúe el progreso de su lesión.

Recuperar el movimiento

Una vez que el paciente con dolor articular llega a consulta, el facultativo se encargará de elaborar historia médica, efectuar examen físico (observa los síntomas, toca la zona alrededor de la bolsa para saber si hay dolor y evalúa si algunos movimientos resultan dolorosos) y hacer preguntas respecto a la antigüedad de la molestia, intensidad del dolor y actividades físicas realizadas en días recientes.

Si la inflamación es notable, es probable que se proceda a extraer, con aguja y jeringa, una muestra de líquido de la bolsa para realizar exámenes de laboratorio que determinen las causas del padecimiento (infección o gota, por ejemplo). Las radiografías no suelen ofrecer información de utilidad, a menos de que se sospeche la presencia de cúmulos de calcio (en problemas crónicos, sobre todo).

Las bolsas infectadas se deben drenar (vaciar), y luego se administra antibióticos apropiados para controlar a los microorganismos. Aquellos casos de bursitis aguda que se deben a golpes y lesiones deportivas, así como a otras razones no determinadas, por lo general se tratan con reposo, inmovilización temporal de la región afectada y un antiinflamatorio no esteroideo (ibuprofén, naproxeno o indometacina).

Hay veces en que la severidad del problema obliga el uso de analgésicos más fuertes, llamados corticosteroides, los cuales pueden inyectarse directamente en la bolsa junto con anestésico local. Empero, deben utilizarse de forma limitada para no lesionar a los tendones cercanos.

En cualquiera de estos casos, una vez que disminuya el dolor se debe iniciar la práctica de ejercicios específicos que permitan aumentar el grado del movimiento articular.

Por su parte, el tratamiento de la bursitis crónica es similar, aunque el descanso y la inmovilización no son tan eficaces. En estos problemas es más habitual el uso de corticosteroides, y a veces la acumulación de calcio debe retirarse con aguja de grueso calibre o cirugía.

Los ejercicios serán pieza clave para reforzar los músculos debilitados y restablecer el grado completo del movimiento articular. Cabe recordar que una bursitis que se presenta en repetidas ocasiones (recidivante) suele deberse a otras enfermedades, como gota o artritis reumatoide, y por ello no logrará una mejoría notable si no se atiende la causa primaria del problema.

Ante todo, prevenir

Dado que la mayoría de los casos de bursitis se deben al uso excesivo o inadecuado de una articulación, te ofrecemos algunas medidas de protección en las regiones donde la lesión es más común:

  • Hombros. Procura evitar las actividades que exijan el estiramiento de brazos por encima de la cabeza durante períodos largos. No muevas tus hombros repetidamente por mucho tiempo (como cuando aspira o hace lagartijas). Realiza ejercicios de amplitud de movimiento (consisten en la movilización suave de una articulación a lo largo de su rango normal) para conservar fuerza y flexibilidad, y manten buena postura al efectuar labores cotidianas, manteniendo la espalda recta.
  • Codos. No tomes herramientas o lápices con demasiada fuerza y evita movimientos repetitivos de manos y dedos. No te recargues en los codos y evita golpearlos. Usa una banda elástica en la región durante la actividad física, ante todo si practica tenis o bateo en el béisbol.
  • Muñecas y manos. Trate de no repetir los mismos movimientos de la mano por períodos prolongados y, cuando sea posible, usa el antebrazo o el brazo entero en vez de sólo la muñeca o mano. Toma descansos frecuentes cuando realices actividades manuales, procura trabajar con herramientas o utensilios con mangos adecuados, de buen tamaño, y cuando cargues objetos pesados, manten las palmas abiertas y planas.
  • Rodillas. Utiliza protectores para esta zona al efectuar labores de jardinería u otras en que debas andar a gatas por mucho tiempo, y trata de no permanecer sentado por lapsos prolongados (levántate cada media hora y camina un poco). También es importante que realices ejercicios diarios de fortalecimiento, como levantar las piernas extendidas, ya que músculos fuertes en los muslos (cuadriceps) brindan apoyo adicional a esta articulación. No olvides el calentamiento antes de la práctica deportiva, y si durante ésta debes hacer un viraje mientras permaneces de pie, gira todo el cuerpo en vez de doblar sólo el tronco desde la cintura. Manten un peso ideal, ya que esta parte del cuerpo resiente mucho la obesidad.
  • Caderas. Cuando levantes objetos desde el suelo, dobla las rodillas en vez de la espalda o caderas. Siéntate en sillas acolchonadas y procura utilizar calzado adecuado si la longitud de tus piernas es diferente.
  • Tobillos y pies. Al realizar ejercicio, usa tenis que te brinden buen soporte y procura que su práctica se lleve a cabo en superficies planas o niveladas. En lo cotidiano, adquiere zapatos que sean cómodos y permitan buen movimiento de la extremidad. Utiliza plantillas para los talones cuando te lo recomiende el doctor.

Finalmente, recuerda que la atención a nuestras articulaciones nos permitirá mantener adecuada movilidad, libertad de desplazamiento e independencia, por lo que es una decisión acertada procurar su buen funcionamiento.

SyM - Mario Rivas

 

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