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Espasticidad, rigidez en los músculos

Martes 28 de marzo del 2017, 09:29 am, última actualización

Un niño con espasticidad está confinado a silla de ruedas por la imposibilidad de movimiento; incluso, brazos y piernas (por separado) tienden a formar una trenza. El dolor es parte de su vida diaria, además de que su salud se ve afectada por efectos secundarios, como mala higiene. Por fortuna, la ciencia tiene buenas noticias al respecto.

Espasticidad Muscular, Rigidez en Musculos

De manera natural, el tono muscular permite al ser humano tener una postura, ya sea de pie, sentado o en cualquier posición sin que sea vencido por la gravedad. Por acción de ciertas enfermedades neurológicas el tono muscular puede alterarse hacia arriba (con la característica de rigidez), llamada hipertonia, o hacia abajo, conocida como hipotonia o flacidez. La espasticidad se ubica en la primera categoría, pero no es la única, ya que hay variantes de rigidez como el mal de Parkinson, donde además hay temblor.

La espasticidad es consecuencia, en alto porcentaje de los casos, de un daño al cerebro, particularmente a una lesión en la neurona motora superior, la cual incide directamente sobre los músculos antigravitacionales, es decir, los flexores en los músculos superiores y los extensores en los miembros inferiores. En otras palabras, los brazos tienden a flexionarse sin posibilidad de extenderse, en tanto que en las piernas los músculos se endurecen y los pies tienden a dirigirse hacia adentro. De esta forma, quien sufre esta atrofia (dificultad para mover los músculos) se ve confinado a la cama o una silla de ruedas.

Conforme avanza la enfermedad, se origina un desbalance muscular que favorece la contractura y restringe el crecimiento del músculo, además de que resiste cualquier intento de alargamiento y genera dolor permanente.

Los problemas en quien padece espasticidad aumentan cuando por las condiciones de los músculos la higiene en algunas zonas se dificulta, generando infecciones u otro tipo de problemas.

¿Qué la produce?

La gran mayoría de los casos de espasticidad son originados por enfermedades neurológicas, es decir, aquellas que se producen por mal funcionamiento del cerebro, algunas de las cuales se presentan desde el momento del nacimiento, por ejemplo, parálisis cerebral infantil, donde una parte del encéfalo no funciona por falta de oxígeno y provoca que los músculos no respondan.

Pero la principal causa de espasticidad en el mundo es el trauma craneal (golpe muy fuerte), donde se lesiona gravemente el tejido cerebral. Otras son el trauma eléctrico (por potente descarga), y procesos infecciosos o inflamatorios del cerebro, como encefalitis o meningitis avanzadas, que dejan secuelas en niños y jóvenes. Asimismo, mal de Alzheimer, que perjudica a gran número de neuronas, y los tumores cerebrales, que de no ser retirados en etapas tempranas afectan tejido del encéfalo.

La ciencia al rescate

La rigidez en los músculos se debe a la acción de una sustancia llamada acetilcolina, que se aloja en el extremo final de los nervios periféricos y que es liberada por impulsos eléctricos generados en la región del cerebro que ha sido dañada por las causas anteriormente referidas.

La ciencia médica ha descubierto que si se logra bloquear a la acetilcolina, se consigue aminorar el dolor y se facilita el movimiento. Lo anterior lo han conseguido los investigadores al inyectar directamente al músculo afectado toxina botulínica, compuesto obtenido de la bacteria Clostridium botulinum, causante de una enfermedad llamada botulismo, que ataca el sistema nervioso y paraliza los músculos hasta llevar a la muerte por asfixia si la persona afectada no es tratada a tiempo.

La aplicación de dicha toxina no es reciente ni casual, pues el primero en aprovecharla fue el oftalmólogo Alan Scott, a mediados de los años 70 del siglo XX, para relajar ciertos músculos del entorno del ojo y con ello ayudar a pacientes con estrabismo. El éxito fue tal, que otros científicos decidieron probarla para tratar tics nerviosos que se producen por movimientos involuntarios de ciertos músculos, logrando resultados sorprendentes.

Actualmente se hacen pruebas de la toxina botulínica en tratamiento para mal de Parkinson y migraña, aunque su gran popularidad se debe a aplicaciones estéticas, en el estiramiento de arrugas y en el control de la sudoración excesiva (hiperhidrosis).

Pese a que los resultados de la mencionada toxina en los pacientes espásticos están más que comprobados, éstos deben seguir terapia de rehabilitación muscular para aprender a caminar (en quienes padecen esta afección desde el nacimiento) o para volver a dar utilidad a las extremidades. Lo cierto es que la calidad de vida mejora considerablemente, desde la higiene personal hasta la autoestima.

SyM - Raúl Serrano

 

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