Espondilitis, inflamación en articulaciones de la columna - SyM
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Espondilitis anquilosante, causa de inmovilidad y deformación

Miércoles 19 de abril del 2017, 04:15 pm, última actualización

Se trata de problema reumático que puede causar deformación e inmovilidad de la columna vertebral, y aunque es incurable y progresiva, existen novedosos tratamientos que ayudan a que las personas afectadas lleven vida prácticamente normal.

Espondilitis Anquilosante, Inmovilidad y Deformación

No es enfermedad de la que se hable con frecuencia, pero numerosos especialistas consideran que es la afección más común de la médula espinal. Se trata de espondilitis anquilosante, problema reumático que se distingue por generar inflamación en las articulaciones de la columna vertebral y pelvis (sacroilíacas), de modo que, como es de esperarse, el dolor es uno de los síntomas más notables de esta condición, pero también lo son rigidez y deformidad articular progresiva, en caso de no seguir tratamiento.

El Dr. Rubén Burgos Vargas, uno de los reumatólogos más prestigiados en México, explica que la ciencia no ha podido descubrir con exactitud qué lo origina. Sin embargo, especifica el miembro del Colegio Mexicano de Reumatología, lo que sí se sabe es que se trata de enfermedad que, si bien puede afectar a cualquier persona en cualquier etapa de la vida, lo más común es que aparezca durante la edad más productiva del ser humano, es decir, entre los 18 y 35 años, además de que es poco frecuente que inicie luego de cumplir los 40. Asimismo, dice el experto, ataca con mayor intensidad a los varones, quizá por cuestiones hormonales.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que la espondilitis anquilosante, agrupada en la familia de padecimientos llamada espondilo artritis, es enfermedad reumática que no sólo afecta a las articulaciones, sino que puede causar otros problemas, como psoriasis (alteración de la piel caracterizada por inflamación, engrosamiento, lesiones de color rojo y descamación) y afecciones inflamatorias intestinales.

De genes y otros factores

El Dr. Burgos Vargas señala que se han identificado plenamente dos formas de inicio del trastorno: “En primer lugar, la clásica, que ocurre en la mayoría de los afectados, ocasionando dolor en espalda y rigidez que aparecen o empeoran en la madrugada, cuando el paciente está acostado, y tiende a mejorar a lo largo de la mañana o el día con la actividad. La otra modalidad manifiesta inflamación en rodillas y pies, es decir, artritis en estas zonas”.

Algunos síntomas de espondilitis anquilosante son los siguientes:

  • Encorvamiento de columna.
  • Inflamación de ojos.
  • Fatiga.
  • Dolor en talones.
  • Rigidez y molestias en caderas.
  • Dolor e inflamación en articulaciones de hombros, rodillas y tobillos.
  • Limitación para expandir el tórax.
  • Pérdida de apetito.
  • Dolor en cuello.
  • Fiebre leve.
  • Movimientos limitados y rigidez en la parte baja de la espalda.
  • Pérdida de peso.

Conviene destacar que existe factor de riesgo que influye en la aparición de la enfermedad, el cual está perfectamente reconocido. Se trata, relata el reumatólogo, del gen (partícula de material genético) cuya denominación científica es HLAB27, “pero hay que dejar claro que quien lo posee tiene predisposición a la enfermedad, mas no significa que necesariamente la desarrollará”.

En este sentido, el experto especifica que en nuestro país existen entre 5 y 7 millones de personas con dicho gen, lo cual “no significa que los mexicanos, como grupo étnico, vayamos a desarrollar este mal, porque de ese universo es probable que solamente 2% se enferme, es decir, aproximadamente cien mil individuos”.

Control sobre la enfermedad

Una constante en Medicina dicta que el diagnóstico temprano es condición fundamental para que exista mejor pronóstico y control de determinado padecimiento.

El caso de espondilitis anquilosante no es excepción y, para su detección, es común que el especialista le solicite al paciente que se someta a una serie de estudios, como conteo sanguíneo (número de glóbulos blancos y rojos, entre otras variantes), tasa de sedimentación eritrocítica (muestra el grado de inflamación que hay en el cuerpo), así como identificación del antígeno HLAB27 (molécula que puede inducir la formación de anticuerpos que contrarrestan en parte al gen responsable). Por supuesto, radiografías de columna y pelvis son esenciales.

En algunos casos, ya sea por la experiencia del especialista o por evidentes muestras de deterioro, el médico puede tener prácticamente la certeza del diagnóstico, pero a pesar de ello deben practicarse las pruebas citadas.

Por lo que respecta al tratamiento de espondilitis anqulosante, es habitual que el especialista prescriba el uso de antiinflamatorios no esteroides (AINES) para reducir inflamación y dolor. Sin embargo, asegura el entrevistado, cada caso debe ser atendido de acuerdo a sus circunstancias, toda vez que algunos pacientes experimentan síntomas muy intensos, mientras para otros son más o menos llevaderos.

Asimismo, la fisioterapia o seguimiento de régimen de ejercicio específico puede ayudar al afectado, pero cabe destacar que en los últimos tiempos se ha comprobado la eficacia de las llamadas terapias biológicas (ingeniería genética que actúa sobre moléculas específicas), que en este caso han permitido la creación de cierto fármaco que inhibe o bloquea el factor de necrosis tumoral (TNF, por sus siglas en inglés), sustancia química que es liberada por células del sistema inmune (de defensa contra enfermedades) e interviene en la inflamación y destrucción de las articulaciones.

Ahonda el reumatólogo: “La mayoría de personas responden bien a este fármaco y pueden hacer su vida normal, aunque mucho depende del momento en que inicien la terapia. Además, es cierto que el tratamiento contra TNF tiene costo elevado, pero si no recurrimos a él, la repercusión de la enfermedad puede implicar cifras aún más altas”.

Por otra parte, el entrevistado aclara que la terapia biológica se denomina de esta forma porque se basa en procedimiento genético que tiene como objetivo actuar en moléculas específicas, no porque se trate de algún tipo de vacuna o uso de hierbas.

Concluye el Dr. Burgos Vargas: “Cualquier persona con dolor en la cintura o en las articulaciones debe buscar ayuda, sobre todo si se trata de un hombre joven. Además, si las molestias son intensas, constantes y provocan problemas para levantarse, trabajar o llevar a cabo vida normal, hay que acudir al reumatólogo”.

Es necesario que este tipo de casos sean evaluados por el especialista en Reumatología, finaliza el entrevistado, porque mucha gente que experimenta los síntomas descritos consulta al médico general u otro profesional de la salud que no necesariamente conoce la enfermedad, lo que implica retraso en el diagnóstico y pronóstico menos optimista.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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