Osteoartritis, dolor en articulaciones y desgaste del cartílago - SyM
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Osteoartritis: causa de accidentes y discapacidad

Martes 28 de marzo del 2017, 08:56 am, última actualización.

La osteoartritis suele atenderse tardíamente porque se cree que dolor reumático e inmovilidad son “normales” en la tercera edad, y poco o nada puede hacerse contra ellos. Sin embargo, diagnóstico oportuno y terapia adecuada pueden evitar deterioro en la calidad de vida.

Osteoartritis: causa de accidentes y discapacidad
Osteoartritis: causa de accidentes y discapacidad

Todas las articulaciones de nuestro cuerpo, sobre todo las de caderas, rodillas y hombros, son propensas a desgastarse tanto por la edad como por la realización de actividades cotidianas, dando lugar a una condición llamada osteoartritis o artrosis, la cual se caracteriza por fuerte dolor en las articulaciones e inmovilidad.

El dato puede parecer trivial, pero cobra relevancia al constatar que este padecimiento, a pesar de ser el problema articular crónico degenerativo (de larga duración y que se acentúa con el tiempo) más común entre personas de edad avanzada en México, es poco atendido y puede ser responsable de numerosos problemas físicos y emocionales.

Hablamos de “una enfermedad de prevalencia mundial, que por lo general inicia aproximadamente a los 35 años pero comienza a manifestarse una década más tarde. De acuerdo con estadísticas internacionales, después de los 50 años 40% de la población tiene este padecimiento; luego de 10 años hablamos de una presencia de 60%, y de los 70 ó 75 años en adelante se puede asegurar que 90% de la población sufre osteoartritis”.

Así lo asegura del Dr. Hilario Ernesto Ávila Armengol, coordinador adjunto de Investigación Médica de la Asociación Mexicana de Metabolismo Óseo y Mineral (AMMOM) y quien se encuentra adscrito al Hospital Civil Dr. Juan I. Menchaca, de Guadalajara, Jalisco (occidente de México).

Además, comenta el también especialista en Reumatología por parte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara, el impacto de la osteoartrosis es muy considerable para el paciente porque altera su funcionalidad y capacidad de realizar actividades diversas.

En efecto, el padecimiento suele ocurrir primordialmente en grandes articulaciones (rodilla, cadera, hombros, codos, tobillos), pero también repercute en pies, pulgares y parte terminal de los dedos, ocasionando dificultad tanto para realizar acciones finas como para desplazarse.

Muchas personas de la tercera edad “se ven disminuidas en sus capacidades; tienen que pedir ayuda para subir o bajar escaleras, se les dificulta caminar, enfrentan limitaciones para su aseo personal porque los baños no están acondicionados con barras o aditamentos para que se apoyen, e incluso encuentran apuros para usar el inodoro, pues para sentarse e incorporarse hace falta mucha fuerza muscular en piernas y rodillas”, afirma el experto.

En balance, la osteoartritis puede hacer que la persona afectada “tenga disminución en la actividad normal, y por ello requiera ayuda y se vuelva dependiente. Esto, en consecuencia, hace que se sienta incapacitada, como una carga para la familia, y pierda su autoestima”.

Desgaste riesgoso

Hasta el momento no hay una causa específica a la que se pueda atribuir esta enfermedad articular degenerativa, aunque es evidente que existen factores relacionados: aquellos que tienen que ver con el desgaste del cartílago articular, como sobrepeso y mala alimentación.

El cartílago articular es un tejido suave, pero resistente, que se encuentra en la superficie de los huesos que se unen en la articulación. Detalla el especialista que gracias a estas características “funciona como ‘cojín’ y ayuda a que se deslicen los huesos. Por ello, al desgastarse se pierden el balance y la mecánica articular”.

Cabe señalar que toda articulación está rodeada por una cápsula de tejido fibroso y una cubierta interna, la membrana sinovial, y que existen otras estructuras encargadas de unir a sus componentes, llamadas ligamentos y tendones. “En la osteoartrosis el dolor no se genera en sí por el daño al cartílago, sino a estos otros componentes que se ven afectados y, en casos extremos, cuando la deformidad es tan notable que llega hasta el hueso y afecta su cubierta (periostio)”.

El Dr. Ávila Armengol ahonda en que “hay muchos mitos en nuestra especialidad, y uno de ellos es que ‘la reuma no mata, sólo ataranta’. Como hemos mencionado, la enfermedad articular ocasiona dolor, discapacidad y cambios en el estado emocional, pero también condiciona el surgimiento de otros problemas”.

En primer término, asegura que el uso excesivo y sin control médico de antiinflamatorios puede desencadenar complicaciones como sangrado y perforación del estómago (que obligan a la hospitalización del paciente), incremento en el riesgo de infarto y descompensaciones en caso de que se combinen con tratamientos para hipertensión (tensión sanguínea elevada) y diabetes (altos índices de azúcar en sangre).

“Otro aspecto destacado que hemos observado a través de estudios recientes es que la osteoartritis de rodilla hace que muchos pacientes sean más vulnerables a caerse, fracturarse, sufrir discapacidad e incluso fallecer. De esta forma, ahora vemos que esta enfermedad es la base de muchas otras”, sentencia el reumatólogo.

Sí hay soluciones

De acuerdo con el Dr. Hilario Ávila, existen dos formas básicas para detectar este problema:

  • A través de la auscultación del médico y los síntomas que reporta el paciente (casi siempre reporta sensación de rigidez articular después de estar en reposo, por lo que se deben “calentar” las articulaciones para desarrollar la motricidad o movimientos).
  • Mediante la obtención de radiografías que permitan establecer la magnitud de la afectación (los exámenes de laboratorio por lo general no son de utilidad para esta enfermedad).

A pregunta expresa, el experto indica que la osteoartritis idealmente será atendida por un reumatólogo, “sin embargo, la proporción de la enfermedad es tan grande que nuestra capacidad se vería rebasada por mucho. En México existimos menos de 500 especialistas en padecimientos articulares, por lo que la evaluación y tratamiento corresponden al médico general, quien se apoyará en la opinión y conocimientos del reumatólogo”.

Por lo que toca al tratamiento de osteoartritis, el Dr. Ávila Armengol indica que se basa en tres puntos fundamentales:

  • Información. El paciente debe comprender su enfermedad para no confundirla con otros problemas articulares, como artritis reumatoide (inflamación de articulaciones que también puede afectar otros órganos, como riñón e hígado). Además, esto ayudará a que evite el mal uso de medicamentos y no busque terapias alternativas o productos “milagrosos”, ya que sólo perdería su tiempo y dinero.
  • Mejoramiento del sistema músculo esquelético. Debe erradicarse el sobrepeso para no exigir demasiado a las articulaciones, así como trabajar en el ejercitamiento y flexibilidad de los músculos de apoyo (espalda baja, caderas y piernas) para evitar caídas. También puede ser útil el apoyo de terapias de relajación muscular y la corrección de problemas auditivos y visuales, a fin de disminuir el riesgo de tropezones y mareos.
  • Tratamiento farmacológico. Los medicamentos más empleados son los antiinflamatorios, ya que ayudan a controlar la inflamación de tendones y tejidos cercanos, además de que reducen el dolor.

Abunda sobre este punto: “Hay dos familias de antiinflamatorios que se emplean para este problema, los tradicionales o no esteroideos (naproxeno sódico, diclofenaco, ibuprofeno, piroxicam) y los inhibidores de la cox 2 (celecoxib). Ambos están indicados para esta enfermedad, pero la diferencia radica en que los primeros, particularmente en la tercera edad, suelen ser motivo de daño gástrico en el paciente e ingreso a hospitales para su atención por dicha causa, sin olvidar que pueden interferir con otros tratamientos farmacológicos”.

Los antiinflamatorios tradicionales, asegura, están en este momento “bajo la lupa” porque se sospecha que pudieran ser causa de infarto cardiaco (muerte de tejido cardiaco por suspensión en el suministro de sangre).

En comparación, acota, “los inhibidores de cox 2 tienen la propiedad de disminuir el riesgo de sangrado y están perfectamente indicados en personas de 65, 70 años o más, con antecedente de gastritis (inflamación del estómago), reflujo o sangrado estomacal”, aunque especifica que no se aconsejan en determinados pacientes, como quienes han sufrido infarto en los últimos seis meses, padecen insuficiencia cardiaca (el corazón no bombea sangre adecuadamente) o sufren hipertensión descontrolada.

Una última alternativa a considerar es la cirugía para reemplazar articulaciones dañadas. La decisión, basada en el conocimiento profundo de la condición del paciente, debe tomarse en el momento correcto para evitar deformaciones y discapacidad. “Las articulaciones que se pueden reemplazar en este momento son rodilla y cadera, y se encuentran todavía en estudio codo y hombro”.

Finalmente, el Dr. Hilario Ávila opina que “cuando el paciente comprende su enfermedad, está consciente de los riesgos del abuso de medicamentos y lleva su terapia al pie de la letra, puede llevar una vida adecuada e independiente. La clave está en la información y asesoría que reciba del especialista, así como en las decisiones que tome con su médico para elegir las opciones más convenientes”. 

SyM - Rafael Mejía

 

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