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Vacunas para adolescentes, adultos y ancianos

Martes 04 de abril del 2017, 04:44 pm, última actualización.

Los mayores de edad también deben inmunizarse contra enfermedades. Las vacunas son sustancias fabricadas a partir de virus y bacterias que ocasionan enfermedades, pero cuya capacidad dañina ha sido atenuada, y que al ser administradas adecuadamente ayudan a que el organismo fortalezca sus defensas contra padecimientos que podrían desencadenar epidemias y ocasionar numerosos fallecimientos.

Vacuna
Vacunas para adolescentes, adultos y ancianos

Aunque hubo muchos intentos por obtener este tipo de recursos médicos desde hace varios siglos, fue hasta 1796 que el científico británico Edward Jenner fabricó la primera vacuna, específicamente contra la viruela (enfermedad viral muy contagiosa que se caracteriza por erupción cutánea y malestar general), y que gracias a las campañas de inmunización desarrolladas en todo el mundo se considera erradicada.

Las vacunas ayudan a crear resistencia a las enfermedades a través del siguiente procedimiento:

  • Una vez que se administra por medio de inyección (algunas para niños se dosifican en forma líquida, por vía oral), el sistema de defensas produce anticuerpos para luchar contra los gérmenes que forman la vacuna, mismos que se encuentran muertos o debilitados.
  • Los anticuerpos “practican” con los microorganismos atenuados, de modo que cuando los gérmenes verdaderos ataquen a la persona, el sistema de defensas sabrá cómo destruirlos.
  • Finalmente, los anticuerpos protectores permanecerán almacenados en el organismo para protegerlo, es decir, la persona habrá adquirido inmunidad.

Muchas personas piensan que las vacunas sólo son para los niños, pero no es así. Adolescentes, adultos y personas de la tercera edad necesitan protección contra numerosas enfermedades, más aún si su programa de inmunización durante la infancia fue deficiente o no fue concluido. Más aún, debemos considerar que algunas de las infecciones prevenibles a través de la vacunación son más graves cuando ocurren en adultos, como en el caso del sarampión (padecimiento viral que genera fiebre, ronchitas, secreciones nasales, ojos enrojecidos y tos) o pueden tener consecuencias devastadoras, como la rubéola (padecimiento que genera granitos y malestar general), que al ser adquirida durante el embarazo puede ocasionar serios problemas en el bebé.

Por tal motivo, es importante que la población mexicana tome conciencia de que no sólo se debe cumplir con los programas infantiles de inmunización, sino también con los de la edad adulta. Un paso importante para lograrlo consiste en estar informado, y para ello le presentamos lo siguiente.

Cartilla clasificación “B”

De acuerdo con las recomendaciones de diferentes organismos de salud internacional, las siguientes son las dosis de inmunización aconsejadas para adolescentes, adultos y personas de la tercera edad:

  • Hepatitis A. Infección que genera un virus (VHA) y que desencadena inflamación en el hígado, fiebre, pérdida del apetito, náuseas, dolor abdominal y coloración amarillenta en la piel y parte blanca del ojo (ictericia). Se contagia al consumir alimentos y agua contaminados, permanecer en contacto cercano con una persona infectada o vivir en condiciones insalubres. Puede generar varias semanas de incapacidad. La aplicación de esta vacuna se aconseja en dos dosis: una inicial, en el momento en que lo decida el paciente junto con su médico, y un refuerzo entre los 6 y 12 meses después de la primera aplicación.
  • Hepatitis B. Más severa que la anterior, también la genera un virus (VHB) que ataca a las estructuras hepáticas, destruyéndolas y haciendo que sean reemplazadas por tejido similar a cicatrices (cirrosis) que no cumple con las mismas funciones de elaboración de sustancias que el tejido sano; se contagia por contacto con la sangre u otros fluidos corporales de una persona infectada. A pesar de que algunas personas no presentan síntomas, una de cada tres presentará náuseas, dolor de cabeza y abdominal, así como ictericia. A largo plazo puede ocasionar funcionamiento insuficiente de esta víscera y cáncer. La inmunización contra hepatitis B se recomienda desde la infancia, pero si no se ha recibido, cualquier edad es conveniente. Luego de la dosis inicial se requiere una segunda aplicación al mes y una tercera a los 6 meses de ocurrida la primera.
    Cabe señalar que también existe un producto combinado contra hepatitis A y B, cuya dosificación es idéntica a la anterior. Su conveniencia queda a criterio del médico y dependerá de la historia clínica del paciente (por lo general, no hace falta para quienes ya han padecido hepatitis A o han recibido alguna de las vacunas anteriores por separado).
  • Triple viral. Brinda inmunidad contra tres enfermedades: sarampión, rubéola y parotiditis. La primera de éstas se caracteriza por ser eruptiva (ocasiona granitos y ronchas) y tiende a ser más grave en adultos porque se complica con infección de oído y de pulmones; incluso, a veces puede infectar el cerebro o producir la muerte. Durante el embarazo aumenta el riesgo de aborto, parto antes de tiempo y bajo peso del niño al nacer. 
    La rubéola también es más grave en personas mayores, pero en particular es muy temida durante la gestación porque produce aborto, muerte del bebé cerca del parto y malformaciones congénitas graves hasta en 80% de los fetos infectados.
    Por su parte, la parotiditis o paperas es un padecimiento que mejora por sí solo la mayoría de las veces, pero se complica cuando ocurre en adultos: la orquitis o inflamación de los testículos es frecuente en jóvenes, pudiendo ocasionar esterilidad. También se complica con inflamación de las meninges y sordera por lesión del nervio del oído.
    Dado que se administra desde la infancia, la vacuna triple viral sólo requiere dosis de refuerzo en mujeres en edad reproductiva, estudiantes y personas con 50 años o más. No se aconseja en mujeres que ya están embarazadas o personas que van a recibir o donar sangre.
  • Dtpa. Protege contra difteria, tétanos y tos ferina. La primera es una enfermedad producida por la toxina de la bacteria Corynebacterium diphtheriae, y entre los síntomas que genera se incluyen dolor de garganta, fiebre e inflamación de las glándulas del cuello. Cuando la enfermedad avanza, se forma una membrana en la laringe que obstruye la respiración y puede provocar la muerte.
    El tétanos es un padecimiento grave que produce contracciones (espasmos) muy dolorosas de todos los músculos del cuerpo y que puede ser fatal, sobre todo en aquellos lugares donde no se dispone de unidades de cuidados intensivos. La enfermedad es causada por una sustancia (toxina) producida por la bacteria Clostridium tetani, que infecta heridas y cortadas.
    La tos ferina es causada por la bacteria Bordetella pertussis, la cual origina ataques de tos que habitualmente terminan en una inspiración prolongada, profunda y que emite un sonido agudo. Es muy contagiosa y se transmite a través de las gotitas de saliva que emite una persona enferma.
    Se recomienda que a pesar de haber recibido el programa de inmunización en la infancia, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad tomen un refuerzo de la vacuna dtpa cada diez años.
  • Varicela. Padecimiento viral que produce comezón y granitos llenos de líquido (ampollas) que al secar generan costras; se puede presentar por contacto directo con una persona infectada o por las gotas de saliva que expulsa. Los adultos suelen presentar más complicaciones que los niños, ante todo si no sufrieron esta enfermedad en la infancia.
    Se aconseja recibir dos dosis de esta vacuna, una inicial y otra de 6 a 10 semanas después.
  • Neumococo. Se trata de una bacteria que ataca a los pulmones (neumonía), pero también puede infectar la sangre (bacteremia) y, en ocasiones, al tejido que rodea al cerebro y médula espinal o meninges (meningitis). Este padecimiento ha sido tratado con éxito mediante antibióticos, pero la resistencia de los microorganismos a estos medicamentos ha dificultado su erradicación, y por ello se impone la necesidad de una vacunación más consistente. Así, en personas adultas se aconseja la aplicación de una dosis de refuerzo cada 5 años.
  • Tifoidea. También llamada fiebre enteral, se manifiesta en forma gradual con síntomas como temperatura elevada, dolor muscular y de cabeza, malestar general, fatiga, inflamación en el hígado, estreñimiento y diarrea. Es causada por la bacteria Salmonella typhy, la cual se adquiere por el consumo de agua y alimentos contaminados.
    La protección de esta vacuna comienza entre 2 a 3 semanas después de su primera aplicación, que casi siempre ocurre en la infancia, pero su efecto protector dura 3 años, por lo que hay que revacunar, de por vida, cada 3 años.
  • Influenza. Infección viral de nariz, garganta y pulmones que se manifiesta con secreción nasal, dolor muscular y de garganta, fiebre, malestar general, tos y estornudos. Es una forma de gripe más fuerte que puede complicarse en personas de la tercera edad y en aquellas con sistema de defensas bajo.
    Se aconseja que esta vacuna se aplique cada año durante el otoño, antes de que comience la época de gripe, sobre todo en mayores de 65 años.
  • Fiebre amarilla. Es una infección viral transmitida por la picadura de mosquitos; puede producir fiebre, agotamiento, daño en hígado, corazón y riñones, infección en la sangre (sepsis), hemorragias en la piel y estado de coma. Es más frecuente en África y zonas tropicales de América Latina. La aplicación de esta vacuna debe repetirse cada 10 años, a fin de garantizar la inmunidad contra este problema.

Consideraciones finales

Las reacciones adversas de las vacunas no suelen ser graves y comprenden inflamación en el sitio de la aplicación, fiebre y malestar general por 1 ó 2 días. Los efectos secundarios graves, como anafilaxia (reacción grave de rechazo hacia una sustancia que el organismo considera dañina; puede generar dificultad para respirar, desmayo y disminución de ritmo cardiaco), son muy raros y se presentan con más frecuencia en personas que sufren alergia al huevo, ya que algunas vacunas requieren de dicho producto para su elaboración.

Asimismo, cabe aclarar que algunas vacunas no confieren una protección del 100%, como sucede en el caso de las de influenza y neumococo, debido a la capacidad de variación de los virus o a la cantidad de tipos bacterianos que pueden producir las enfermedades. Sin embargo, son útiles en cuanto a que reducen las complicaciones y síntomas.

Finalmente, es importante mencionar que todo el programa de inmunización en adolescentes, adultos y personas de la tercera edad debe ser supervisado por el médico familiar, además de que se debe llevar un registro o cartilla para asegurar que se cubra cabalmente.

SyM - María Elena Moura

 

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