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Desgarre muscular, consecuencia de sobreesfuerzo

Viernes 21 de febrero del 2014, 09:40 am, última actualización.

Dolorosa, incapacitante y, por desgracia, frecuente. Así es la lesión por ruptura de fibras musculares, misma que se debe a práctica deportiva intensa, ausencia de ejercicios de calentamiento o fatiga. Aprenda a prevenirla y descubra cuál es la terapia de rehabilitación más adecuada.

Desgarre muscular

Las lesiones musculares son un problema común en quienes se ejercitan para mantenerse en forma ya que, de acuerdo con las estadísticas disponibles, cerca del 30% de los deportistas de alto rendimiento sufren alguna dificultad de este tipo. Las causas pueden ser externas, como cuando se recibe un golpe, pero en su mayoría son internas, es decir, generadas por alteraciones dentro del organismo.

En este segundo grupo encontramos afecciones con distinto nivel de gravedad, siendo la de mayor consideración el desgarre o ruptura de fibras musculares por estiramiento exagerado y uso continuo de alguna extremidad, y cuyo riesgo de padecerse se incrementa por cansancio, falta de calentamiento y preparación física inadecuada.

Cabe hacer hincapié en que el diagnóstico certero y la terapia oportuna son muy importantes para lograr la buena recuperación de este problema, ya que al recibir atención deficiente se favorece que la lesión se repita e, incluso, limite o interrumpa la carrera deportiva de un practicante. Por ello, es muy importante que quienes se dedican a acondicionarse físicamente lleven a cabo una serie de sencillas medidas de prevención que les permitan obtener, sin riesgos, todos los beneficios que el ejercicio ofrece al organismo.

De distinta naturaleza

Los músculos son tejidos que se distinguen por su capacidad para estirarse y contraerse, y cuyas células, de forma alargada, se agrupan para formar fibras o fibrillas. A su vez, dichas estructuras se unen en fascículos, y varios de éstos son los que en última instancia constituyen al vientre o cuerpo muscular.

Gracias a esta constitución anatómica pueden actuar como "cuerdas" de notable resistencia que "tiran" de los huesos, cartílagos, articulaciones u otras estructuras, a fin de hacer posibles los miles de movimientos con que desempeñamos nuestras actividades: caminar, comer, conducir un automóvil, interpretar música con un instrumento, hacer arreglos en el hogar o utilizar la computadora.

Realizar ejercicio físico nos permite darles acondicionamiento y fortaleza, pero también, cuando la práctica es inadecuada, se pueden desencadenar problemas diversos:

  • Calambre. Es una contracción súbita, involuntaria y breve de las fibras musculares, que por lo general se relaciona con deshidratación, mala circulación sanguínea o falta de minerales como sodio, potasio y magnesio.
  • Contractura. Se produce porque los músculos se contraen en forma involuntaria y persistente, generando zonas de mayor dureza (nódulos) que se reconocen al tacto. Es dolorosa, aunque no reviste gravedad, y se debe a causas tan diversas como temperaturas extremas, esfuerzos físicos inusuales y estrés.
  • Distensión o tirón. Se debe a un esfuerzo que excede las posibilidades del músculo para responder adecuadamente: las fibras se estiran más de lo que pueden y, como consecuencia, sufren una contracción rápida, violenta y dolorosa en cuanto se detiene la actividad física. Suele suceder por falta de calentamiento antes de practicar deporte, adoptar posiciones incómodas, levantar objetos pesados, entrenamiento excesivo y forzar a un músculo cansado o contracturado.

Una distensión demasiado severa es, precisamente, la causa del desgarre muscular, ya que el esfuerzo excesivo ocasiona la ruptura parcial y hasta total de un músculo. Los síntomas generales que distinguen a este problema son sensación de quemadura o ruptura, dolor, inflamación, moretón o hematoma en la zona afectada (se trata de hemorragia interna por ruptura de vasos capilares) y dificultad para mover al músculo afectado.

Yendo más a fondo, podemos distinguir tres tipos de desgarre, dependiendo de la gravedad de la lesión sufrida:

  • Fibrilar. Es el más leve de todos, pues la ruptura sólo se da en algunas fibras. Se manifiesta con dolor que, a pesar de ser molesto, permite realizar actividades; también genera pequeño moretón y dificultad para efectuar estiramientos en la región afectada.
  • Fascicular. Es el más común y su gravedad va de moderada a severa. Al hacer sobreesfuerzo, el deportista siente como si fuera golpeado por una piedra que le han lanzado; el dolor es paralizante y se presentan hematoma o moretón notorio.
  • Total. Se trata de una emergencia médica, pues ocurre cuando el cuerpo muscular se ha desgarrado en su totalidad. El dolor es extremadamente severo, la inflamación muy notoria y la hemorragia interna importante. La movilidad de la región afectada es imposible sin ayuda.

Atención inmediata

Aunque el diagnóstico y tratamiento de un desgarre son labor exclusiva de un médico del deporte o kinesiólogo, es indispensable aplicar medidas de primeros auxilios a la persona afectada mientras se le traslada al especialista:

  • Para anestesiar y reducir la inflamación se debe aplicar hielo, envolviendo éste en un pedazo de tela para no dañar la piel. Dicha medida se debe realizar por períodos de 10 a 15 minutos cada hora, si bien la primera aplicación puede ser por un lapso mayor, a fin de desinflamar y reducir el dolor.
  • Se debe suspender la actividad de inmediato y dejar descansar al músculo lesionado; si es posible, se tratará de levantar la zona afectada por encima del nivel del corazón, a fin de evitar que continúe la hemorragia o se inflame más.
  • En ocasiones un vendaje ofrece alivio y facilita la movilidad, así que no está por demás realizarlo.
  • No se debe practicar masaje, ya que esto favorece la presencia de hemorragias internas e incluso puede empeorar el estado de la lesión.
  • Cuando la persona no puede mover el músculo o hay sangrado externo, el traslado al servicio de urgencias deberá ser inmediato.

El diagnóstico es efectuado por el especialista mediante historia médica, observación de los síntomas y exploración física, aunque en ocasiones se requiere la realización de ultrasonido o ecografía, es decir, un estudio que utiliza ondas de sonido para obtener imágenes del músculo y que permite determinar la magnitud del desgarro, el tiempo de reposo que se necesita y el tipo de terapia.

El tratamiento de estas lesiones, a grandes rasgos, debe cumplir con tres requisitos: detener la hemorragia, lograr la cicatrización y devolver la funcionalidad del músculo. Ya en lo particular, las medidas a seguir variarán de acuerdo al tipo de desgarre que se padezca:

  • Cuando es fibrilar se recomienda continuar con la aplicación de hielo, unos 20 ó 30 minutos cada 3 ó 4 horas, o de cataplasmas calientes, según el criterio del médico. La práctica deportiva se debe suspender por aproximadamente una semana y no hay limitaciones para actividades cotidianas normales. Se pueden tomar analgésicos para reducir las molestias, no se debe utilizar vendaje, pues acostumbra al músculo a recibir ayuda, y después de una semana se comienzan a practicar ligeros ejercicios de acondicionamiento. En general, la recuperación tarda de 7 a 15 días.
  • En caso de desgarre fascicular se necesita reposo deportivo absoluto por 3 semanas y, en general, durante los primeros 15 días se sigue el mismo plan de tratamiento que en el caso anterior: aplicación de frío o calor y uso de analgésicos. Luego se inicia el fortalecimiento general del músculo con ejercicios un poco más intensos que en la lesión fibrilar.
  • Para el desgarre total es indispensable el tratamiento quirúrgico de inmediato, a fin de garantizar la funcionalidad del músculo afectado. Dependiendo de la evolución, que puede llevar meses, se realizarán movimientos de rehabilitación con distintos grados de intensidad.

La terapia física de rehabilitación es muy importante debido a que evita la generación de una cicatriz de mala calidad (fibrosa), misma que puede impedir el correcto funcionamiento muscular y hacer que el desgarre se repita. Al respecto, cabe señalar que los centros médicos mejor equipados han incorporado en fechas recientes el uso de rayo láser para apoyar la regeneración de las fibras dañadas y evitar el surgimiento de tejido cicatrizal.

Finalmente, le recordamos que la mejor manera de prevenir tirones consiste en practicar ejercicios de calentamiento, mínimo por 10 minutos (trotar en un mismo lugar, caminata enérgica, saltar o estirar el cuerpo), descansar de manera adecuada y contar con la asesoría de un especialista en la disciplina deportiva que se practique, ya que sólo un buen entrenamiento da como resultado músculos flexibles, resistentes y menos propensos a lesiones. Ante todo, es necesario conocer los alcances de nuestro propio cuerpo y evitar esfuerzos físicos exagerados.

 

SyM - Israel Cortés

 

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