Aromaterapia, tratamiento con aceites esenciales - SyM
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Aromaterapia

Viernes 16 de junio del 2017, 09:50 am, última actualización

La aromaterapia consiste en el uso con fines terapéuticos y estéticos de aceites esenciales extraídos de flores, frutos, semillas y cortezas de plantas. Permite reestablecer el equilibrio y la armonía del organismo, principalmente a través del olfato, y se le clasifica como una de las ramas de la Medicina Alternativa u Holística.

Aromaterapia, Aceites esenciales, Uso terapéutico de aceites

Desde el comienzo de los tiempos el hombre ha utilizado plantas perfumadas para disimular olores desagradables, darle toque más acogedor a los espacios que habita e, incluso, llevar a cabo actos ceremoniales y religiosos. Asimismo, no es extraño que, al observar que los aromas generaban cambios en su estado de ánimo, se valiera de este recurso con fines de relajación y curación.

Cabe señalar que el origen del aroma o perfume específico de cada vegetal radica en ciertas sustancias que contiene, llamados aceites esenciales, que son compuestos volátiles cuya principal característica radica en que producen reacciones emocionales en los seres vivos.

Esbozos de historia

Al parecer, la historia de los aromas comenzó en Oriente, aproximadamente 5,000 años antes de Cristo. Al respecto, existe un tratado, fechado en el año 4500 antes de nuestra era, en el cual el emperador chino Kiwang Ti describe las plantas aromáticas que había estudiado, junto a sus correspondientes virtudes terapéuticas.

Los antiguos egipcios también echaron mano del uso de vegetales con fines medicinales (y religiosos), tal como se desprende de la interpretación de jeroglíficos y pinturas localizados en sus templos, sin olvidar que sus técnicas para embalsamar empleaban múltiples productos de origen vegetal, y que en algunas tumbas se han localizado jarrones con esencias.

Los griegos fueron los encargados de sistematizar el uso y aplicación de numerosos aceites vegetales con fines curativos. Aunque el caso más conocido es el del médico Galeno, quien escribió importante manual sobre el uso de plantas, Teofrasto fue el primer especialista en dedicar un tratado a los aromas y sus efectos en el pensamiento, las emociones y la salud general, llamado Relativo a los olores.

La civilización griega también fue responsable del mejoramiento de los métodos de obtención de esencias. En particular, se le atribuye la creación de la destilación, técnica que consiste en separar los aceites aromáticos utilizando agua o vapor calientes.

Los romanos no ofrecieron tantas aportaciones como las civilizaciones que les antecedieron, pero generalizaron el uso de los perfumes con fines estéticos y de higiene personal, así como para eliminar olores en sus palacios, edificios públicos e incluso en sus hogares.

Por su parte, los árabes perfeccionaron los métodos para extraer esencias, diversificaron la cantidad de plantas empleadas —sobre todo porque su intensa actividad comercial les permitía obtener amplia variedad de productos procedentes de distintos rincones del planeta—, y se adentraron en la investigación de las reacciones del organismo luego de la aplicación de hierbas, ya sea mediante su ingestión directa e infusiones, o por el uso de aceites y aromas.

A pesar de que esta interesante rama del conocimiento fue investigada y empleada por los alquimistas europeos de la Edad Media (siglos V al XV), su uso fue censurado por la Iglesia Católica, la cual consideraba que toda actividad emprendida en los rudimentarios laboratorios de aquellos antiguos sabios era hechicería.

Más adelante, el surgimiento de la Medicina moderna, la cual ha dado mayor validez a aquellas vías de administración que permiten la rápida absorción de sales obtenidas en laboratorio (oral, rectal, cutánea e inyecciones intramuscular e intravenosa), fue determinante para que el uso de aromas con fines curativos se relegara momentáneamente.

Etapa moderna

Si bien esta rama de la Medicina Alternativa se ha desarrollado en gran parte por el impulso de la industria cosmetológica, su verdadero resurgimiento en Occidente se produjo a principios del siglo XX, gracias a la labor desarrollada por el químico francés René H. Gattefossé.

Todo empezó cuando este personaje sufrió importantes quemaduras mientras trabajaba en el laboratorio de la perfumería que pertenecía a su familia y, espontáneamente, introdujo la mano en un recipiente que contenía aceites esenciales de lavanda. La herida sanó con rapidez, sin dejar señal. Ante semejante curación, Gattefossé confió en las cualidades antisépticas de los aceites esenciales, y pensó que éstos también podían poseer virtudes curativas.

Comenzó entonces a investigar las propiedades terapéuticas de los aceites esenciales y, en 1928, acuñó el término aromaterapia para describir el empleo de aceites vegetales en el tratamiento de problemas físicos y emocionales.

Gattefossé contó con la ayuda de dos colaboradores: Marguerite Maury, bioquímica de origen austriaco que se encargó de la aplicación de los aceites esenciales en masajes estéticos y medicinales, y Jean Valnet, médico militar francés que empleó los aceites como remedio terapéutico durante la guerra de Indochina (1945-1954), debido principalmente a que los medicamentos escaseaban.

Los resultados alcanzados por este último especialista le llevaron a perfeccionar el llamado “aromatograma”, test de laboratorio del cual se valen todavía los aromaterapeutas para escoger los aceites esenciales más eficaces en cada caso.

Técnicas de obtención

Son muchas las plantas de las que se extraen aceites esenciales y varios los métodos empleados, si bien existen cuatro métodos de extracción de aceites esenciales: expresión, destilación, maceración y extracción.

La expresión se utiliza en el caso de las plantas que son tan ricas en esencias que basta aplastarlas para que salgan. La destilación se aplica a las maderas aromáticas, hierbas y flores diversas, pudiendo realizarse en agua caliente o con ayuda de corrientes de vapor (en ambos casos, la elevada temperatura sirve para que las glándulas oleíferas de las plantas se dilaten (aumenten su tamaño) y exploten, liberando así todo su contenido).

En cuanto a la maceración, puede realizarse en caliente o en frío. Esta última técnica recibe por nombre enfleurage y se utiliza con las flores demasiado delicadas. Empleada desde la antigüedad, es muy sencilla: consiste en sumergir los vegetales en grasa animal o vegetal y sustituirlas cada 1 ó 2 días, de modo que ésta se vaya impregnando gradualmente de sus aceites.

Por último, la extracción es la obtención de los aceites esenciales mediante el uso de disolventes volátiles. Su principal inconveniente es que el proceso resulta demasiado costoso.

Aromas en acción

Los poderosos ingredientes y perfumes de los aceites esenciales permiten mantener y restaurar la salud en forma muy agradable. A su vez, la aplicación de las esencias se puede realizar de distintas formas, entre otras:

  • Inhalaciones. Es quizá la más conocida en nuestros días y resulta de gran utilidad para tratar infecciones respiratorias y problemas de estrés o ansiedad. Para realizar esta técnica se colocan aproximadamente 10 gotas de aceite esencial en una toalla o pañuelo, y se acerca constantemente a la nariz. También es posible recurrir a vaporizaciones, veladoras y quemadores (hornillos de cerámica o vidrio que, con ayuda de una vela, permiten la evaporación de las esencias).
  • Vía oral. Se toman algunas gotas de aceite disueltas en agua, vino u otra solución. No todas las esencias pueden utilizarse de esta forma, como es el caso de la de jazmín y rosas, así como de mirra, benjuí y olívano.
  • Maniluvios y pediluvios. Consisten en introducir manos o pies en agua caliente que contiene aceites.
  • Baños corporales. La persona se sumerge en una tina que contiene las esencias requeridas.
  • Compresas. Útiles en el tratamiento de problemas de la piel, golpes, dolor muscular y de pecho.

Por otra parte, cabe señalar que masajes y aromaterapia se complementan perfectamente. La aplicación de aceites esenciales mediante contacto directo con la piel es beneficiosa tanto en el aspecto psíquico como en el físico, ya que, además de relajar cuerpo y mente, estimula la circulación sanguínea, mejora la regeneración de células de la epidermis y alivia molestias y dolores.

Además, se debe señalar que el uso de quemadores no sólo beneficia al individuo, sino que también cumple con la finalidad de eliminar malos olores, purificar y desinfectar el ambiente.

Finalmente, cabe destacar que es posible clasificar a la aromaterapia en tres tipos, dependiendo de la finalidad con que se aplique:

  • Holística. Recurre exclusivamente al uso de aceites esenciales y masaje para tratar trastornos físicos y emocionales.
  • Clínica. Se emplea en combinación con otras terapias, alternativas o convencionales, de modo es método de apoyo.
  • Estética. Sirve para mejorar el aspecto de la piel, como auxiliar en problemas de celulitis (formación de depósitos irregulares de grasa que ocasionan aspecto de “piel de naranja”) o seborrea (producción excesiva de grasa), y para relajar a la persona.

En todo caso, nuestra recomendación es que, cuando desees recurrir a este tipo de tratamientos, procura acercarte a algún especialista (aromaterapeuta) con estudios que avalen sus conocimientos y que tenga la responsabilidad de realizar las pruebas necesarias tanto para determinar cuáles son los aceites esenciales que requiere (aromatograma), como para descartar posibles reacciones alérgicas.

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