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Impacto psicológico de la infertilidad

Miércoles 05 de abril del 2017, 04:05 pm, última actualización.

La incapacidad de tener hijos puede consolidar o separar a la pareja. Cuando una pareja intenta concebir un hijo y no lo consigue, es común que se busque la asesoría de un médico en reproducción humana para saber cuál es la razón de su problema. Sin embargo, si el facultativo practica estudios y con base en ellos diagnostica infertilidad, es probable que se desencadene una crisis devastadora.

Impacto psicológico de la infertilidad
Impacto psicológico de la infertilidad

Tristeza profunda, sensación de pérdida, recriminaciones mutuas y frustración pueden desatarse tras la notificación, ya que las presiones sociales, familiares y personales desestabilizan el proyecto de vida y anhelos que se habían creado. Por ello, no exageramos al afirmar que el futuro de la relación dependerá de cómo se resuelva este conflicto.

Consultada por saludymedicinas.com.mx, la Dra. María Luisa Rodríguez Hurtado, directora del Centro de Atención a la Comunidad Dr. Ramón Parres Sáenz, de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, A.C., señala que “en términos generales, la respuesta de la mujer y del hombre dependerá de los valores que cada uno tenga depositado en el otro integrante de la pareja para tener hijos o no, y lo cierto es que esta situación se puede resolver en dos vías: favorece o inicia una ruptura, o consolida la relación”.

La especialista, quien también es catedrática en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, recuerda que en la actualidad la Ciencia Médica ofrece diversas soluciones a estos problemas, pero aún recurriendo a ellas es imprescindible que la pareja reflexione y vea si el motivo de su unión es para vivir juntos o sólo para tener niños.

La capacidad de procrear es vista, culturalmente, como algo que “nos hace más o menos valiosos, y a veces se tiene la impresión de que la maternidad y la paternidad son nuestra única finalidad. Esto es absurdo, ya que hay muchas otras cualidades que nos hacen apreciables como seres humanos, pero es verdad que se trata de una idea muy arraigada y de la que se deriva una gran presión social”.

En este sentido, especifica que entre menos respeto, conocimiento y cultura tenga una familia, “más se insistirá para que la pareja tenga un bebé o para que solucione sus problemas de infertilidad. A veces esto puede llevar a la búsqueda de soluciones mágicas, limpias, amuletos, brebajes y otros remedios que, se cree, son útiles para concebir”.

A lo anterior hay que añadir que en ocasiones también se llega a pensar en la posibilidad de que la incapacidad para concebir ocurre como un castigo divino ante el que no se pude hacer nada, y que se debe al mal comportamiento (casi siempre sexual) de alguno de los miembros de la pareja, tal vez hasta de un abuelo, bisabuelo o pariente lejano.

La psicóloga subraya que todo esto “se puede trabajar en terapia, pues ayudamos a comprender que la infertilidad no es un castigo de Dios, además de que disipamos las culpas, aclaramos los aspectos emocionales, resolvemos dudas acerca de la sexualidad de la pareja y mejoramos el manejo de emociones como enojo, frustración, resentimiento y envidia a quienes pueden tener un bebé sin problemas. Después de que logramos esto, incluimos en el panorama la posibilidad de acudir a un tratamiento médico, pues cabe señalar que algunas veces estos problemas pueden surgir por causas fáciles de tratar.

Reto de dos

A pregunta expresa, la Dra. Rodríguez Hurtado explica que los individuos más vulnerables a resentir el no tener hijos son aquellos con personalidad narcisista, porque “requieren de un aplauso permanente, la aceptación de sí mismo por parte del otro y tienen la idea de que él o ella no se equivocan. Esto se traduce en pensar que nunca se va a presentar una situación como ésta”.

También aclara que, por cuestiones culturales, en sociedades machistas como la mexicana, la mayoría de las veces se responsabiliza a la mujer de la incapacidad para procrear, siendo que y los estudios científicos han mostrado que esto no es un problema exclusivo de ella, sino que puede ser del hombre o de ambos.

Así, indica que el primer gran reto para enfrentar la infertilidad consiste en que la pareja supere estos prejuicios y, ante todo, venza al duelo o sentimiento de pérdida que le hace negar su problema o buscar justificaciones, y logre aceptar que no se pueden tener hijos. En ello, la colaboración del psicoterapeuta resulta de gran utilidad para encaminar los esfuerzos, llorar y trabajar con la tristeza.

Enfrentar y reconocer el problema “lleva a que la mujer y el hombre piensen y reflexionen juntos para saber si serán una pareja sin hijos o si desean solucionar su problema a través de la adopción o métodos de reproducción asistida. En cualquiera de estas situaciones hay que lograr la aceptación, pues siempre puede existir una herida emocional, que llamamos narcisista, debido a que hay un sometimiento al peso que la cultura (y la biología) le ha dado a la reproducción”.

El trabajo del psicoterapeuta consiste en mejorar la autoestima, mostrar a los pacientes que hay muchas razones que hacen valiosa a una persona, más allá de tener hijos, y que para muestra basta con saber que hay mujeres y hombres que deciden vivir sin niños, aun cuando no tienen problemas para procrear. No hay que olvidar que se tiene que brindar especial atención a aquél integrante de la pareja que sufre infertilidad, ya que es muy probable que tenga una sensación de culpabilidad o menosprecio, además de que siempre muestra preocupación excesiva por lo que desea su cónyuge.

Cabe la posibilidad de que la mujer o el hombre asimile la idea de la infertilidad, pero su contraparte no, y ante tales circunstancias “la asistencia psicológica puede ser una vía para limar los obstáculos inconscientes de la persona que no quiere comprender la realidad a la que se enfrenta. El objetivo en este caso es contribuir a la aceptación de la imposibilidad de tener hijos y, si es decisión común, buscar información sobre métodos asistidos. Después de todo, hemos visto que ser padre o madre no sólo es concebir, sino criar, educar a un niño, y si se comprende esto, el resultado será favorable”.

Sin embargo, también se debe contemplar la posibilidad de que las posiciones sean irreconciliables y se genere una separación. “Aquí lo que ocurre es que la consolidación no se da porque desde antes no existían bases sólidas. La ruptura nos dice que es imperdonable no tener hijos, y eso implica que a la persona elegida como pareja no se le acepta como es. La infertilidad no es tanto la causa de la separación, sino el detonador de algo que ya se venía gestando y de la incapacidad para manejar una situación de la vida”.

Relación renovada

El siguiente paso después de haber aceptado la incapacidad reproductiva consiste en brindar información sobre la adopción y recursos médicos como fertilización in vitro (que se realiza en laboratorio, uniendo al óvulo con un espermatozoide fuera del cuerpo femenino) o colaboración de una madre subrogada (cuando una mujer ofrece su matriz para hacer posible el desarrollo del bebé de otra pareja), casi siempre con el auxilio de un especialista en la materia. Sin mebargo, esto no significa que el trabajo psicoterapéutico haya concluido.

La realización de técnicas de reproducción asistida requiere de numerosos estudios y mucho tiempo, de modo que la pareja puede necesitar de apoyo emocional para sortear las dificultades. Más aún, “cuando se recurre a donadores de esperma o a una madre subrogada, es posible que surjan celos. Aquí también es importante la ayuda psicológica para desahogar conceptos y rescatar lo valioso de la relación y de las personas que la conforman”.

Ahonda la especialista en que la envidia que se puede sentir hacia aquellas personas con capacidad para procrear es un desplazamiento del odio que se experimenta contra la pareja o uno mismo y, si esto no se trabaja en terapia, tal sentimiento puede persistir de por vida y manifestarse en el trato al hijo adoptado u obtenido por fertilización in vitro.

“Al pequeño se le regaña mucho, se le maltrata o se es muy estricto con él, bajo excusa de que es por su educación. Lo cierto es que esto pasa porque el niño es el recordatorio a nivel inconsciente de la propia incapacidad de procrear; por eso se le lastima, porque muestra día tras día lo que pasa con la persona o con su pareja, y esto es grave porque a veces se descubre que no se deseaba tener al hijo”, menciona la especialista.

Por lo que respecta a la adopción, la terapia puede asesorar en varios aspectos, por ejemplo, pasa determinar cuándo es el mejor momento de explicarle al pequeño su situación. “Ahora sabemos que esto debe ocurrir temprano, y de hecho es muy fácil en un período de la vida del chico en que manifiesta curiosidad sobre la sexualidad y respecto a de dónde vienen los niños. Se da el caso de que ve a una mujer embarazada y, al revisar fotografías de la familia, se da cuenta de que su madre nunca tuvo un vientre voluminoso. Esa es una buena oportunidad para que ella le diga: ‘no te traje en la pancita, alguien más lo hizo, pero yo quería tanto un bebé que te tengo aquí; eres mi hijo’. Así, esto se va incorporando en la historia del niño y se acepta; no da problemas o son mínimos, comparados a los que pueden suceder cuando se espera a los 8 o 10 años, o hasta la adolescencia”.

Como dato curioso, la terapeuta señala un caso particular sobre este tema: la esterilidad psicológica. “La pareja se hace estudios, y aunque no aparecen razones para sospechar de algún problema orgánico, la concepción no se presenta. Tal creencia de una supuesta infertilidad hace que se tenga un hijo en adopción, y luego de que esto ocurre, sucede un embarazo. Esto implica que la pareja tenía mucho miedo, pero lo superan cuando tienen a un niño y ven que su cuidado no es tan difícil como pensaban”.

Por último, la Dra. Maria Luisa Rodríguez resume que la pareja con dificultades para tener hijos debe estar segura de su condición “sólo después de haber consultado a un médico especializado en reproducción para tener certeza sobre su situación, y en seguida, si deciden llevar un tratamiento, adoptar un niño o vivir solos, lo mejor es que busquen asistencia psicoterapéutica”.

Si requieres mayor información sobre este tema puedes consultar la página de la Asociación Psicoanalítica Mexicana A.C. (www.apm.org.mx), o bien, comunicarse con su Centro de Atención a la Comunidad a los teléfonos (55) 5596-0009 o 5596-7427, extensión 24.

SyM - Rafael Mejía

 

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